Algo así como si Extreme hubiesen grabado un disco lleno de derivados de "More Than Words" pasados de heroína inhalada y hubiesen hablado con una amiga feminista sobre su opinión del patriarcado.

Hubo un día en el cual el planeta fue seriamente puesto en peligro. No tuvo nada que ver con el calentamiento global, ni con la planta nuclear de Fukushima, ni con la Guerra Fría, ni con las vaciladas del gordo ese de Corea del Norte. Ese día fue el 21 de julio de 1998 y ese fue el día en que se editó “Picnic of Love”, el quinto y sensible disco de Seth Putnam y sus Anal Cunt.

Después de diez años del grindcore y noisecore más extremo, llegaba el momento de conquistar las listas de éxitos con un disco de baladas. Una gran idea, de no ser porque era simplemente la manera en que el genio Putnam decidió reírse de sus fans, de sí mismo y de todas las bandas de rock que hacen baladas y hasta de la lírica amorosa en una sola sentada.

Un disco de Anal Cunt, por norma, contiene entre treinta y cincuenta canciones, todas ellas de una duración entre 30 y 90 segundos. Aunque en tiempos posteriores se decantaron por composiciones mas largas que podían considerarse la época progresiva de la banda (dos minutos…tres minutos…incluso cuatro!) lo cierto es que la gracia de Anal Cunt siempre residió en vomitar el máximo de bilis en el mínimo de tiempo posible. Algo que quedó totalmente certificado como viable con el mítico “5643 song EP”, donde la banda arrasaba tu oído con su odio en cuestión de once minutos. Once minutos con 5643 canciones montadas unas encima de otras hasta provocar un vomitivo coloso sónico que va a medio camino entre el motor roto de un coche antiguo y rascar un tenedor sobre una pizarra. Obviamente, a Seth Putnam se la traía al pairo tu opinión. Tanto que un buen día decidió hacer el anti-disco de la anti-banda. Y ahí nació “Picnic of Love”: un disco repleto de melodías acústicas, voz en falsete insoportable y mucha grima. Algo así como si Extreme hubiesen grabado un disco lleno de derivados de “More Than Words” pasados de heroína inhalada y hubiesen hablado con una amiga feminista sobre su opinión del patriarcado. Así pues, encontramos canciones hermosas como “I Respect your Feelings as a Woman and a Friend”, seguramente la más bonita de todo el disco. No solo respeta sus sentimientos el sensible Putnam, sino que también respeta “su genero”. Fabuloso.

“I wanna Grow old With You” es otra oda a la estabilidad sentimental y el amor entre un hombre y una mujer. “Cuando estés enferma, estaré a tu lado cuidándote tiernamente” dice Putnam en un tono de voz que solo los perros pueden escuchar. “I’m not That Kind of Boy” tiene un estribillo enfermizo y es seguramente el tema mas cañero del disco, que es mucho decir. Para los más viejos del lugar, Putnam saca a relucir su voz mas asquerosa en el final de “In My Heart There is a Star Named After You”, demostrando que el amor no le ha cambiado del todo y sigue siendo un heroinómano con serios trastornos mentales.

Si recordáis el mítico video viral “Amo a Laura” del año 2006, esto vendría a ser la banda sonora completa. Un disco que podría escuchar el mismísimo Rouco Varela y no sospechar nada de estos tipos.