A menudo surge la duda de por qué no hay un festival de la diversidad y dimensión de Hellfest en España. A menudo también surgen un buen montón de razones por las cuales algo así es imposible en nuestro país.

No va a haber un Hellfest en España. 

No lo sigáis intentando. No va a suceder. Dejad de reclamadlo.

No va a haber un Hellfest en España porque, de entrada, en España existe una diversidad de promotores y festivales, a menudo en dura competición entre sí, pujando por los grupos que hay disponibles en ese año concreto. Pueden darse milagros -como sacar a Kiss de su casa como hizo el Rock Fest de este año o hacer que Rammstein alarguen su gira un par de semanas para aprovechar la actuación en el Resurrection Fest de 2017– pero lo normal es que las agencias de contratación tengan un determinado número de grupos con tirón en juego para una temporada concreta y evidentemente, todos los grandes festivales quieran a los mismos: los que mueven a miles de personas.

En Francia solo está Hellfest. Incluso Download Paris, creado prácticamente para competir con Hellfest, ya no se celebrará en 2019. Para muestra un botón: el único país europeo donde Slipknot hace dos fechas en festivales es en España (en Alemania actúan dentro del Rock am Ring y el Rock im Park el mismo fin de semana, pero son esencialmente el mismo festival en dos localizaciones distintas).  

No va a haber un Hellfest en España porque, ni de broma, el público español del rock y el metal está dispuesto a agotar 55.000 abonos de un festival sin un solo nombre sobre la mesa hasta finales de diciembre. La confianza en nuestros festivales crece con el paso de los años, pero sigue siendo un aspecto complejo. La variedad de oferta implica que nadie se quiere mojar a comprar abonos sin tener, al menos, algunos nombres sobre la mesa.

Nunca sabes si el grupo que te gusta va a tocar en Galicia, en Barcelona, en Villena, en Madrid o en Málaga. En Francia sabes que va a tocar en Clisson. Y es vital dejar que los promotores hagan su trabajo sin el ruido externo de las redes: hacen falta meses para contratar, ubicar y encauzar logísticamente la actuación de cada banda. Hasta que un cartel es final y definitivo hay muchísimos movimientos, mutaciones y alteraciones.

No va a haber un Hellfest en España porque el festival francés forma parte de un selecto grupo de festivales que crean la tendencia y estructura de fechas que sirven como punto de apoyo de la ruta de las bandas y el resto de contrataciones. Un club donde están también el Download británico, el Sweden Rock, el Wacken Open Air o el Graspop belga, entre otros. Es más, hasta el Wacken queda un poco fuera de juego por una cuestión de fechas: festivales como el Nova Rock austríaco, el Rock Am Ring alemán y otras grandes citas de países con alto poder adquisitivo y capacidad presupuestaria marcan la línea cronológica sobre la que se organizan los tours de muchas bandas en verano. España aún no termina de estar en ese nivel.

No va a haber un Hellfest en España porque somos incapaces de concebir un festival donde ZZ TOP comparta día con The Adicts, Kiss, Sisters of Mercy o Cult of Luna. Estamos a años luz de esa capacidad de diversificación musical en lo que a nuestros propios gustos se refiere y terminamos yendo a buscar los festivales que son afines a nuestros (limitados) gustos. Ahí tenemos la polémica que tuvo el Resurrection Fest el año pasado incluyendo a Kiss y Scorpions, dos bandas de sobrada dimensión legendaria, porque para un sector de su público “no encajaban”. 

No va a haber un Hellfest en España porque cuando un festival vende 55.000 abonos a un año vista, los recursos para contratación e instalaciones son infinitamente superiores a las que puede ofrecer un festival español, los cuales se suelen mover en un rango de 20.000 a 30.000 personas por día y dependiendo mucho de las bandas que se contraten. A un Hellfest la gente va por el evento. Las bandas son casi secundarias. Nadie va a ver a una banda a Hellfest: va a Hellfest. Punto.

No va a haber un Hellfest en España porque estamos más preocupados de fragmentar, dividir y atomizar algo como el rock y derivados que de apoyar todas las formas de expresión que hay tras ese amplio paraguas. Las diferencias de público entre unos festivales y otros en España a veces son espectaculares, donde entran en juego cuestiones como la edad y el poder adquisitivo. Lo que es más sangrante: que los defensores de un festival critiquen a otros festivales por la línea que siguen. Pequeños grupúsculos de fanboys y fangirls de una y otra cita se dedican a despellejarse los unos a los otros en lugar de entender que eso mismo es lo que hace que nunca vayamos a tener un Hellfest en nuestro país.

Por suerte, tenemos diversidad, tenemos festivales en diferentes puntos de la geografía y planteamientos para todos los gustos. Pero la próxima vez que digáis enervados ‘el Hellfest si que es un festival y no lo que se hace en España’ repasad todos los puntos arriba especificados. 

Sergi Ramos