El segundo trabajo de la banda sueca fue publicado el 17 de noviembre de 1995 por Nuclear Blast Records. Este sería el último álbum de la banda antes del encarcelamiento de John Nödtveidt en 1997, por el delito de asesinato de Josef ben Meddour.

En mitad de la década de los noventa algo importante a nivel musical ocurría en Suecia; se creó una forma particular de hacer death metal, y bandas como Entombed, Dismember,Grave entre otras, comandaban la escena extrema underground, a pesar de esto, ya  empezaba asomar la cabeza esta segunda ola generacional dentro del black metal, con raíces en Noruega, pero que iba salpicando a países cercanos, y esta influencia llego a Suecia, donde nace una banda única como Dissection. La agrupación del difunto John Nodveit aportaría una dosis de melodía y profundidad a la oscuridad latente del black metal, debutarían en 1993, pero no fue sino hasta su segundo trabajo donde se gestó su gran obra, un disco que roza la perfección, como fue ‘Storm Of The Light’s Bane’.

Este álbum ejemplifica lo mejor del black metal melódico, en sus 45 minutos no sobra nada, una combinación  de melodía y agresividad que se refleja perfectamente en la portada, donde vemos a un siniestro reaper en un caballo, con un fondo donde se observa un escenario tranquilo y sosegado. Cada pista contiene melodías que encajarían en los gustos del oyente casual, incluso “Unhallowed”, que es el tema más oscuro y tradicional por llamarlo de alguna manera.

Todas estas melodías muestran una naturaleza siniestra y única, contienen una maldad gélida contenida que es difícil que cause indiferencia, y muestra el enorme talento de John para construir riffs llenos de oscuridad, pero hermosos a la vez, cada track del disco esta cuidado hasta el  más mínimo detalle, tanto que es complicado resaltar un tema por encima de otro.

Las partes acústicas están en el lugar correcto y complementan perfectamente, nunca se notan forzadas o metidas con calzador, la intro de “Where Dead Angels Lie” es un perfecto ejemplo. hace un magnífico trabajo como antesala al fantástico riff principal. Es preciso nombrar el trabajo a la batería de Ole Öhman, sus blast beats compaginan muy bien con las guitarras durante todo el disco, y es recomendado prestar mucha atención.

La producción en este caso se aleja de la crudeza de los trabajos noruegos, y ni falta que hace, el ambiente siniestro se respira claramente sin necesidad de otro tipo de grabación. Se trata de un trabajo atemporal de metal extremo, y es fácil de entender porque es tan alabado en toda la escena.

Carlos Neuber