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| 28/06/2005
18/06/2005
Asimismo, una serie de cuestiones que de forma paralela también iban a estar presentes en dicha maratoniana jornada: ¿Volvería a estar la organización a un gran nivel?, ¿Disfrutaríamos de un buen sonido durante la velada?, ¿Conseguirían Bruce Dickinson y compañía llegar a hacernos creer que nos encontrábamos en los añorados 80 por unas horas? ¿Sufrirían STRYPER una crisis epiléptica en el backstage mientras IRON MAIDEN estuvieran tocando “The Number of the Beast”? LEGEN BELTZA
A la espera de poder disfrutar como es debido de los sangrantes temas de su “Total Insanity”, nos quedamos con una prometedora muestra de que tenemos “thrashing madness” para rato si en los años venideros siguen en sus trece. De momento esperemos que tanto esta actuación como la que ofrecieron en el Festimad hace unos días les sirvan para abrirles las puertas a un potencial público. DRAGONFORCE
DRAGONFORCE son una de esas bandas que se engloban de lleno en el deshilachado
saco del power metal de corte europeo, pero eso sí, sus discos hacen gala de
una factura exquisita dentro de los parámetros habituales que solemos encontrar
en dicha tendencia. Su segundo y hasta ahora último disco “Sonic Firestorm”
atestigua lo dicho: veloces, raudos, amantes del doble bombo, de las melodías
vocales y, sobretodo, de unos solos tan técnicos como vertiginosos. Sin embargo,
esperaba que la banda hiciese aguas en cuanto a directo se refiere, básicamente
por el pinchazo sonoro al que se suelen enfrentar este estilo de bandas cuando
se ha de cumplir la singular misión de ejercer de teloneros o de participar
en un gran festival. Muy posiblemente a causa de esta predisposición de tintes
ciertamente Con canciones como “Fury of the Storm” pudimos comprobar alguno de los puntos
fuertes de la formación como podrían
ANGRA
Por ello, y a pesar del notable cabreo interno que llevaban, fueron a por faena y arremetieron con un “Nothing To Say” y con un “Carry On” que ahora sí sonaron de fábula y que, especialmente el segundo, fueron lógicamente los temas más coreados de la actuación y que nos mostraron a un Falaschi que cada vez canta mejor los temas de Matos, teniendo siempre en cuenta las diferencias de tono y timbre que separan a ambos vocalistas. La interpretación de la banda, incidencias a parte, fue de lo más correcta, aunque quizá en algún momento se mostraran algo cohibidos dado lo incómodo de la situación. Así pues, sería ilícito no destacar las buenas formas y la profesionalidad que mostraron en todo momento, a pesar de que tendremos todavía que esperar para volver a disfrutar de uno de esos shows tremendos que sabemos que nos pueden ofrecer, tal y como nos demostraron hace unos veranos en el extinto festival Rock Machina. De momento, nos quedamos con lo bueno que pudimos sacar de lo poco que vimos. LACUNA COIL Eran ya muchas horas al sol las que el público llevaba encima y fue durante
el concierto de LACUNA COIL cuando vi la mayor cantidad de A causa de dicho calor asediante y del cambio de estilo brusco que suponía
la actuación de un grupo de gothic metal como lo son los italianos no fueron
pocos los “heavies duros” que decidieron retirarse en busca de sombra y descanso,
aunque ello no Lo cierto es que LACUNA COIL no es uno de los grupos de gothic metal que más me gustan (estilo que me apasiona tanto como cualquier otro), pero sin embargo he de reconocer que Cristina y los suyos han sabido labrarse un sonido propio y en cierta manera identificativo que han ido puliendo desde el primer disco sin abandonar sus señas características en ningún momento. Así pues, la banda puso en marcha la maquinaria que tanto les funciona en directo, donde predominan ciertos aspectos de la escenografía muy bien cuidados que hacen ganar al grupo enteros en el apartado visual, tales como los movimientos (en su mayoría headbangings) al unísono por parte de sus miembros al ritmo de los guitarrazos que inundan los temas o el estricto negro de su vestuario de directo, aunque para estas últimas giras parecen haber abandonado los ropajes consistentes en largas telas negras que los hacían asemejarse en cierta manera a alguno de los cenobitas de Hellraiser.
A pesar de que cómo he dicho por lo general pudimos disfrutar de un sonido bastante bueno, claro y contundente, algunas de las partes pregrabadas (en su mayoría líneas vocales que no interpreta Cristina en directo) quedaron muy bajas, siendo éstas prácticamente anuladas por el grosor del sonido de las guitarras, tal y cómo pudimos comprobar en el puente de “To Live Is To Hide”, una de las canciones más remarcables del “Unleashed Memories”. Si bien el enfrentamiento voz femenina-masculina “a lo Pimpinela” es una de
las constantes en la muchas de las composiciones de la banda (tal y c Evidentemente, algunos pequeños detalles jugaron en contra de los intereses de la banda, como por ejemplo el hecho de que una formación de un estilo presumiblemente oscuro y apesadumbrado tenga que tocar a plena luz del día, pero ya se sabe que estas cosas ocurren normalmente en todo tipo de festivales. Si bien no es oro todo lo que reluce, tampoco ha de dejar de ser oscuro todo lo que no acoge la noche en su regazo. Para mucha gente fue incomprensible que LACUNA COIL tocara tanto tiempo y después
de ANGRA en un festival de estas Como curiosidad, destacar la acalorada discusión que mantuvieron Marco (bajista) y Cristina en el backstage antes de salir a escena. Recordemos que ambos componentes se encontraban hasta hace poco inmersos en una relación sentimental… y es que mezclar amor y trabajo nunca fue nada provechoso… DREAM THEATER
En la rueda de prensa previa al concierto Jordan Rudess y James LaBrie ya nos
habían advertido que su intención es que este volviera a ser un concierto especial
en el que tuvieran la oportunidad de brindar a sus fans canciones tanto de su
nueva obra de estudio como clásicos de la banda que a muy buen seguro muchos
esperaban ansiosamente, todo ello confeccionado a partir de una serie de canciones
de conjunción singular ya que, como muchos sabéis, a la banda no le gusta repetir
un mismo set list (de hecho, comentaron que creían no haber repetido un set
list dos noches seguidas jamás), por lo que no íbamos a encontrar necesariamente
demasiadas semejanzas con sus últimos conciertos por España. DREAM THEATER sí que podemos decir sin temor a equivocarnos que gozaron de un sonido impoluto de principio a fin, por lo cual una de las condiciones indispensables para que pudiéramos disfrutar como es debido del furioso vendaval de notas y ritmos que se avecinaba se vio sobradamente cumplida. Desde que Myung salió a dar el pistoletazo de salida con las primeras notas que nos introducirían en la cañera “As I Am” pudimos empezar a comprobar varios aspectos que se terminarían por corroborar con el paso de los minutos y los temas. El primero de ellos, algo que ya me imaginaba, pero cuyas críticas al respecto nunca he acabado de compartir: ¿LaBrie canta mal? Si bien tanto sus fans como sus detractores no tendrán más remedio que reconocer que la interpretación de LaBrie en el show que nos ocupa fue sensacional, tampoco entendí las acaloradas críticas que ha recibido este hombre en los últimos años, pues en la gira de presentación española de “Train of Thought” también me pareció que el frontman ralló a un altísimo nivel. Ok, estoy de acuerdo que James ha ido mejorando como el buen vino con el paso de los años, pero no creo que se mereciera ni la mitad de las críticas que le han ido cayendo en tiempos pretéritos, por mucho que se le comparase con el resto de músicos que integran la banda. Espero que su memorable actuación sirva para callar bocas de una vez, pues dudo que el alarde de técnica y buenas maneras de las que se hizo servir para cuajar tan magna actuación con una facilidad aparentemente pasmosa pasaran desapercibidas ni tan siquiera para el más despistado de los sordos.
Poco puedo decir del concierto de los americanos en el apartado técnico: a esta gente no se les escapa una nota ni aunque los estén zarandeando mientras tocan. En el set list tuvieron cabida canciones de años ha como la replanteada “A Fortune in Lies” de su primerísimo “When Dream And Day Unite”, en la cual LaBrie hizo suyas las voces que en su día inmortalizara Dominici o “Under A Glass Moon”, en cuyo meridiano pudimos disfrutar enormemente de las virguerías de Petrucci y Rudess, que nos volvieron a enseñar, con el aporte inestimable de Portnoy, en qué consiste eso de “jugar con los tempos”. Para demostrarnos que vuelven a tener un grandioso disco nuevo en la calle
decidieron tocar seguidamente la creciente “Panic Attack” y la muy Un lujoso medley entre “Pull Me Under” y “Metropolis” cerraría la actuación de la banda de Petrucci de forma magistral. El primer tema, inevitable, como muchos ya sabéis tuvo una importancia relevante en su día para dar el salto al grueso de público que los descubriría para posteriormente declararse incondicional de los exMAJESTY con el paso de los años. Ellos lo saben y es y será un tema recordado con cariño de por vida, por lo cual por muchas veces que lo interpreten en directo nosotros nunca nos quejaremos. Gran acierto engarzar el confuso final del tema con la germinal “Metropolis-Part I”, que se adivinó un postre de lo más completo como culminación de una cena que había resultado de lo más apetitosa y variada para los comensales que se prestaron a degustarla. Deseando estoy ya de volverlos a ver, por lo cuál espero que las fechas de la gira de presentación de su “Octavarium” no se hagan esperar. IRON MAIDEN
Lo cierto es que los ingleses pueden presumir de albergar un puñado de obras maestras en su basta discografía, pero pocas de ellas las podríamos apuntillar con el apelativo de “irrepetibles”. “Iron Maiden”, “Killers”, “The Number Of The Beast” y “Piece of Mind” probablemente tengan el honor de que se les brinde tal consideración, aunque para quien aquí suscribe la magia en su estado más puro resida en las dos primeras, a pesar de que Bruce Dickinson no se encontrara en el seno de la banda. Si bien aquellos dos primeros álbumes posiblemente no sean el más claro ejemplo del paradigma musical que cultivarían a posteriori y por el que serían más reconocidos por la gran masa (paradigma quizá más bien definido por “The Number Of The Beast”), los dos primeros discos de la doncella poseen esa singularidad en las formas, esa producción y, en definitiva, esa magia que los hace especiales y que producen que ya tan sólo la galleta del cd nos impregne de esa fragancia puramente ochentera, unos ochenta en ciernes que dotarían a los años venideros de un rumbo musical insólito que a más de uno le haría perder la cabeza. Con esta premisa nostálgica y embaucadora a partes iguales muchos no tuvimos dudas en pegarnos el viajecito hasta Lorca para disfrutar de esos temas que nunca habíamos tenido la oportunidad de disfrutar en directo. Tras una hora de espera en las que los operarios se encargaron de montar y
preparar el escenario para la salida a escena de las huestes de Steve Harris
se apagaron las luces y con una puntualidad inglesa (de hecho, dos minutos antes
de la hora anunciada) se apagaron las luces y comenzó a sonar la fantástica
introducción que abre el disco “Killers” (“The Ides Of March”), hecho que por
lo menos en mí provocó que un escalofrío que no hacía sino presagiar lo mejor:
un momento único y un set list de ensueño que ahora llegaba. Quizá suene demasiado
baboso, pero “The Ides Of March” siempre me ha parecido el preámbulo perfecto
para iniciar un disco consiguiéndote poner en Con un escenario que intentaba simular a los de la primera época de la banda (pasarelas laterales con 2 farolas claramente deudoras del artwork de los dos primeros discos) y mientras veíamos como un telón del Eddie de la portada del segundo álbum iba ascendiendo flanqueado por una serie de luces, comenzaría el recital con una explosión pirotécnica de la mano de la completísima “Murders In The Rue Morgue”, un tema que desde mi punto de vista representa a la perfección lo que fueron IRON MAIDEN en sus comienzos: fuerza, garra, cambios de ritmo, líneas vocales pegadizas, composiciones elaboradas y una frescura nunca vista hasta entonces y a duras penas revisitada a posteriori. Evidentemente, muchos no podíamos imaginarnos un tema que ha sonado tantas veces en nuestro reproductor sin la voz original de Paul Di’Anno, aunque Bruce Dickinson (que, por cierto, salió a escena con un aspecto más desaliñado del habitual) fue bastante fiel a las composiciones originales; evidentemente no es lo mismo pero todos sabíamos que la voz de Bruce no nos iba a defraudar, pues ningún legado puede pesar a un vocalista de su talla. Dudo mucho que el mismísimo Paul pudiera hacerlo la mitad de bien que él en la actualidad. Con un público entregado pero algo parco de fuerzas (más de uno estaba chamuscado, podríamos decir) la banda se lanzó a interpretar “Another Life”, demostrándonos que esa noche Harris y los suyos estaban dispuestos a darnos más de una alegría a los allí presentes repasando temas del “Killers”. Cambios de ritmo, una base rítmica contundente y más de un guitarreo que nos recordó que por las fechas en las que fue concebido el tema, el “punk” era un estilo que todavía pegaba e influenciaba de una forma u otra a los inicios de la música más netamente heavy.
Un aspecto que ciertamente me agradó bastante fue el hecho de que el bajo de Harris sonara tan alto en la mezcla de directo, ya que uno de los encantos de las viejas composiciones es esa omnipresencia de las cuerdas más gruesas y esa agradable sensación de comprobar auditivamente quién es el que tira del carro, volviendo a tejer para nosotros un sonido irrepetible que marcó época. Si bien el papel del bajo de Steve sigue siendo especial incluso en los discos más recientes de la banda, el tratamiento que a éste se le dio hace más de dos décadas fue indiscutiblemente especial. Menuda gozada cuando empezó a sonar “Prowler”. Interpretación al milímetro y la voz algo rota de DiAnno en este tema bien replicada por un Bruce Disckinson que sabía de sobras cuál era el camino a seguir para ser lo más fiel posible a la esencia de la composición. Tras él vino “The Trooper” y con él el bajón de intensidad para unos (entre los que me incluyo) y el subidón para otros, posiblemente los menos familiarizados con el directo de la banda. Y es que algo estaba claro: los temas clásicos del set list habitual de la formación que se encuentran en los cuatro primeros discos de la doncella no iban a dejar de sonar. Sabía decisión… de marketing, por qué no decirlo. Ya lo hemos dicho a veces por aquí: dudo que Bruce Dickinson sienta una especial excitación cantando “The Trooper” y volviendo a levantar las banderitas situadas en los laterales elevados del escenario semana tras semana y año tras año, por mucho que durante su interpretación salga vestido de soldado. Por algo detrás de IRON MAIDEN hay dos empresas gestionando miles de historias. Lo que está claro es que por mucha gira especial que haya, no contentar a los fans que esperan un concierto de “greatest hits” (siempre los hay y los habrá) va en contra de los intereses de la banda. Tras ella volvimos a las andadas con la bicolor “Remember Tomorrow”, aquella
aparentemente sencilla balada que termina por convertirse en un medio tiempo
gracias al cambio de ritmo que encontramos en su meridiano. Solo conciso y tratamiento
instrumental sólido para este tema por muchos olvidado. Quizá fue a estas alturas
cuando empecé a comprobar que al sonido le faltaba algo de volumen para poder
sobrecogernos. No fue extraño que en algunos momentos dejáramos de escuchar
a la banda todo lo bien que quisiéramos como consecuencia de los cánticos de
los que se encontraban a nuestro alrededor. Posiblemente el viento y las limitaciones
legales en cuanto a watios permitidos para espectáculos en zonas urbanas al
aire libre tuvieron algo que decir a la hora de que se diera este detalle que,
afortunadamente, no dejó de ser eso, un detalle inapreciable para muchos. Ruidos de ametralladoras, explosiones… evidentemente la canción que iba a venir ahora solo podía ser “Where Eagles Dare”, tema que abre el “Piece of Mind” de forma tan contundente como sentenciosa. Otra de esas composiciones recibidas como agua de mayo, y es que… ¿qué decir de los temas que cambiaron la vida de muchos de los que allí nos encontrábamos? Riffs certeros, de cadencia prácticamente repetitiva y que perforan nuestras mentes como arma que destroza al enemigo. Las guitarras dobladas de Dave Murray y Adrian Smith se encargaron de hacer el resto, sobretodo en el epicentro del tema, con aquellas melodías tan características. Tras la ya conocida por todos “Run To The Hills”, no por ello temazo inferior al resto, llegaría la que es una de mis canciones favoritas de IRON MAIDEN, “Revelations”. O lo qué es lo mismo, como combinar con una maestría sobrecogedora pasajes baladísticos y voces tranquilas con rapidez y punteos netamente heavy metal. Menuda la labor de Dickinson a las cuerdas vocales. Del mismo modo que hiciera en 1983, no decepcionó ni al más exigente de los veteranos ( gente que a buen seguro doró su más afilada juventud en los años 80 y entre los que por desgracia no me encuentro). Entre los guitarrazos más netamente hard que caracterizan a algunos pasajes de dicho corte Bruce se encargó de animar a la concurrencia a gritar y levantar su puño, siempre y cuándo no se encontrara corriendo de un lado a otro del escenario mostrándonos su habitual buena forma física. En fin, que después de “Revelations” y lo que ya había oído hasta aquí me podía dar por satisfecho.
Tras “Wratchild” como otro de los temas clásicos de os primeros discos ineludibles
llegó la cañera e incisiva “Die With Your Boots On”, en la que a parte del potente
y grueso bajo de Harris destacaron los precisos solos que encontramos en la
segunda parte del tema. Oh, “Phantom Of The Opera”. Pues menuda también es esta.
La revolución que causó entre el respetable fue notable y es que no era para
menos… Sin embargo, me llamó la atención que Bruce no mantuviera los tonos tanto
como lo están en la canción original interpretada por Paul Di’Anno; desconozco
por qué fue así, pues capacidad nos ha demostrado tener de sobra. A pesar de
ello, este tema volvió a ser redondo y de poco nos hace saltar la lagrimita
el lento solo que se marca Dave Murray en plena mitad del tema para dar paso
al delirio en forma de guitarras dobladas que viene a “Hallowed Be Thy Name” y “Iron Maiden” serían los últimos temas que interpretaría la banda antes de desaparecer de escena y volver con los bises. Unos bises que para mi gusto fueron algo pobres. Si bien me esperaba la ineludible y singular “Running Free”, tanto “Drifter” como “Sanctuary” son temas que no creo que estén entre los mejores de la doncella. ¿Os imagináis haber terminado con un pletórico “Flight Of The Icarus”? No sólo fue esta composición la que me hubiera gustado escuchar, y creo no ser el único al que le hubiera gustado sobremanera disfrutar esa noche de un “Strange World” o un “Charlotte The Harlot”. Si estas canciones también hubieran sonado hubiera sido ya la repanocha… ¿tendremos la oportunidad de escucharlas alguna vez en directo? Poco queda ya por comentar. Quizá la gente estuvo algo más fría de lo que suele ser habitual en un concierto de IRON MAIDEN, pero es algo comprensible dado el palizón que la mayor parte de esas personas habían tenido que soportar durante todo el día y el cansancio acumulado. Por lo demás, un concierto excelente y un playlist que poco le faltó para ser de ensueño. STRYPER Solo una banda quedaba ya, la de los cristianitos de STRYPER. Bastante más
expectación de la esperada por todos (creo que incluso el grupo se sorprendió
bastante de que hubiera tanta gente esperando para verlos a ellos a esas horas)
y un escenario sencillo cuyo único atractivo eran Algunos pudieron comprobar como la banda se cogió de las manos y rezó antes de pisar el escenario, en un claro ejemplo de cobardía cristianoide, para acto seguido presentarse ante sus alocados fans al son de la introducción “Sing Along Song”, que incluye gritos de “aleluya” de fondo y demás pantomimas sonrojantes. La banda salió a escena sin su vestuario y parte del equipo al haberse extraviado éste en su viajecito hasta España. Por fortuna o por desgracia, la banda ya no viste los famosos y ridículos trajes a rallas a lo abeja malla de los ochenta, por lo cual tampoco creo que el impacto visual hubiera variado en demasía en el caso de que no se hubiera producido dicha pérdida. Entre el repertorio, destacar un “In God We Trust” modernizado que no hizo
gracia a casi nadie y que provocó que más de una cara se desencajara y un “To
Hell With The Devil” que sí que sonó Lo cierto es que en el concierto reinó más la emotividad creada por quienes
se morían de ganas de verles que por la calidad de la actuación en sí, ya que,
sin ser mala, en general pudimos ver a una banda algo falta de rodaje y con
un sonido poco compacto, en donde la guitarra de Oz no tan sólo sonaba de un
modo algo extraño, sino que su presencia a través de la PA adolecía de una incómoda
intermitencia. Eso sí, hay que reconocer que Michael Sweet posee a día de hoy
una voz ciertamente Musicalmente, ya digo, no fue un concierto necesariamente malo. Supongo que aunque no les llegue la sangre al cerebro una pequeña parte de ésta sí que va a parar a sus extremidades, hecho que les ha permitido hacerse con una cierta cantidad de seguidores incondicionales dentro del rock, a cada cuál más antiestético. Michael se conserva físicamente bastante mejor que el resto de la banda, ejerciendo
su papel de frontman con corrección y colgándose la
En fin, la propaganda terrorista que se cobija bajo el nombre de STRYPER desapareció finalmente de nuestras vistas y los pipas salieron a recoger el escenario mientras por la P.A. empezaba a sonar AC/DC… lástima que no fuera el Highway To Hell.
Texto: Penumbra / Fotos: Penumbra & Sergi Ramos |
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