No todas las mujeres son frágiles y delicadas, algo que el estereotipo de género predica, ni todos los hombres son rudos e insensibles. En España, y en el resto del mundo, hay un gran número de mujeres haciendo rock y heavy metal. Y cuantas más mujeres formen parte de la escena, menos ligada estará la imagen de esta música al sector masculino. Seguramente, más que una cuestión fisiológica o de hormonas, que el heavy metal haya sido habitualmente sexista, se debe a los estereotipos sociales y culturales. Puede ser que, hoy en día, ver a una mujer sobre el escenario todavía nos produzca impacto, ejecutando un papel que necesariamente implica actitudes atribuidas tradicionalmente a los hombres, tales como agresividad, fuerza…

Cierto día, leyendo el libro “La Revolución Sexual Del Rock” (Jordi Bianciotto, 2000), me encontré con una cita textual de Patti Smith que me llamó mucho la atención. “El rock’n’roll es para los hombres. Yo quiero ver a un hombre ahí arriba. Quiero ver los músculos de un hombre, las venas de un hombre. No quiero ver un par de tetas botando detrás de un bajo”. Sentencia, lapidaria donde las haya, que tuve la oportunidad de compartir con un buen número de chicas, con la intención de que me hicieran llegar su opinión al respecto. Hubo algunas que simplemente se lo tomaron a broma, las que más, se indignaron, pero, por suerte, no hubo ninguna que opinara de igual forma que Patti Smith. Todas y cada una defendió su derecho a pertenecer a esta gran “familia” que es el heavy metal, reconociendo, eso sí, que todavía sigue siendo un género dominado por los hombres.

Como sabemos, el sexismo, es una disposición a la discriminación de las personas en razón de su sexo (macho/hembra), y más en concreto de su género (masculino/femenino). Una discriminación que se produce en la medida en que los estándares culturales jerarquizan la relación entre los sexos de tal manera que lo femenino se subordina a lo masculino. El machismo, por su parte, incide con mayor énfasis en la exaltación del estereotipo masculino (dominancia, fortaleza) según el rol tradicional, en detrimento del rol femenino (sumisión, debilidad), que tiende a ser sometido y relegado en el orden social. En épocas anteriores a la industrialización, los roles se asignaban en relación a las funciones que cada sexo desarrollaba. Al hombre se le asignaba el rol de trabajador que hace posible el mantenimiento y defensa del núcleo familiar; a la mujer la crianza y los comportamientos compatibles con ella. En términos psicosociales, la masculinidad refleja los valores, actitudes y comportamientos propios de los hombres en función de ese reparto de roles, y lo mismo con la feminidad. Esas referencias culturales llegan a nuestros días. Masculinidad y feminidad son vistos como conceptos contrapuestos, excluyentes entre sí, y fuertemente estereotipados. Hombres y mujeres que no se ajustan morfológicamente al estereotipo masculino/femenino, y que presentan características psicológicas consideradas por el propio sistema como poco masculinas o femeninas, acostumbran a ser marginados/as por la sociedad.

Si partimos de la base de que el heavy metal es un género históricamente hecho por hombres, no es de extrañar que a una mujer que se decante por este tipo de música se la mire de manera distinta que a las demás. La cultura, ha ido generando prescripciones acerca del modo adecuado de ser mujer u hombre y de lo que se espera de cada grupo sexual, con lo cual, a una mujer heavy se la mirará, cuanto menos, con recelo. Eso puede repercutir directamente en la escena heavy: no es difícil percatarse de que las mujeres tienen menor representación en ella. Y no solo hablamos de músicos; igual sucede con las seguidoras. No hay más que acudir a un concierto y mirar a nuestro alrededor: ¿Os suena aquello del “campo de nabos”? Aunque la cosa va cambiando poco a poco, el porcentaje de féminas entre el público, así como de bandas con presencia femenina, o formadas exclusivamente por chicas, sigue siendo inferior respecto al de los grupos integrados por varones, tal vez porque la imagen que ofrece el heavy siempre ha ido estrechamente asociada a la masculinidad. Entonces, puede ser obvio que la exclusión femenina, históricamente, haya podido venir dada por esa imagen de potencia y rudeza asociada al heavy metal.

Y si hablamos de sexismo en el metal, MANOWAR se llevan la palma. Desde portadas con chicas semidesnudas a los pies del guerrero hasta letras tipo “Pleasure Slave” (“Kings Of Metal”, 1988), pasando por esos concursos “Miss Manowar”, en los que chicas seguidoras del grupo deben mojarse la camiseta y mostrar sus atributos, todo apesta a machismo. Muchas chicas, afortunadamente, se toman a broma esa actitud de Joey DeMaio y los suyos. Muchas son las veces que los americanos han querido “enjuagar” su mala fama con discursos en defensa de las mujeres, pero, a estas alturas, no creo que nadie ya se los tome en serio. No cuela. Tal vez, aún hoy, la música heavy sea reflejo de híper masculinidad, recreada a través de una indumentaria y una estética muy marcadas: como las cazadoras de cuero, los tatuajes, o las actitudes machistas, pero, también es cierto que cada vez vemos a más mujeres integrando bandas de rock y heavy metal.

Al margen de MANOWAR, que poco van a cambiar a estas alturas, siguen habiendo factores socioculturales que ayudan a perpetuar la desigualdad entre hombres y mujeres dentro de nuestra música. El seguidor heavy, por ejemplo, es todavía para muchos/as el de alguien rudo, agresivo, poco aseado, no muy inteligente y, sobre todo, de género masculino. Asimismo, el carácter potente, rápido y agresivo de la música metal entronca muy bien con el rol adjudicado socialmente a la masculinidad. Factores que perjudican a la mujer, obligándola a romper más barreras cuando esta quiere interesarse por el heavy metal. En ese aspecto, una chica que toque heavy metal seguirá resultando un caso atípico, con lo cual, su presencia en una banda será examinada y analizada con más detenimiento y con un criterio más estricto. Ciertamente, a lo largo de la historia, lo masculino ha sido socialmente mejor valorado, ostenta superioridad, dominio y privilegios. En cambio, lo femenino ha sido peor valorado en la medida en que se considera como algo subsidiario, de segundo orden y al servicio de la masculinidad portadora de los valores fundamentales para los seres humanos. Un modelo, propio de una visión sexista y conservadora.

El machismo, incide en la exaltación del estereotipo masculino de dominancia, fortaleza y poder, algo que, como decíamos, el heavy metal ha venido alimentando a lo largo de los años, pero, afortunadamente, es un género que cada vez va calando más hondo entre las chicas. ¿Por qué no puede relacionarse entonces a la mujer con la fuerza y el poder? Hay mujeres que cuando suben a un escenario se olvidan del sexo. No es ninguna novedad, a estas alturas, ver a chicas con una fuerza brutal en el escenario. Podríamos hablar de Angela Gossow (ex ARCH ENEMY), de Floor Jansen (NIGHTWISH), de Steffi (IN MUTE)… La pena es que tendemos a estereotiparlo todo. ¡La agresividad no tiene por qué ser exclusiva de un sexo o de otro! Hablando en términos estrictamente de puesta en escena, podemos ver a grupos con mujeres en sus filas que también pueden ser fuertes, agresivas y feroces. Mejor aún: hasta pueden ocupar un puesto que anteriormente perteneció a un varón, como Rosa Pérez (MURO), la misma Angela Gossow o Núria Ollero (FAST SHARKS).

En conclusión; no todas las mujeres son frágiles y delicadas, algo que el estereotipo de género predica, ni todos los hombres son rudos e insensibles. Es cierto que el heavy metal sigue siendo en su mayoría un mundo de hombres. Todos somos conscientes de que la introducción del género femenino a un mundo creado por y para ellos siempre ha sido en cuenta gotas al principio, pero, en España, y en el resto del mundo, insisto, hay un gran número de chicas haciendo rock y heavy metal. Y cuantas más mujeres formen parte de la escena, menos ligada estará la imagen de esta música al sector masculino. Tal vez, en los años ochenta, lo que imperaba dentro del heavy era la imagen sexuada y hortera, algo totalmente pasado de moda, y no toda la culpa la tuvo la testosterona. Seguramente, más que una cuestión fisiológica o de hormonas, que el heavy metal haya sido habitualmente sexista, se debe a los estereotipos sociales y culturales. Puede ser que, hoy en día, ver a una mujer sobre el escenario todavía nos produzca impacto, ejecutando un papel que necesariamente implica actitudes atribuidas tradicionalmente a los hombres, tales como agresividad, fuerza… Pero, a estas alturas, creo que todos somos conscientes de que el mundo de la mujer no es necesariamente de color de rosa, también puede ser negro y con tachuelas.

Ivan Allué