Segunda parte de la larga charla mantenida con Jordi Rodero, quien fuese propietario de la sala Mephisto de Barcelona. Hablamos, en este caso, de los pinchadiscos que pasaron por el local, de los enfrentamientos con locales de la competencia y de los motivos que llevaron al cierre y traspaso del local. Una conversación más que interesante que nos muestra con total honestidad lo que se cocía en la noche rockera de Barcelona en los años 90 y a principios de los 2000.

Segunda parte de la larga charla mantenida con Jordi Rodero, quien fuese propietario de la sala Mephisto de Barcelona. Hablamos, en este caso, de los pinchadiscos que pasaron por el local, de los enfrentamientos con locales de la competencia y de los motivos que llevaron al cierre y traspaso del local. Una conversación más que interesante que nos muestra con total honestidad lo que se cocía en la noche rockera de Barcelona en los años 90 y a principios de los 2000.

Vamos a hacer repaso: ¿que dj’s tuviste pinchando en Mephisto?

“He tenido allí un buen plantel de Dj’s. Tuve a Paco Jimenez y Jesus Raez de Radio Cornellà. Luego tuve a Ruben de la tienda Pentagram y a Carlos Capa, quienes pinchaban en la sala Metal Zone cuando salió. Desde aquella sala nos empezaron a boicotear. Yo entiendo que todo el mundo tiene que trabajar, pero no a costa de tirar por el suelo a los demás. Lucha con tu programación musical, con la calidad de tu bebida…pero no con boicot. Hicieron una campaña de descrédito muy grande y tuvimos que acabar denunciándolos, con capturas de pantalla de lo que habían dicho en foros y por internet. Cuando le vieron las orejas al lobo, nunca mejor dicho, se retractaron y se cortaron un poco. Hasta entonces, fue un acoso y derribo hacia Mephisto y hacia mí personalmente.”

Con el tiempo te llevaste a Rubén y a Carlos Capa a Mephisto, lo que fue muy comentado en la noche rockera barcelonesa de la época.

“Conocí a la gente de Sr. Lobo una noche que vinieron a espiar a Mephisto y alguien me lo dijo, que ese era el dueño. Luego iban viniendo algunos coleguitas y dj’s que tenían por ahí para chafardear, con tal de que les dejen pasar gratis y beber gratis. Los palmeros de turno. Yo, en aquel entonces, ya conocía a los DJ’s del Metal Zone desde hace tiempo, que eran Ruben de Revolver (ahora en la tienda Pentagram) y Carlos Capaces. Harto de tanta historia y tanta tontería les dije “¿pero que hacéis pinchando ahí? Venid a Mephisto!”. Llegamos a un acuerdo y se vinieron a pinchar a Mephisto, porque ellos también estaban ya hartos de como les trataban y todo eso. Tenían muchos condicionantes sobre lo que tenían que pinchar. Yo les daba mucha más libertad y terminaron viniéndose para allí”.

“Como DJ también tuve a Hans y a RayGammaniac. De hecho, en la última noche de Mephisto conseguí reunirlos a todos, incluso a Paco que ahora está viviendo en Menorca. Me gustó mucho porque todos los que habían estado en la cabina de Mephisto se pudieron despedir de la gente.”

“Ha habido buena gente pinchando, de modo que no ha sido únicamente mi criterio el que prevalecía en Mephisto. Yo a veces pinchaba pero ya poco, porque considero que tenía que dejar paso”.

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¿Qué pasó al final con la polémica de Metal Zone? ¿Como se resolvió?

“La gente de Metal Zone bebió de su propia medicina. Si Carlos y Rubén eran los DJ’s que llevaban gente a Metal Zone y se la quitaban a Mephisto, al traérmelos a Mephisto ellos probaron lo mismo que me habían estado haciendo a mi. Les hice la jugada porque se lo merecían. La cosa funcionó bien y a la larga, para ellos también. El Sr. Lobo tiene una mejor ubicación, porque está al lado de la parada de metro de Marina en dirección al mogollón de bares. Todo el mundo pasa por delante. Creo que es un local que funciona por ubicación. La bebida es de dudosa reputación. La gente te decía “un cubata en MetalZone vale X” y yo les decía “claro, porque estás bebiendo marca X”.  Yo en Mephisto servía calidad. Si tu eres un cliente fijo lo que no quiero es provocarte una úlcera de estómago, porque dejarás de venir o dejarás de beber alcohol. La calidad tiene un precio y el local, como infraestructura, no era barato de mantener. Esto es como todo: puedes servir marca buena o marca blanca o bajo coste. Te puedo dar bajo coste, pero te estaré dando mala calidad y dirás “esto es colonia”.”

Los rumores decían que en Mephisto se servía garrafón a precio de oro. ¿Fue algún vez cierto?

“Para nada. De hecho, tuve una inspección una vez cuando me vinieron unos policías locales de paisano. Se presentaron allí y estaba yo en la puerta. Se identifican y me explican que les habían filtrado que nosotros servíamos garrafón. No venían por una denuncia, sino porque alguien lo había ido diciendo, a saber quién. Les dije que pasasen a la barra, se llevasen las botellas que quisieran, previamente marcadas y firmadas por mi, y se las llevasen a analizar. Es más, les enseñé las guías de compra del local para que viesen lo que compraba y lo que había en la barra. Firmo la botella, marco el nivel y les digo que se la lleven a analizar. Miraron la guía de compra, entraron en la barra, vieron los albaranes…y no se llevaron ninguna botella. Supieron rápidamente que aquello no era garrafón”.

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¿Como era la relación con la policía en aquella época? ¿Había presión de algún tipo? Los locales de Marina siempre están en el punto de mira, especialmente cuando vienen elecciones en el ayuntamiento de Barcelona.

“Siempre hay pros y contras. Al estar un poco alejados del eje de Almogavers-Pamplona, no teníamos la misma presión policial. Solía pasar la Guardia Urbana o los Mossos y no se paraban. Únicamente los días que había muchísima cola dando la vuelta a la esquina o cuando hemos tenido algún concierto skin o alguna cosa así, que se pasan a vigilar”.

¿Por qué se vació Mephisto en tu opinión?

“Yo creo que se juntó un poco todo. La vieja guardia pasó a salir menos, hubo un cambio generacional, había gente que estaba harta de salir al mismo local siempre… Hay veces que das en el clavo y no sabes como lo has hecho. Estás haciendo lo mismo que siempre has hecho y funciona y otras veces no funciona. Creo que la clientela se nos hizo mayor y además, pienso, que ha habido un impasse generacional más largo de la cuenta. Ha habido un vacío que luego se ha vuelto a recuperar y a nosotros nos pilló hay en medio”.

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¿Crees que el hecho de hacer noches temáticas dedicadas a otros estilos como al techno y el gótico pudo influir en que los heavies dejasen de sentir el local como suyo?

“Puede influir. El público heavy es muy fiel a sus ideas y a sus locales. Nosotros siempre hemos hecho sesiones abiertas a otros públicos, desde los primeros tiempos. ¿Que se pudieron sentir vulnerados por hacer sesiones de otros estilos? No te lo niego. Pero el público heavy no venía un jueves o un domingo. Nosotros los domingos hacíamos sesiones góticas hace muchos años. O cuando hacíamos el Undead, que ahora tiene local propio hace un montón de años. Ellos salieron del Petit del Casino de l’Aliança y yo le di una sesión los viernes. Estuvimos tres años haciendo todos los viernes el Undead en Mephisto y no había ningún problema. Venían heavies y góticos sin problema. Obviamente, había un público femenino muy atractivo y los heavies venían de cabeza. Es como cuando estaba en Wawanco en la época del glam. Allí comenzó a sonar Poison, Tyketto, Motley Crue, Dare, Bonfire y todo eso y los heavies más machotes se ofendían. Que si vaya mierda el Wawanco, que vaya tela. Pero el local estaba lleno de chicas y los tios duros venían irremediablemente, aunque luego te iban criticando. Es lo que hay”.

¿Por qué tiraste la toalla y traspasaste Mephisto?

“37 años en la noche queman un poco. El bajón de público te empieza a desmotivar. Pienso que en todos esos años ya he hecho suficiente por el ambiente nocturno de la ciudad. Uno va creciendo. También te digo una cosa: si en aquel momento la cosa hubiese estado mejor, yo me habría visto con fuerzas para continuar pero consideré que era un punto de inflexión y dije ‘hasta aquí’.

“Yo empecé en el Neuras en el año 79 y a partir de ahí fui trabajando. Moví la escena, junto a otros locales y he hecho lo que he podido por el hard rock y el heavy metal. Finalmente llegué a un punto en el que dije ‘toca un cambio radical’. No sabía por donde iba a tirar, porque no tenía ni idea, pero necesitaba un cambio. Me propuse traspasar el local y estuve aproximadamente ocho o nueve meses en ello. Pasó mucha gente a ver el local, de muchos estilos distintos, pero creo que la mejor opción era la que se quedó el local finalmente. Era gente de Poble Nou, que conocía la zona y podía trabajar muy bien (en referencia a Oscar Martinez, dueño del Dixi, y Edu García, dueño del Ceferino de Pamplona 88, actuales socios de Bóveda en el local que una vez fue Mephisto). Creo que eran los más indicados para mantener la llama que yo había encendido en su momento. Ellos iban a seguir con la estela del rock y el heavy y eso me hizo decidirme. Económicamente creí que les podía salir bien, porque podían unificar el público de sus otros locales. Así ha sido. Ahí están, con el testigo de lo que yo dejé y con un estilo de música que va en  una onda similar”.

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Antes de olvidarme: otro punto polémico era el alquiler de 500€ que cobrabas a las bandas que se montaban conciertos allí (y a cualquier promotor, de hecho). Como propietario de sala que has sido ¿puedes explicarle a las bandas para qué sirven esos 500€?

“Esos 500 euros no se iban al bolsillo como beneficio. Abrir la puerta para ese concierto tenía unos costes: el técnico de sonido, el de luces, la seguridad, los camareros, los consumos de electricidad y demás, la reposición de material (micrófonos, altavoces, etc)… Aquellos 500€ implicaban asegurar los gastos que conllevaba abrir la sala. Tienes que asegurarte el gasto porque hay bandas que traen un montón de gente y bandas que traen a cuatro. Y te diré una cosa: no el hecho de ver la sala llena quiere decir que haya sido una buena noche porque quizá la barra no ha funcionado en absoluto. Hay públicos y públicos. Hay públicos que, con la mitad de la sala llena, te hacía una barra tremenda.”

“Hay cosas que a la gente le cuesta entender. 500€ entre los 5 componentes de un grupo no es una cantidad elevada para alquilar una sala y presentar un disco o tocar con tus colegas.”

De todas esas bandas locales o nacionales que pasaron por Mephisto ¿alguna te llamó especialmente la atención?

“He visto a muchas bandas buenas que se han quedado ahí, que no han pasado de ahí y otras que han crecido espectacularmente. Ahora me vienen a la cabeza Obsidian Kingdom, porque siempre se me quedó su nombre. Y mira a Mago de Oz, que empezaron con 125 personas en Mephisto cuando los trajo Paco de Radio Cornellà. Luego metieron a casi 500 en la siguiente ocasión. Y la siguiente ya fue una petada tremenda.”

Volviendo al tema de los aforos, en Mephisto se han visto cosas que ahora serían impensables con las modificaciones legislativas que ha habido en tiempos recientes. Recuerdo un concierto de Labyrinth en el que no cabía un alfiler.

“O el de Nightwish en el 2000. Eso pasó porque en aquel momento cerraron Zeleste inesperadamente, antes de pasar a ser Razzmatazz. Ese concierto estaba ya programado para Zeleste 2 y se cambió de sala. Se paró la venta de entradas y se intentó acomodar allí el concierto con lo que ya había vendido anticipadamente”.

También el de Saxon en el 2000 fue muy polémico, tanto por el número de asistentes como por los problemas de sonido que hubo. ¿Que pasó aquella noche?

“El de Saxon estuvo petado y la gente comenzó a quejarse del sonido y de Mephisto y a cantar ‘fuera Mephisto’. El problema que hubo fue del técnico de sonido. Biff Byford, unos meses después, explicó en una entrevista lo que pasó aquel día. El problema fue de su técnico, al cual llamaron esa noche y le explicaron que se había muerto su madre. El tio se quedó hecho polvo y aquello dejó de sonar como debía sonar. El tio estaba fuera de si. El bolo no se podía suspender porque estábamos a medio bolo cuando le llegó la noticia y él no daba pie con bola. Cosas como estas han pasado miles”.

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¿Qué anécdotas te vienen a la mente de tus años en Mephisto?

“Ha habido muchas anécdotas. Le tuve que echar la bronca a la cantante de Nashville Pussy. Son super fans de AC/DC y yo en el camerino tenía un poster gigante sacada de la caja “Bonfire” de AC/DC. Tenía el poster allí y la tía quería el poster, porque es muy fan de Bon Scott. Me dice que le tengo que regalar el poster y le digo que no, que es mío y que no puedo. Pasa el concierto, están recogiendo y saliendo de la sala y la pillo bajando por la escalera del camerino con el poster, in fraganti. Pasa un minuto más y no me entero. Le digo “oye, que pasa?” Y me dice “I love Bon Scott” y yo “si, si, yo también soy fan, pero el poster es mío”. Al final llegamos a un acuerdo de cambiar el póster por una botella de Jack Daniels. Se lo pensó y me dijo ‘vale, acepto la botella de Jack Daniels…pero sigo queriendo el poster de Bon Scott’ (risas).

“Hubo algún músico de mal rollo. Alguno me ha roto algún monitor. Una vez vinieron a tocar Treshold, un grupo progresivo. Uno de sus guitarras se flipó, cogió un monitor, lo levantó y lo tiró al público. Podría haber matado a alguien. Obviamente la gente se apartó y el monitor fue al suelo y se rompió en pedazos. Llamé a un conocido que trabajaba reparando altavoces. Me lo valoró rápidamente y le dije al manager ‘mira tio, mira lo que vale lo que acaba de romper el guitarra, o lo pagáis o llamo a la policía’. Vino, pagó y me dijo que no llamase a la policía. Al guitarra, después de ese concierto, lo echaron de la gira”.

“El cantante de Turbonegro es bastante paranoico. Acabó un concierto en Mephisto y suspendieron toda la gira europea que les quedaba. He pillado gente rompiendo sofás y mesas. He visto de todo”.

También tuvisteis allí a Michael Monroe junto a Adam Bomb, dos piezas. ¿Qué tal fue esa noche?

“Michael Monroe fue muy majo. Muy buen tio. En el escenario se le va la olla. Se subió arriba de todo del Mephisto, trepando por los hierros y yo pensando ‘este hombre se me va a matar’.

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En aquella época, antes de la tragedia de Great White en el 2003, se podía ver a bandas usando pirotecnia en salas como Mephisto. Recuerdo que Metalium escupieron fuego en medio de la sala cuando en actuaron allí en el 2001, en pleno auge de su popularidad.

“Con la pirotecnia tuve problemas con un grupo de black metal, creo que fueron Watain. El tio quería montar unas cruces con fuego y unas historias. Habiéndole dicho meses antes que no, que no era posible, el tio iba rogándome que le dejase hacer fuego en la sala. El tio era para verlo: maquillado y dando la imagen de tio duro…pero lloriqueando para poder hacer algo de fuego dentro de la sala”.

“El día de Metalium, el golpe de calor lo recibió el detector de incendios, que conecta con la central y me llamaron inmediatamente por la alerta que les había llegado. Les dije que nada, que había un tio en el escenario echando fuego por la boca y que no pasaba nada, que tranquilos.”

¿Volverá Mephisto? ¿Ves viable hacer un remember de la fiesta en algún momento?

“Me gustaría hacer algún remember algún día. De hecho, me lo han propuesto pero no se, no me he puesto a ello, la verdad. Sería ponerse a ello. Actualmente no lo tengo en mis planes. Estoy bien, haciendo otras cosas. Sigo dentro del mundillo del rock, pero desde otra perspectiva”.

sebastian1Por Mephisto venían músicos y grupos conocidos en ocasiones a pegarse la fiesta. ¿Qué historias recuerdas en ese sentido?

“Solía venir alguna vez Fortu de Obús. Los Skid Row tocaron en Razzmatazz en su momento de máximo apogeo y luego se vinieron a Mephisto con el difunto Jordi Tardà. Entraron allí, que era un viernes, y los tios se pusieron a jugar al billar. Tardà les dijo ‘venga, que nos vamos’ y la banda les hizo caso. Paran un taxi, meten al Tardà dentro, hacen como que se van a subir pero cierran las puertas y le dicen al chófer ‘lléveselo a tal hotel’ (risas). Ellos se quedaron en el Mephisto emborrachándose.”

“Otra muy buena fue la de Rammstein. Fue cuando hubo la gran nevada del 2001. Cuando acabaron el concierto, por medio de Luismi del Undead que era muy amigo de Till Lindemann, se vinieron. Se presentaron en Mephisto a su rollo y se subieron a la cabina. Tenía a Till diciéndome ‘pincha esto, pincha aquello’ y me decía ‘no me pinches nada de Rammstein, pínchame Héroes del Silencio’. Till me cantaba a capella ‘Entre dos Tierrrrrras’ (risas). En un momento determinado me dijo que si tenía algún sitio un poco apartado e íntimo, porque quería liarse con una chica. Era la chica de otro miembro del séquito con el que venía. Lo dejé en el camerino con una botella de tequila y su ligue mientras el novio la buscaba desesperado por todo el local (risas)”.

 

Sergi Ramos