Los conciertos son ecosistemas complejos. La gente intenta no molestarse, pero suele fracasar miserablemente en el intento. Somos humanos y, por ende, estúpidos a tiempo parcial. Todos conocemos, hemos visto o HEMOS SIDO uno de estos diecisiete personajes que describimos alegremente en el texto. Si te sientes identificado, reflexiona.

Los conciertos son ecosistemas complejos. La gente intenta no molestarse, pero suele fracasar miserablemente en el intento. Somos humanos y, por ende, estúpidos a tiempo parcial. Todos conocemos, hemos visto o HEMOS SIDO uno de estos diecisiete personajes que describimos alegremente en el texto. Si te sientes identificado, reflexiona.

 

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El del móvil

La popularización de los smartphones como navaja suiza del siglo XXI (lee el diario, úsalo de linterna, busca un restaurante, consulta el correo, escucha música, aguanta a estúpidos que te dicen “es que viste el whatsapp y no me respondiste”, etc) ha llevado al mundo a esa poco

saludable situación en la que todo el mundo lleva una cámara de fotos  y otra de video en el bolsillo. Y nadie nos explica como filtrar. Hay que fotografiarlo todo y grabarlo todo. Estamos más ocupados guardando el recuerdo que viviendo el momento. Eso está genial si vas a ver La Giralda o si quieres hacer fotos a pechugas de pollo y subirlas a Instagram, pero emplear los móviles en un concierto no sirve de nada. En serio, apuntadlo: de nada. Fotos movidas, vídeos con sonido atroz, donde mientras grabas también saltas (y los estabilizadores de imagen llegan hasta donde llegan) y sobretodo, una molestia enorme a todos los que están detrás de ti. Pero como la gripe, no tiene solución. Somos como somos.

El del Ipad

Este merece su apartado completamente independiente. Lo del móvil lo puedes llegar a comprender, justificando mucho a la raza humana y sus inquietudes comunicativas. Pero el del iPad es de hostia continua. ¿Quien hace fotos con un iPad en un concierto? ¿Quien graba un concierto entero con un iPad? Alguien a quien sus padres no le querían mucho de pequeño, sin duda. ¿Por qué no hacer fotos acoplando una reflex a tu televisor de 42”? Ya puestos…

Apunte: he visto a gente con un iPad a modo de cartel de leds en un concierto. Con mensajes como “play esta canción: _____” (rellenar según guste) o “200g de mantequilla sin sal” (esto no, pero no te extrañe).

El inamovible

Tu vas por la sala, con la gente no muy apretujada (en ese caso ni intentas moverte). Vas diciendo “perdón”, mientras vuelves al sitio donde estabas con tu grupo de colegas. Vuelves con tres cervezas (la cuarta ya se te ha caído por el camino) y los roadies estan haciendo su “un,dos, un,dos,eeeei,EEEEI,ssshhhhh”  en el cambio entre bandas. Intentas ir pasando entre el público. Dices “perdón”, “con permiso”, “s’il vous plaît” y en general mantienes la educación de colegio público que tan bien te ha ido a lo largo de la vida. Hasta que llegas a The Human Wall. Le pides perdón, intentas moverle un poquito. Rodearlo (suele tener ciertas dimensiones) es una opción, pero suele estar rodeado de otros muros humanos, así que no acabas nunca. Metes un poco el hombro así como de lado en plan “¿me ves? ¿me sientes? Intento pasar. Colabora”. Pero todo, todo es infructuoso. Al final empujas. Y te cierra más el paso. Lo que viene siendo un gilipollas, vaya.

El fanboy/fangirl que llega seis días antes

En el concierto de Avenged Sevenfold del otro día había chavales/as que habían llegado tres días antes. En noviembre, con el frío que hace. La hostia. ¿Pero quien no ha hecho esos maravillosos ejercicios de convivencia entre fans, guardando el número de la cola, con los padres llevando víveres y firmando justificantes de falta de asistencia al instituto simultáneamente? Lo más grotesco es cuando sucede en conciertos donde sabes que va a sobrar espacio y donde los fans pueden llegar a primera fila sin problemas, evitándose llevar la Quechua y toda la movida, pero no. Les mola comer tupper y cagar entre matojos. En un concierto de los japoneses AN CAFE estuvieron una semana y media antes, viviendo tras la taquilla de Razzmatazz 2, tan felices. Tan campantes. En enero. ¿No pueden irse de colonias como hacíamos todos?

El que no se sabe la letra, pero cantaIMG_9513

Esto es habitual con grupos conocidos, esos de los que todos creemos que nos conocemos todas las letras de todos los temas pero no. Entonces tocan el “Run To The Hills” y te percatas de como el tío que tienes al lado balbucea cosas sin sentido, luchando por llegar al estribillo, donde si que se arranca por bulerías y chilla “Ruuuun toooo theeee hiiiills”. Pero todo el proceso previo está lleno de “reiping the wimen and güesting the men nananana daljlkdkjfsdf nanana ruuuun toooo theee hiiiills”. Le darías una hostia por no escucharlo. O un atril con la letra impresa en un par de A4.

El de la mochila

Este es especialmente molesto y estoy seguro de que todos esos costes de distribución que nos enchufa Ticketmaster son en realidad para donar a asociaciones de damnificados por el tío de la mochila. Es especialmente virulento en conciertos del rollito metalcore y punk, donde si no llevas una mochila Eastpak eres un indocumentado. Tu estas ahí, viendo el concierto, y sin tiempo a preverlo, te llega un mochilazo desde cualquier ángulo al ritmo de BIOHAZARD. La mejor manera de disfrutar un concierto, sin duda. Además ¿qué coño has de llevar en una mochila a un concierto.

El cincuenton borrachuzo

Este es de los que le dan sentido a toda la carrera armamentística nuclear. Esos tipos que van de concierto de uvas a brevas, no saben beber y, peor, van con amigos comparten idénticas características. Los comportamientos se mimetizan rápido, y si uno habla muy alto en un concierto en el Liceo donde Joe Bonamassa está tocando una pieza de blues suuuper delicada, los demás responden más alto aún, claro. En un concierto de los Pink Tones, como hace unos días, todo el público esta callado y solo se escuchaba a cuatro tíos en la sala. ¿Quien se creen que son esos Pink Floyd cuando tu has bebido cerveza y media? Si eres un de estos: haznos un favor y quédate afónico.

El fan de DREAM THEATER

He visto a tíos con libreta en un concierto de DREAM THEATER (año 2001, sala Zeleste). Es incluso más grave que ir con el movil a documentarlo todo, porque el móvil molesta, pero que estés apuntando aspectos técnicos de los solos de Petrucci incomoda a todo el mundo y debería ser motivo de amplio rechazo social. En los conciertos de DREAM THEATER deberían cachear y si encuentran un bloc de notas, confiscarlo. Todo el mundo siente lo que le pasó al pobre Dimebag, pero nadie tiene en cuenta la sarta de plastas que tiene que aguantar Petrucci en vida. No se lo merece.

El/la groupie

De esto cada vez hay menos. Será por la falta de carisma de los artistas de hoy en día, por lo incómodo de la gonorrea, o porque no es lo mismo que tener una refriega en un hotel de lujo que hacer sexo oral rápido e incómodo en la esquina de un camerino que huele a choto. Porque siempre huelen a choto. Y el olor a choto es poco afrodisiaco. En cualquier caso, se les reconoce por el escote, el pintarrajeo y esa cara de confusión propia de alguien que se tiraría al bajista de Sonata Arctica por ser el bajista de Sonata Arctica. Groupies masculinos no hemos visto a ninguno, pero teníamos que ser políticamente correctos con lo de “el/la” o nos saltáis al cuello.

El que no se ha duchado

Todo un clásico. En Mercadona, el desodorante vale 1,50€ (nosotros lo compramos ahí). Si no te duchas, cuanto menos, perfúmate. En los conciertos, todos sudamos, todos nos movemos y todos tenemos nuestro olor/identidad. Pero con tener el nuestro ya nos vale. No es necesario que se nos impregne del de los demás.

IMG_0241El que llega a taquilla y pide un descuento

Pasa en cada concierto. En el master de taquillería no te preparan para estas situaciones, pero son habituales y requieren de mucha sangre fría. Cuando un graciosito llega a taquilla media hora después de que empiece un concierto y pide un descuento en su entrada porque no va a ver todo el concierto, es difícil controlarse. Es como ir a un Mcdonalds, pedir que te quiten el pepinillo del BigMac Y que te descuenten la parte proporcional del precio. Solo pasa en España, no obstante.

El que ha visto varios conciertos de la gira

E insiste en contarle el setlist a todos los de su alrededor, los conozca o no. Un spoiler andante. Son especialmente molestos cuando la banda toca en grandes recintos fuera de España y aquí toca en salas lúgubres, porque te recuerdan que “allí llevaban un montaje que flipas y salían enanos con cuencos de farlopa en la cabeza en tal canción y se amputaban unos a otros las extremidades” y aquí no. Pues vale.

Los del pogo

Nunca he entendido el asunto. Los gimnasios (algunos) son baratos. La ropa de salir a correr es barata. Un saco de tierra en casa es relativamente barato y práctico. La masturbación es sana ¿Qué necesidad hay de ir a los conciertos a empujarse como energúmenos? Es el equivalente a ir el primer día de rebajas al Corte Inglés, pero sin llevarte unas bragas baratas de premio. Lo del Wall of Death y tal aun queda ornamental, pero el pogo en si mismo es como ir dando tumbos por la autovía y chocandote con otros coches tan solo porque mola y es auténtico.

El que espera que le impresionen

Suele estar perfectamente alineado en el centro de la sala y con un metro de distancia respecto a la mesa de sonido. Mira el concierto, arquea la ceja, cruza los brazos y emite juicios de valor internos super válidos para si mismo. La mayoría de críticos musicales somos así, aunque nos pese reconocerlo. Además, cuanto más atrás en la sala, más vacía suele estar la barra y más cerca suele estar la puerta.

El que ha pagado por un meet&greet y está orgulloso

Suelen llevar el pase al cuello que les identifica como los pringuis que han pagado mil euros por hacerse tres fotos y explicarle un par de tonterías a un señor de 55 años que está harto de vivir y de aguantar a pringuis que pagan por verle y hablarle. Pero la cocaína es carísima, los divorcios también y las viejas glorias han de buscarse la vida para generar ingresos. Si lo has ganado en un concurso de una web o de la radio, entonces te admiramos profusamente. Salvo que nos hayas enviado un mail larguísimo explicándonos lo importante que es para ti ganar cuando hemos sorteado alguno. Entonces te despreciamos.

El del cartel de “tírame una pua”

Podría sustituirse por “paséame al perro” o en algunos casos hemos llegado a ver el de “please fuck me” por parte de dos crías que no superarían la edad de consentimiento en un concierto de SIMPLE PLAN. Pedir por pedir. Cuanto más le pidas la púa a un músico menos te la va a lanzar. Eso es así. ¿Recoges la cocina cuando tus compañeros de piso te lo dicen o cuando te viene en gana? Pues el músico no es muy distinto.

El que los vio en los 80

Y no se acuerda de nada, pero te lo explica igual. Te habla de que vio a METALLICA en el 88 en el Monsters of Rock y que llevaban no se que de unas cruces y que el bajista vomitaba sangre y que como molaba la de “I Want Out”. Lo mezcla todo: lo que vio y no recuerda, lo que vio en un videoclip y lo que ha visto por parte de otras bandas. Tu lo escuchas pacientemente, haces como que te llaman y te alejas prudencialmente.

 

The Metal Circus