Los suizos Triptykon publican en estos días vía Century Media probablemente su proyecto más ambicioso hasta la fecha, 'Requiem (Live At Roadburn 2019)', trabajo que, como su nombre bien indica, fue perpetrado en el prestigioso festival holandés el año pasado. Lejos de ser un disco en directo convencional al uso, Tom G. Warrior cierra con este lanzamiento un capítulo que se inició en 1986 en los viejos días de Celtic Frost y que le ha llevado la friolera de 3 décadas concluir de cara a poder pasar página.

Afincado en su casa de Zúrich y tras tener que dejar su puesto de trabajo como director del museo dedicado a H.R. Giger debido al confinamiento por la presente pandemia, Tom nos atiende telefónicamente para desvelar todos los entresijos de su nuevo trabajo.

Thomas Gabriel Fischer, más conocido como Tom G. Warrior, es una de las figuras más relevantes e influyentes del panorama metálico de las últimas 4 décadas. Forjó su leyenda en los años ’80 de la mano de sus 2 primeros grupos, Hellhammer y Celtic Frost, alfa y omega de todos los sonidos extremos que surgirían a la postre (con el permiso de Venom y Bathory). Denostado y ridiculizado en su día (sobre todo con Hellhammer, banda que en su momento nadie tomó muy en serio), Tom tenía una visión muy clara sobre qué quería hacer, a qué debía sonar y cómo quería llevarlo a cabo. De esas inquietudes y ansias por explorar territorios musicales desconocidos, surge Celtic Frost en 1984, la banda que moldearía géneros futuros como el black, death, doom, gothic o avantgarde. Y todo ello en apenas 3 años de vida (1984-1987) y sin despeinarse. Tachados de enfermizamente ambiciosos e incluso pedantes (por la prensa más convencional), prepotentes (su sello discográfico) y visionarios (sus seguidores incondicionales), la travesía de Tom y Celtic Frost por la década de los ’80 no fue un camino de rosas precisamente y no pasaría mucho tiempo hasta que la formación implosionase en mil pedazos y desapareciese con el albor de los ’90 engullida por una serie de nuevas tendencias tanto extremas como comerciales y alternativas. Ironías de la vida, tanto la escena black/death del norte de Europa como el buque insignia del movimiento grunge (Nirvana), citarían a los suizos como una de sus influencias principales y decisivas lo que denota el amplio espectro musical que abarcaba su legado.

Celtic Frost, en su búsqueda de arreglos musicales diferentes e innovadores, introdujo en su proto-thrash una serie de elementos sonoros hasta la fecha profanos en la música metálica como arreglos orquestados, cuartetos de cuerda, percusión clásica y voces femeninas. Deep Purple, Rainbow o Yngwie Malmsteen habían coqueteado con la música clásica no tanto como un arreglo a sus piezas rockeras sino aplicando esa teoría musical a sus propias composiciones. Celtic Frost sin embargo tocaban thrash, no hard rock de corte neoclásico, pero embadurnaban sus temas con una serie de elementos bizarros de corte sinfónico que daban a muchas de sus piezas un aire apocalíptico espeluznante. De esa búsqueda incesante por elevar su música a nuevas cotas de dramatismo surge “Rex Irae (Requiem)”, el tema que cerraba ‘Into The Pandemonium’ de 1987, su trabajo más ambicioso y rompedor hasta la fecha y embrión de lo que 3 décadas después acabaría siendo este nuevo lanzamiento de Triptykon, ‘Requiem (Live At Roadburn 2019)’. “Teníamos el concepto muy claro en 1987 cuando compusimos ‘Rex Irae (Requiem)’ y sabíamos perfectamente que iba a ser un proyecto muy ambicioso”, declara Tom cuando echa la vista atrás. “Piensa que en aquellos días nadie había hecho algo así. Recuerdo que los músicos de orquesta que contratamos eran muy conservadores y no entendían lo que queríamos hacer, era bastante frustrante tenerles que explicar las cosas una y mil veces para sacarlos de su mentalidad de músico de conservatorio. Hoy sin embargo es fácil dar con orquestas en Europa acostumbradas a tocar y grabar con bandas de Metal, pero no en 1987”.

Réquiem por los muertos

Como todo el mundo sabe -o debería saber- un Requiem es una pieza musical en forma de misa para honrar la memoria de los seres difuntos y fue bastante popular en los días de apogeo de la música clásica de la mano de grandes compositores a quienes se les encargó hacer uno como en el caso de Haydn, Dvorak, Brahms o el que creó quizá el más famoso y emblemático de todos ellos, Wolfgang Amadeus Mozart. “Siempre he sentido pasión por la música clásica; los sentimientos que transmite no son tan diferentes de los de la música rock o metal en tanto que posee amplias dinámicas, contrastes, tensión, dramatismo, clímax… Todos estos atributos son aplicables a la música metálica, no a otros géneros como el rap, country, pop… Mis Requiems favoritos son los de Johann Adolph Hasse, Sibelius, Strauss, Johan Sebastian Bach y, por supuesto, el de Mozart que es una de las piezas más intensas jamás compuestas”.

Triptykon (Fotor: Ester Segara)

Dos piezas clave del círculo íntimo de Tom G. Warrior fallecieron recientemente, Martin E. Ain (bajista de Hellhammer y Celtic Frost en diferentes épocas) y H.R. Giger, el artista que dio vida al universo Alien y que entabló una muy profunda amistad y respeto por Tom, sus bandas y su visión musical. Ambos fallecieron en 2017 y 2014 respectivamente dejando una profunda huella en nuestro interlocutor y condicionando finalmente la aparición de este ambicioso proyecto, “Martin y yo compusimos la primera parte del Requiem en 1986, el tema que salió en ‘Into The Pandemonium’. Nuestra idea era acabar y grabar las otras partes del Requiem durante los próximos 2 o 3 años, cosa que nunca sucedió por diferentes motivos como la marcha de Martin del grupo, el cambio de rumbo con ‘Cold Lake’, la separación de Celtic Frost posterior… Cuando Martin y yo reformamos el grupo a principios de los 2000, lo primero que nos vino a la mente fue hacer otro capítulo del Requiem que es ‘Winter’, el tema que cierra ‘Monotheist’ del 2006. Al poco tiempo la banda se volvió a separar y finalmente Martin murió así que efectivamente, acabar este Requiem debía ser mi memorial hacia él, su obra y nuestra amistad de tantas décadas. Fue muy emotivo tocar toda la pieza íntegra en Roadburn, puedo garantizarte que tuve a Martin presente en mi cabeza durante todo el concierto”.

‘Requiem (Live At Roadburn 2019)’ de Triptykon contiene interpretaciones en directo de sendas canciones, “Rex Irae (Requiem)” y “Winter (Requiem, Chapter III: Finale)” junto a un tema nuevo compuesto para la ocasión, “Grave Ritual”, que vendría a ser la parte intermedia de toda la pieza en lo estrictamente cronológico. “Como ya te dije, la idea de dividir el Requiem en 3 partes ya procedía de 1986, nuestro plan era editar de una forma u otra las dos siguientes partes, tocarlo todo en directo y sacarlo como un EP de Celtic Frost o algo parecido”, relata Tom. “Entiendo que es un poco confuso que saliese primero la parte tercera del Requiem (En ‘Monotheist’ del 2006) y en 2019 presentáramos en directo por primera vez la segunda parte, ‘Grave Ritual’, compuesta entorno a 2017. Realmente no lo es tanto. Son temas que tienen coherencia y solvencia de forma individual, no requieren de ser escuchadas una tras otra en orden para tener sentido si entiendes a lo que me refiero. Recuerdo que cuando estaba haciendo las demos para ‘Monotheist’ Martin escuchó ‘Winter’ y me convenció no solo de que ese tema debía cerrar el disco sino que debía ser la parte final de nuestro Requiem inconcluso (aunque todavía no hubiéramos compuesto ni ideado la segunda parte siquiera). Tanto yo como Martin siempre estuvimos obsesionados con los trípticos, la subdivisión en 3, las 3 partes de todo. Era obvio que nuestro Requiem debía dividirse en 3 partes también, ya veríamos cómo y cuándo haríamos la segunda, algo que obviamente no pudo suceder con él en vida”.

Compuestas las 3 piezas a lo largo de toda su carrera, es fácil intuir cuán de arduo podría suponer ensamblarlas juntas y cohesionarlas de cara a presentarlas en directo tocadas una tras otra y que suenen como una unidad, algo a lo que Tom resta méritos y dificultad. “En el fondo sigo siendo yo, la misma persona, en 1986, 2006 o 2016. He ganado en experiencia, madurez y soy más viejo, pero mi mente anárquica sigue intacta, sigo viviendo mi vida fuera de lo convencional como hacía de joven. Mi enfoque hacia la música conserva el mismo fanatismo y dedicación que hace 40 años cuando empecé a tocar así que creo que ahí se da la conexión entre las diferentes versiones en el tiempo de mi persona. Yo veo las 3 piezas como 3 cápsulas del tiempo cada una de las cuales proyecta mi modo de ver Celtic Frost y Triptykon a lo largo de los años. Suenan coherentes y correlativas, me veo identificado musicalmente en todas ellas, pero a la vez se ver porqué cada una de ellas suena de esa forma determinada teniendo en mente en qué período de mi vida las compuse”.

Triptykon se visten de largo

Una cosa es añadir arreglos clásicos a tu música y otra bien distinta componer una pieza clásica íntegra como “Grave Ritual” -para lo cual se requieren de una serie de conocimientos teóricos que, salvo músicos de conservatorio, escasos músicos de la escena metálica poseen-. Tom G. Warrior, un tipo honesto y sincero como pocos, no tiene reparos en admitir sus limitaciones como músico a la hora de orquestar “Grave Ritual”. “Efectivamente, mis conocimientos de teoría musical son escasos si no nulos. Compuse la pieza con mi guitarra, un teclado y con programación midi y contraté a un arreglista de música clásica para que lo transcribiera todo a la partitura dado que yo soy incapaz de hacer algo así. Era necesario tenerlo todo en papel pues como bien sabes una orquesta solo funciona leyendo partituras, no interpreta de memoria como hacemos nosotros los músicos de rock. De este modo, hice la demo del tema y con el arreglista hicimos una a una las partituras para cada uno de los instrumentos. De hecho optamos por hacerlo así pues en los ’80 cuando hicimos “Rex Irae” utilizamos el mismo método y funcionó perfectamente. En esta ocasión utilizamos a Florian, vocalista de Dark Fortress, quién siempre ha estado ligado a Triptykon de un modo u otro ayudándonos con los arreglos de nuestra música, él tiene formación clásica y por supuesto bagaje metálico así que era la persona idónea para llevar a cabo este proyecto conmigo. De hecho, fue tal su grado de involucración aportando ideas propias que acabé por concederle créditos como co-compositor de “Grave Ritual”.

‘Requiem (Live At Roadburn 2019)’ va a editarse tanto como disco en directo (CD y vinilo) como DVD con la actuación grabada en video de tan magno evento. Al ver la interpretación que llevan a cabo Triptykon de las tres partes del Requiem, resulta evidente el grado de concentración y preparación que algo así requiere. “No te lo puedes ni imaginar. Somos músicos de rock, no estamos acostumbrados a tocar con 20 personas más en el escenario, todos ellos con partituras y un director de orquesta guiándoles. La presión era enorme, sobre todo para mí pues era el compositor de la pieza, a donde se dirigían todas las miradas y a quién acudía todo el mundo en busca de respuestas los días y momentos previos a la actuación, demasiada responsabilidad sobre mis espaldas, más aún teniendo en cuenta que también debía subirme al escenario a tocar y cantar con ellos. La forma en la que una orquesta se comunica es muy diferente a cómo lo hacemos los músicos de rock. Tuvimos que encontrar un puente de unión entre ambos bandos para lograr el entendimiento exacto y lo más perfecto posible. Llevo 35 años trabajando con músicos clásicos en estudio, pero en directo es otro rollo completamente diferente, una nueva dimensión”.

A todo ello hay que sumarle un factor vital y es que en el mundo de la música contemporánea y moderna el error está permitido en directo. Nadie devuelve su entrada o abandona la sala porque tal o cual músico estiró demasiado una cuerda yéndose de nota o se fue una micra de tempo. Es lógico pensar que la audiencia del Roadburn, por muy sibarita que a priori pudiese llegar a ser, no dejaba de ser un público metalero acostumbrado a los “desajustes” propios del directo. Sin embargo los músicos, coristas y director de orquesta que rodeaban a Triptykon en esta ocasión proceden de un mundo donde la interpretación ha de ser 100% exacta y perfecta sin margen alguno de error, algo que de bien seguro añade un grado de presión extra sobre la banda en el escenario con lo que Tom está de acuerdo. “Por supuesto. No diría que estaba nervioso pues no tiene sentido seguirlo estando tras casi 40 años subido en los escenarios, sé cómo lidiar con ello. Más que nervios era presión y concentración para que todo saliese perfecto pues yo era el protagonista del evento. No solo yo; todos los participantes coincidimos en que el grado de preparación previa y concentración sobre el escenario fue inmenso y eso permitió que el evento saliese tal como estaba previsto. Has de pensar que si una banda de metal comete un error, puede parar el tema y volver a empezar o incluso camuflarlo de cierto modo y seguir con la canción sin que se note mucho. Pero eso con una orquesta de tantos músicos no es una opción, no se puede parar, de ninguna de las maneras. Ellos no iban a fallar pues están acostumbrados a tener esa presión y estar condicionados por el hecho de que hay que tocar la pieza del tirón, pero nosotros no. Asimilar ese factor clave y procesarlo correctamente fue fundamental para sacar este directo adelante”.

La omnipresente figura de Martin E. Ain está intrínsecamente asociada ya no solo al pasado musical de Tom con Celtic Frost y Hellhammer sino al presente de Triptykon -pese a que nunca llegase a formar parte de la banda-. “Martin rara vez participó en el proceso de creatividad musical de Celtic Frost. Su papel era más de asegurarse que conceptualmente hablando, mis composiciones casaban a la perfección con la visión total que él tenía de lo que debía ser un lanzamiento del grupo. En lo referente al Requiem, él no colaboró en lo musical que fue parte mía pero sí me daba su opinión de todo, algo que yo valoraba por encima de todas las cosas. Mi idea cuando empecé a visualizar la realización de este proyecto era invitarle a que subiese al escenario con nosotros a tocar o recitar algo o lo que fuese, es decir, hacerle partícipe de todo esto aún no siendo él miembro de Triptykon. No formaba parte de la banda pero la idea del Requiem era tanto suya como mía. Lógicamente, este disco es un merecido tributo a su persona y legado”.

Activo de diversos frentes

‘Melana Chasmata’, el último trabajo de estudio de Triptykon, data ya del 2014, lo que nos lleva a preguntarle a Tom qué planes tiene de cara a su esperado sucesor. “El nuevo disco está bastante avanzado, soy consciente de que han pasado muchos años desde nuestro anterior trabajo. Obviamente tuvimos que dejarlo en stand by por un par de años para centrarnos en Requiem, pero a partir de ya mismo lo retomamos y mi idea es acabarlo de grabar a lo largo de este 2020 para editarlo el año que viene. Definitivamente habrá tercer álbum de estudio de Triptykon”.

Paralelamente en el tiempo a la muerte de Martin E. Ain y el inicio de creación del Requiem, Tom G. Warrior sorprendió a propios y extraños con la puesta en marcha de Triumph Of Death el pasado 2018, una nueva banda con la que interpretar el viejo catálogo de Hellhammer aunque con un enfoque musical un tanto diferente, algo impensable tiempo atrás debido a los malos recuerdos que latían en lo más hondo del corazón de Tom y Martin asociados a aquellos primeros años ’80 cuando Hellhammer fue concebido. “Me ha llevado décadas encontrar paz en aquellos viejos días de adolescencia que fueron muy duros para Martin y para mí. Hellhammer en su época fue una banda adelantada a su tiempo y solo nos llovieron críticas y palos. Sin embargo, a día de hoy, yo y la escena en general vemos las cosas de otra forma. También he de decir que no me siento al 100% identificado con muchas de esas letras y por eso durante años rechacé todo lo que tuviese que ver con Hellhammer. Tocar esos viejos temas me ha servido como catalizador para hacer borrón y cuenta nueva con esa época de mi vida. Digamos que he logrado obtener la perspectiva suficiente para desmarcarme emocionalmente de Hellhammer y ver esos temas más como si fuera un fan que como el creador de los mismos. Además, por qué no decirlo, poder tocar ese material más agresivo, directo y punk sin el grado de sofisticación de Celtic Frost o Triptykon, sin la presión de tener que presentar temas nuevos ni tener que lidiar con gente de sellos y la industria en general… Es un alivio y me permite disfrutarlo muchísimo más. Grabamos varios shows de Triumph Of Death el año pasado y la idea es mezclarlos, pulirlos y editarlos en uno o dos EPs de cara a finales de año. Incluso hemos llegado a hablar de la posibilidad de hacer material nuevo con ese viejo enfoque de Hellhammer y probar a grabarlo y ver qué sale. Soy muy crítico con mis lanzamientos y no permitiría darle continuidad a ello salvo que vea que el material realmente tiene consistencia y puede competir con el viejo legado del grupo. Si finalmente no sale nada de todo ello, no lo veré como una derrota, pues mis expectativas iniciales ya eran mucho menores de lo que estas presentaciones en directo de Triumph Of Death han acabado siendo”.

Triptykon (Foto: Ester Segara)

‘Requiem (Live At Roadburn 2019)’ salió a la luz el 15 de mayo en varios formatos (CD/vinilo/DVD conformando 5 ediciones diferentes) a través de su propio sello Prowling Death Records distribuido por y licenciado a Century Media. No deja de ser sintomático que el período más fructífero de Tom como músico en estos casi 40 años de carrera parte del momento en el que decide crear su propio sello (2006), tomar él las decisiones artísticas y luego presentarle el proyecto a otra discográfica de mayor envergadura para que lo pongan en circulación una vez éste está ya totalmente cerrado, grabado y empaquetado a nivel visual, conceptual y sonoro. Hace cosa de 2 años y medio salió al mercado ‘Damn The Machine’, un libro escrito por Karl U. Walterbach, antiguo propietario de Noise Records, quien editó todo el material de Hellhammer/Celtic Frost durante la década de los ’80 y con quien la banda acabó en términos nada amistosos precipitando la disolución del grupo a principios de los ’90 y el hastío de Tom con respecto a la industria musical que le llevaría una década asimilar, tragar y digerir. “He leído el libro, puedo decirte que en lo relativo al capítulo que nos dedica a nosotros es todo una gran sarta de mierda y mentiras. Para mí es un libro de ciencia ficción. Martin y yo creamos Prowling Death Records para no tener que lidiar nunca más con sellos discográficos tan descaradamente poco profesionales y cortos de miras como Noise Records. Ese libro es una novela de fantasía, dice muchísimas cosas que no son ciertas, que son mentira, básicamente. Pero no lo digo yo, habla con cualquier grupo que estuviera en ese sello en aquella época y te dirán lo mismo. Karl ha escrito el libro para quedar él como el bueno de la película, desconozco si con miras de limpiar su conciencia o auto engañarse. Karl nunca miró por la música ni por el lado personal de las bandas, solo veía dinero rápido que debía obtenerse antes de que el género entrara en declive y eso es lo que hizo: exprimir durante una década a todas sus bandas para él llevar un tren de vida a todo lujo sin tener en cuenta ninguna de nuestras consideraciones artísticas relativas a la música, las portadas, las fotos, los estudios, la promoción, las giras… Si quieres leer una buena novela de fantasía, cómprate antes ‘Conan’ que ‘Damn The Machine’”.

Javi Félez