Uno tiende a repetir con cierta frecuencia en los últimos tiempos la típica frase de "nunca sabes cuando va a ser la última vez". Muchos de los artistas pioneros que crearon todo este circo del rock que tanto disfrutamos están viviendo sus últimos años de carrera, tras décadas de grabaciones y giras.

Uno tiende a repetir con cierta frecuencia en los últimos tiempos la típica frase de “nunca sabes cuando va a ser la última vez”. Muchos de los artistas pioneros que crearon todo este circo del rock que tanto disfrutamos están viviendo sus últimos años de carrera, tras décadas de grabaciones y giras. A menudo, estratagemas de marketing como la “falsa gira de despedida” de Scorpions hace que le perdamos el respeto y restemos el valor a algo muy serio: somos privilegiados. Hemos coincidido en el tiempo y en el espacio con una serie de genios irrepetibles que han dado forma a un estilo musical que ahora se encuentra en su fase de madurez. Generaciones futuras escucharán a estos artistas pero no podrán jamás verles en directo. Podemos hablar todo lo que queramos de los precios de las entradas, de si sus voces están maltrechas o de si la gira de 1977 fue mejor que la actual.

La última vez

Seguramente, nadie pensaba que era un privilegiado cuando se encaminaba hacia el antiguo estadio de San Mamés el 28 de Junio de 2010 para ver a AC/DC en lo que iba a ser el último concierto de la gira “Black Ice”. Un tour que fue el último gran periplo mundial de Malcolm y que duró desde Octubre de 2008 hasta Junio de 2010. Nada mal. Se supone que más de cinco millones de personas vieron a la banda en esa gira. Cinco millones de personas que pudieron ver a AC/DC con su formación más clásica antes de que los acontecimientos se precipitaran y todo cambiase para siempre. En el siguiente tour Phil Rudd ya no estaba en la banda por sus problemas con la ley, Malcolm sufría demencia, Cliff Williams lo dejó al final de la gira y Brian Johnson desarrolló una sordera parcial que le alejó de los escenarios -o eso se dijo oficialmente.

La gira “Black Ice”, pues, fue la última gira de AC/DC tal y como los conocíamos en la misma formación que grabó “Back in Black”. Nadie sabía, dada la habitual discreción de la banda, que Malcolm llevaba una buena temporada sufriendo lapsos de concentración y memoria. Tal era el problema que tenía que ensayar a menudo las canciones antes de los conciertos para recordar como eran. Aún así, completó la gira.

El mejor partido que ha visto el estadio

Last Tour International, junto a Live Nation, produjo la fecha de Bilbao. Un concierto que llenó con casi 40.000 personas el estadio del Athletic de Bilbao y que tuvo el mismo set list exacto que todos los conciertos de esa parte de la gira, con hasta cuatro temas de “Black Ice”, y todos los clásicos habituales.

AC/DC Setlist Campo de San Mamés, Bilbao, Spain 2010, Black Ice

Nadie habría dicho que Malcolm se encontraba aquejado de demencia en un estadio temprano. Su aspecto era desmejorado respecto a anteriores giras, pero ni el ni su hermano Angus fueron jamás conocidos por su belleza física. A fin de cuentas, 35 años en la carretera (por aquel entonces) envejecen a casi cualquiera.
A lo largo del concierto, Malcolm rindió a buen nivel. Sus coros en “Rock and Roll Train” o “Thunderstruck” junto a los de Cliff Williams, sonaron tan desafinados como siempre. Su rítmica fue absolutamente perfecta a lo largo de toda la noche, con especial atención a la recuperada “High Voltage” y a la eterna “Let There Be Rock”, especialmente fiera en aquella noche bilbaína.
El grupo se despidió del público vasco tras dos horas y cinco minutos de concierto y se trasladó al hotel donde se celebró una fiesta para la banda, la crew de la gira y sus familias, a modo de despedida. Sería la última vez en que Malcolm tocase un concierto con AC/DC pero no sería su última aparición pública: un año después, en la presentación del DVD y CD “Live at River Plate”, la banda -sin Phil Rudd- apareció en el Hammersmith Apollo de Londres para presentar la proyección.
Os dejamos unos cuantos vídeos del concierto de aquella noche de verano de 2010:

Sergi Ramos