AC/DC han vuelto a España con dos conciertos en Madrid con los que han reconfirmado que la banda se encuentra en un estado de gracia excepcional. Lejos de las voces que critican los cambios de la formación de la banda, ha quedado claro que las renovaciones llevadas a cabo con la presencia de Matt Laug y Chris Chaney a la batería y al bajo han sido acertadas: la energía de la banda está muy renovada y aquello que nunca debería fallar, la base rítmica, está cubierta por músicos profesionales veinte años más jóvenes.
Como se suele decir, nadie sabe mejor lo que necesita AC/DC que Angus Young.

Madrid, doblete de gloria para AC/DC
Quienes vimos a AC/DC el año pasado en Sevilla lo tuvimos bastante claro: no serían los únicos conciertos de la banda que veríamos en España. Es una banda a la que le cuesta mucho arrancar pero que, cuando lo hace, no deja de mejorar concierto tras concierto. Entre los AC/DC de los primeros conciertos de la gira y los de los últimos hay un mundo de diferencia.
Con eso en mente, verles desembarcar en Madrid para realizar dos conciertos en el estadio Metropolitano –que no lograron agotar completamente las entradas pero que reunieron alrededor de 110.000 personas entre ambos– fue un regalo. Dos conciertos con una banda pletórica, engrasada, con un set-list casi perfecto y en mejor forma musical que un año atrás.
Que no es que no estuviesen bien en Sevilla: simplemente había un intangible, un elemento extra, que demostraba que la banda estaba alcanzando su velocidad de crucero. Ahora a ver como paras eso.
Ya lo decía su agente el año pasado: quería tenerlos en la carretera todos los años que fuese posible. Ésta es, de facto, su última gira nos pongamos como nos pongamos. Que dure lo que ellos quieran que dure. Como si estamos con el “PWR UP Tour” hasta 2030.
Un sonido atronador y un público entregado
Si bien el Metropolitano no está concebido como auditorio de música clásica, precisamente, el público quedó totalmente acrítico sobre la calidad del sonido una vez la arrolladora muralla de watios de AC/DC hizo su trabajo.
La primera noche fue muy eléctrica por parte de los asistentes, ya que había algo más de gente y era un sábado noche, aunque la segunda noche tampoco se quedó corta en cuanto a entrega.
Con un setlist prácticamente calcado salvo por una canción de recambio (el mítico “Given the Dog a Bone” sustituyó a “Rock And Roll Train” en la segunda noche), AC/DC se coronaron en Madrid ofreciendo dos conciertos de altísima energía por parte de músicos que se sitúan en los 70 años (Angus Young) y 77 años (Brian Johnson). Ojo.

Calor extremo, banda que sufre
En ambos días, la banda acudió al escenario en sendos carritos de golf y arrancaron el concierto al borde de las 21:30 con el mítico “If You Want Blood (You Got It)”.
Si bien el sábado el grupo arrancó con más fuerza, el insoportable calor del miércoles (más de 37 grados a esas horas de la noche) hizo que el grupo arrancase con cierto cansancio –no dejan de ser ancianos– que se fue convirtiendo en fuerza bruta inapelable a medida que avanzaba el setlist.
Brian Johnson, notablemente más entrenado vocalmente que el año pasado, fue el que peor lo pasó sobre el escenario en cuanto a sus limitaciones vocales. No en cuanto a su actitud. El hombre estaba viviendo la fiesta de su vida, como siempre. Animado, jocoso, liderando el escenario pero yéndose rápidamente a un rincón en cuanto Angus empezaba un solo.

La fórmula de un concierto diseñado al milímetro
No es ninguna sorpresa que Johnson tiene la voz en un estado bastante frágil pero, sin duda, es capaz de aguantar el concierto con dignidad razonable. Si acaso, lo que más despista, es que desplace las palabras sobre el ritmo de las canciones.
Algo que probablemente tiene más que ver con la capacidad respiratoria que con la sordera que le llevó a salir de la banda –si nos creemos la versión oficial– en 2016 y ser sustituido por Axl Rose.
El concierto de AC/DC es un todo diseñado milimétricamente a lo largo de 50 años para generar una serie de reacciones en el público. Clásicos monolíticos como “Back in Black”, de medio tiempo, seguidos de nuevas canciones más aceleradas como “Demon Fire”, seguidos a su vez por clásicos menores como “Shot Down in Flames” que preceden a un eléctrico “Thunderstruck”… todo es un toma y daca constante para mantener la atención del personal y regular la energía sobre el escenario.

El pico de «Thunderstruck»
Cabe decir que “Thunderstruck”, uno de esos picos de 8000 metros que no permiten avanzar el concierto hasta que no los coronas, fue un tema especialmente complicado.
Entre los tonos (Johnson cantando en el tono original, no exento de dificultades) y el insistente y complejo fraseo de guitarra de Angus, “Thunderstruck” es una canción que se sufre. Angus lo sufrió y Matt Laug tuvo que bajar notablemente el ritmo en los primeros dos minutos para que Angus pudiese seguir el fraseo sin problemas –que los tuvo igual.
Pero cuando arranca, el estadio simplemente explota. Y ese es otro de los grandes trucos de AC/DC: la capacidad para retener y liberar energía.
Setlist demoledor, estadio rendido
Con un sonido que falla en las gradas pero brilla mucho más en la pista, AC/DC desgranaron el mismo setlist de toda la gira a lo largo de la noche.
Como una tuneladora de metro que destruye y horada pero restaura todo a su paso, el setlist de AC/DC se fue abriendo paso con “Have a Drink on Me”, “Hells Bells”, “Shot in the Dark” y “Stiff Upper Lip”.
Sin embargo, el set de la banda tiene un punto en el cual la energía sube de amperaje. Comenzó con “Highway to Hell” y “Shoot to Thrill”. Rebajó un poco con “Sin City” y la mencionada “Givin the Dog a Bone”, pero la cosa cogió un camino sin retorno con “Dirty Deeds Done Dirt Cheap”, “High Voltage”, “Riff Raff” (el mayor acierto del setlist de esta gira) y ya el paroxismo absoluto con “You Shook Me All Night Long”, “Whole Lotta Rosie” y un imbatible “Let there Be Rock” de más de veinte minutos.

Angus Young, energía inagotable a los 70 años
Ver a Angus Young a bordo de la plataforma hidráulica, pateando el suelo de la plataforma, buscando el punto álgido de su solo para lanzarse al suelo y revolcarse a la edad de setenta años, es simplemente imposible de gestionar emocionalmente. Te dejas llevar. Y el “chanana” constante de la guitarra rítmica de Stevie Young te lleva.
El cierre, con “TNT” poniendo todo el estadio en pie de guerra y un “For Those About to Rock” que finalizó el show a cañonazo limpio, fue exactamente lo que todos necesitábamos para seguir viviendo una temporada más. Alimento para el alma, motivación para seguir adelante.
Si Angus Young, que lo tiene todo, puede juntar las fuerzas con setenta años para estar dos horas y cuarto pavoneándose por un escenario de setenta metros de largo y acabar descamisado, sudado, con los ojos rojos del salitre del sudor y tirándose por el suelo, tú puedes sacar adelante tu vida.


