Bares /Discotecas
Locales de ensayo
Bandas
Noticias
Blog
Crónicas
Agenda
Entrevistas
Audio Entrevistas
Recomendaciones
Novedades del mes
Archivo
Retrocríticas
DVD
Demos
Correo
Fan Interview
The Metal Circus
Login Usuario Password  
Registrarse Olvidé mi contraseña
Shoutbox
nicolas calmelsdijo:
aguante devildriver una de las mejores bandas q he escuchado
(29/07/2010 01:03:00)
headbangersdijo:
http://www.myspace.com/plagacivilkk escuchen este grupo, esta de puta madre... muy buen grunge
(13/07/2010 10:01:00)
Blitzdijo:
http://www.myspace.com/doriaoficial
(27/06/2010 01:04:00)
manolodijo:
Quien quiera conocer a BIG BANG!!!!
(22/06/2010 04:04:00)
Blitzdijo:
Joder, acabo de descubrir un grupo novel que suenan que te cagas: www.myspace.com/doriaoficial
(10/06/2010 02:00:00)
Jasminedijo:
Aerosmith, Kiss, Rolling Stones, Queen, Metallica y AC/DC ... LAS NEJORES BANDAS DE ROCK Y METAL DE LA HISTORIA DE LA MÚSICA!! CIERTO??? si no me apoyas entonces eres un ignorante!!
(10/06/2010 01:01:00)
El Tio Emiliodijo:
Tengo un almendrado, Campbell, quieres?
(28/05/2010 08:01:00)
BastardNationdijo:
juer ya no sale la publi de la tia medio en pelotas :S
(19/05/2010 06:04:00)
BastardNationdijo:
he vorvido
(12/05/2010 10:04:00)
Avantasiandijo:
que cancion, wini? campbell, como veo que en todo este tiempo aun no lo has pillado, te lo digo directamente: petame el ojete (...) UN BESO.
(26/04/2010 04:04:00)

Usuarios conectados:
62
FAQ / Ayuda
Staff

Conciertos del día

No tenemos registrados conciertos para hoy




Contacta con nosotros
Mensaje
Código de seguridad
captcha image

* Sensible a mayúsculas y minúsculas
LORCA ROCK 2005
Reportajes > LORCA ROCK 2005
28/06/2005 18/06/2005

El resto, no nos engañemos, conformaban una retahíla de bandas lo suficientemente dignas como para secundar lo que realmente iban a ser los platos fuertes de la noche, y que se encargarían de apoyar al señor San Lorenzo en su incómoda misión de caldear el ambiente durante los compases previos al desmelene más anhelado.

Asimismo, una serie de cuestiones que de forma paralela también iban a estar presentes en dicha maratoniana jornada: ¿Volvería a estar la organización a un gran nivel?, ¿Disfrutaríamos de un buen sonido durante la velada?, ¿Conseguirían Bruce Dickinson y compañía llegar a hacernos creer que nos encontrábamos en los añorados 80 por unas horas? ¿Sufrirían STRYPER una crisis epiléptica en el backstage mientras IRON MAIDEN estuvieran tocando “The Number of the Beast”?

LEGEN BELTZA

Los encargados de dar el pistoletazo de salida serían los vascos LEGEN BELTZA, que venían a mostrarnos por qué ahora mismo son una de las pocas formaciones que pueden sostener con tesón el estandarte del thrash metal europeo en nuestro país. ¿Qué nos ofrecieron? Composiciones musculosas y mucha caña que derrochar sobre el escenario, tal y como lo demostró el hecho de que no pararan quietos ni un instante, especialmente su bajista, cantante y frontman Xanti, que no dudó en comunicarse con el público entre tema y tema, transmitiendo muy buenas maneras. Lejos de amedrentarse, se les vio disfrutar sobre el escenario, a pesar de que el sonido del que estaba disfrutando el público adolecía de definición y sobretodo de contundencia. Entre las oleadas de riffs contundentes como los de “Legen Beltza” nos sorprendieron con un par de versiones de naturaleza contrapuesta: por un lado un “Over The Wall” de TESTAMENT en el que se dejaron los malditos dedos y por otro una pasadísima de revoluciones “Ace of Spades” de MÖTORHEAD, que obviamente arrancó más reacciones que la versión de la banda de Chuck Billy.

A la espera de poder disfrutar como es debido de los sangrantes temas de su “Total Insanity”, nos quedamos con una prometedora muestra de que tenemos “thrashing madness” para rato si en los años venideros siguen en sus trece. De momento esperemos que tanto esta actuación como la que ofrecieron en el Festimad hace unos días les sirvan para abrirles las puertas a un potencial público.

DRAGONFORCE

Si bien mucha gente disfrutó de la actuación de los vascos, se puede decir que pocos tuvieron la oportunidad de hacerlo visualmente, ya que la mayor parte del público todavía se encontraba abrasándose en la tremenda cola que se había generado a la entrada del recinto y sobredimensionado a causa de la algo tardía apertura de puertas. De bastante más público disfrutaron los señores de DRAGONFORCE. Lo cierto es que no deja de sorprender que esta banda esté disfrutando de una notable popularidad en su tierra natal, el Reino Unido, pues todos sabemos que el devenir del mercado musical inglés se rige por un libre albedrío bastante alejado de los patrones europeos predominantes, siendo el heavy clásico y el power estilos bastante muertos por allí arriba desde hace un buen puñado de años. ¿Está resurgiendo el heavy clásico en el Reino Unido?

DRAGONFORCE son una de esas bandas que se engloban de lleno en el deshilachado saco del power metal de corte europeo, pero eso sí, sus discos hacen gala de una factura exquisita dentro de los parámetros habituales que solemos encontrar en dicha tendencia. Su segundo y hasta ahora último disco “Sonic Firestorm” atestigua lo dicho: veloces, raudos, amantes del doble bombo, de las melodías vocales y, sobretodo, de unos solos tan técnicos como vertiginosos. Sin embargo, esperaba que la banda hiciese aguas en cuanto a directo se refiere, básicamente por el pinchazo sonoro al que se suelen enfrentar este estilo de bandas cuando se ha de cumplir la singular misión de ejercer de teloneros o de participar en un gran festival. Muy posiblemente a causa de esta predisposición de tintes ciertamente nefastos con los que encaraba la actuación resultó que finalmente no me decepcionaron, a diferencia de gran parte de la concurrencia que a lo mejor sí que esperaba un sonido impoluto.

Con canciones como “Fury of the Storm” pudimos comprobar alguno de los puntos fuertes de la formación como podrían ser la inclusión de blast beats, elemento que contribuye sobremanera a dotar a las composiciones de una diversidad que de otra forma podría quedar en entredicho, o bien los alucinantes solos del oriental Herman Li, que dejó a más de uno con la boca abierta dada su facilidad y técnica a la hora de recorrer el mástil. “Joder con el chino”, le oí decir a más de uno. Y es que este señor nada tiene que envidiar a guitarristas de contrastado nivel que cumplen una función semejante en otras bandas más reconocidas (como podría ser el caso de Henjo Richter de GAMMA RAY, otro pedazo de hacha con gran habilidad para los solos). En contrapartida, encontramos la discreta labor de Theart a las voces, que lejos de los tonos que nos demuestra en el disco, en escena nos mostró ciertas carencias que no puedo asegurar si obedecen a una falta de técnica o simplemente a un mal día. Sea como fuere, lo cierto es que si bien no dio la talla y bajó bastante los tonos, tampoco desafinó tanto como algunos creen. “Black Fire”, “Black Winter Night” y “Soldiers of the Wasteland”, fueron otros de los temas en sonar, siendo cada uno de ellos de una duración considerable y logrando equilibrar la balanza entre las composiciones de su primera obra de estudio y las de su último plástico.

Mención a parte merece la puesta en escena de la banda, activa como pocas, siendo todos ellos culos de mal asiento, como diría la difunta abuela que nunca tuve. Una pequeña plataforma instalada en la parte central del escenario servía de trampolín para que los dos guitarristas saltaran continuamente de él y el cantante hiciera lo propio, no siendo esto estorbo para las recurridas carreritas por encima del escenario tuvieran lugar. Esta actitud sumada a los consabidos detalles simpáticos hacia el público por parte de cada uno de los componentes hizo que la banda lograse ganarse la simpatía de gran parte del respetable. Como anécdota destacar que tanto Herman como Sam (guitarras) tenían adheridos al pie de sus respectivos micrófonos unos refrescos que iban sorbiendo con una pajita a medida que tocaban (sí, sí, como lo leéis). Por su parte, el voceras Theart nos deleitó con un “solo de botella de agua” cuando hizo ver que se masturbaba para luego estrujar la botella y mojar a las primeras filas a modo de eyaculación. Algunos de estos detalles también provocaron que más de uno expresara su malestar creyendo que había ido al circo en vez de a un concierto de metal. Pero bueno, que cada uno se queje de lo que le dé la gana y todos tan contentos. En definitiva, una actuación que si bien a mí me agradó en cierta medida, a otros no les hizo ni la menos gracia.

ANGRA

Los siguientes en aparecer serían los brasileños ANGRA que, recordemos, habían entrado en el cartel como recambio de última hora en sustitución de los alemanes RUNNING WILD. Si bien mi intención era la de resarcirme del sabor de boca agridulce que me había dejado la banda de Kiko Loureiro a su paso por la barcelonesa sala Razzmatazz 2 como consecuencia del mal sonido de que fueron víctimas en aquella ocasión, poco me iba a imaginar yo que la experiencia de este sábado iba a volver a estar gafada. La puntualidad con la que las dos bandas precedentes habían saltado a escena había resultado sorprendente, por lo cual cuando comencé a ver que pasaba de largo la hora establecida y que en el escenario había menos vida que en el cerebro de George Bush muchos comenzamos a temer lo peor. Finalmente, la banda pisó las tablas con 45 minutos de retraso. Por lo visto, serios problemas con el kit de batería (al parecer la banda olvidó la mitad en Brasil) provocaron este desfase que traería consigo las fatídicas consecuencias para el grupo y, sobretodo, para el público que deseaba disfrutar de una actuación con todas las de la ley: ANGRA (que, por cierto, fueron teloneros de DRAGONFORCE en su periplo por tierras inglesas) tan sólo pudieron interpretar cinco temas de su repertorio para que de esa forma el resto de horarios previstos para ese día no se desmontasen por completo. Para colmo, el sonido de los tres primeros temas (“Spread Your Fire”, “Waiting Silence” y “Acid Rain”) fue por lo visto bastante nefasto. Y digo por lo visto porque el sonido que nos llegaba al foso de fotógrafos era medianamente correcto. Cuando estos problemas fueron subsanados poco tiempo les quedaba ya a los brasileños para mostrarnos su valía, tal y como se encargó de transmitir Edu al público.

Por ello, y a pesar del notable cabreo interno que llevaban, fueron a por faena y arremetieron con un “Nothing To Say” y con un “Carry On” que ahora sí sonaron de fábula y que, especialmente el segundo, fueron lógicamente los temas más coreados de la actuación y que nos mostraron a un Falaschi que cada vez canta mejor los temas de Matos, teniendo siempre en cuenta las diferencias de tono y timbre que separan a ambos vocalistas. La interpretación de la banda, incidencias a parte, fue de lo más correcta, aunque quizá en algún momento se mostraran algo cohibidos dado lo incómodo de la situación. Así pues, sería ilícito no destacar las buenas formas y la profesionalidad que mostraron en todo momento, a pesar de que tendremos todavía que esperar para volver a disfrutar de uno de esos shows tremendos que sabemos que nos pueden ofrecer, tal y como nos demostraron hace unos veranos en el extinto festival Rock Machina. De momento, nos quedamos con lo bueno que pudimos sacar de lo poco que vimos.

LACUNA COIL

Eran ya muchas horas al sol las que el público llevaba encima y fue durante el concierto de LACUNA COIL cuando vi la mayor cantidad de desmayos e insolaciones. Y es que a veces cabe recordar que un poco de crema solar y una gorra nunca están de más para evitar que el Sol caliente continuamente nuestras azoteas y luego lo tengamos que lamentar. Eso sin olvidar que la cantidad de líquido ingerida ha de ser notable y medianamente constante.

A causa de dicho calor asediante y del cambio de estilo brusco que suponía la actuación de un grupo de gothic metal como lo son los italianos no fueron pocos los “heavies duros” que decidieron retirarse en busca de sombra y descanso, aunque ello no repercutió en la cantidad de público que se plantó ante el escenario, pues en estos momentos es cuando el Huerto De La Rueda ya comenzaba a albergar a la totalidad de las almas que disfrutarían de los platos fuertes de la velada.

Lo cierto es que LACUNA COIL no es uno de los grupos de gothic metal que más me gustan (estilo que me apasiona tanto como cualquier otro), pero sin embargo he de reconocer que Cristina y los suyos han sabido labrarse un sonido propio y en cierta manera identificativo que han ido puliendo desde el primer disco sin abandonar sus señas características en ningún momento. Así pues, la banda puso en marcha la maquinaria que tanto les funciona en directo, donde predominan ciertos aspectos de la escenografía muy bien cuidados que hacen ganar al grupo enteros en el apartado visual, tales como los movimientos (en su mayoría headbangings) al unísono por parte de sus miembros al ritmo de los guitarrazos que inundan los temas o el estricto negro de su vestuario de directo, aunque para estas últimas giras parecen haber abandonado los ropajes consistentes en largas telas negras que los hacían asemejarse en cierta manera a alguno de los cenobitas de Hellraiser.

Para la elección del set list decidieron tirar de los temas más o menos habituales (a pesar de un tema inédito que irá incluido en su próximo álbum), todos ellos buques insignes de los comunes denominadores que aúnan la música de los italianos: atmósferas góticas tranquilas, lentas y bastante reacias a caer en los terrenos más descaradamente melódicos de los que sí hacen gala otros grupos del estilo. Desde que el grupo empezara con “Swamped” os puedo asegurar que todo el público que estaba predispuesto a gozar de la actuación de LACUNA COIL cayó rendido a los pies de los italianos, a pesar de que la claridad de sonido, sin ser para nada mala, mejoraría todavía un poco con el paso de los temas. A destacar como sonó un “Heaven’s a Lie” que por lo menos a mí me hizo gozar como un enano. No en vano, pienso que es una de las mejores y más acertadas composiciones que tiene en su haber la banda.

A pesar de que cómo he dicho por lo general pudimos disfrutar de un sonido bastante bueno, claro y contundente, algunas de las partes pregrabadas (en su mayoría líneas vocales que no interpreta Cristina en directo) quedaron muy bajas, siendo éstas prácticamente anuladas por el grosor del sonido de las guitarras, tal y cómo pudimos comprobar en el puente de “To Live Is To Hide”, una de las canciones más remarcables del “Unleashed Memories”.

Si bien el enfrentamiento voz femenina-masculina “a lo Pimpinela” es una de las constantes en la muchas de las composiciones de la banda (tal y cómo pudimos comprobar en “Senzafine”), sobre las tablas quedó demostrado que tanto el embaucador timbre de la señorita Scabbia como su manifiesta belleza son los reclamos fundamentales para el seguidor medio y/u ocasional, siendo el papel de Andrea Ferro relegado en muchas ocasiones a un plano inexistente.

Evidentemente, algunos pequeños detalles jugaron en contra de los intereses de la banda, como por ejemplo el hecho de que una formación de un estilo presumiblemente oscuro y apesadumbrado tenga que tocar a plena luz del día, pero ya se sabe que estas cosas ocurren normalmente en todo tipo de festivales. Si bien no es oro todo lo que reluce, tampoco ha de dejar de ser oscuro todo lo que no acoge la noche en su regazo.

Para mucha gente fue incomprensible que LACUNA COIL tocara tanto tiempo y después de ANGRA en un festival de estas características, aunque seguramente muchas de estas personas desconozcan el nivel de popularidad y, sobretodo, de ventas que la banda a alcanzado en los dos últimos años tanto en Europa (no tanto en España) como en Norteamérica, por lo cuál su status más objetivo legitimaba su posición en el cartel.

Como curiosidad, destacar la acalorada discusión que mantuvieron Marco (bajista) y Cristina en el backstage antes de salir a escena. Recordemos que ambos componentes se encontraban hasta hace poco inmersos en una relación sentimental… y es que mezclar amor y trabajo nunca fue nada provechoso…

DREAM THEATER

DREAM THEATER eran sin lugar a dudas el principal atractivo del cartel junto a IRON MAIDEN. Si bien al lado de la parrilla de horarios vimos que los newyorkinos actuarían durante el “nightfall” (textual) lo cierto es que desde que Mike Portnoy agarrara las baquetas todavía pasaría bastante tiempo hasta que el indeseado sol dejara de incordiar y diera paso a la caída de la noche. De hecho, a estas horas el sol daba de frente al público y prácticamente de espaldas a los músicos, hecho que incomodó bastante y que dificultó la tarea a los que tuvimos que lanzar fotos desde el foso.

En la rueda de prensa previa al concierto Jordan Rudess y James LaBrie ya nos habían advertido que su intención es que este volviera a ser un concierto especial en el que tuvieran la oportunidad de brindar a sus fans canciones tanto de su nueva obra de estudio como clásicos de la banda que a muy buen seguro muchos esperaban ansiosamente, todo ello confeccionado a partir de una serie de canciones de conjunción singular ya que, como muchos sabéis, a la banda no le gusta repetir un mismo set list (de hecho, comentaron que creían no haber repetido un set list dos noches seguidas jamás), por lo que no íbamos a encontrar necesariamente demasiadas semejanzas con sus últimos conciertos por España.

DREAM THEATER sí que podemos decir sin temor a equivocarnos que gozaron de un sonido impoluto de principio a fin, por lo cual una de las condiciones indispensables para que pudiéramos disfrutar como es debido del furioso vendaval de notas y ritmos que se avecinaba se vio sobradamente cumplida.

Desde que Myung salió a dar el pistoletazo de salida con las primeras notas que nos introducirían en la cañera “As I Am” pudimos empezar a comprobar varios aspectos que se terminarían por corroborar con el paso de los minutos y los temas. El primero de ellos, algo que ya me imaginaba, pero cuyas críticas al respecto nunca he acabado de compartir: ¿LaBrie canta mal? Si bien tanto sus fans como sus detractores no tendrán más remedio que reconocer que la interpretación de LaBrie en el show que nos ocupa fue sensacional, tampoco entendí las acaloradas críticas que ha recibido este hombre en los últimos años, pues en la gira de presentación española de “Train of Thought” también me pareció que el frontman ralló a un altísimo nivel. Ok, estoy de acuerdo que James ha ido mejorando como el buen vino con el paso de los años, pero no creo que se mereciera ni la mitad de las críticas que le han ido cayendo en tiempos pretéritos, por mucho que se le comparase con el resto de músicos que integran la banda. Espero que su memorable actuación sirva para callar bocas de una vez, pues dudo que el alarde de técnica y buenas maneras de las que se hizo servir para cuajar tan magna actuación con una facilidad aparentemente pasmosa pasaran desapercibidas ni tan siquiera para el más despistado de los sordos.

Por otra parte, y aunque no quiera lanzar puñales envenenados hacia ningún sector de gente, hay otro aspecto que no me cabe en la cabeza; no entiendo a todos aquellos que sostienen que les desagradan DREAM THEATER por el hecho de ser una banda ultra-técnica que, según ellos, descuida el transmitir cualquier tipo de emoción. ¿Va en serio? ¿Realmente hay personas que no vean la emotividad por ningún lado en canciones que sonaron esa noche como “The Spirit Carries On” o “Never Enough” o en los mil y un pasajes cargados de sentimientos que podemos encontrar a lo largo de “Metropolis Pt 2: Scenes For A Memory”? Pero bueno, ya se sabe, para gustos los colores.

Poco puedo decir del concierto de los americanos en el apartado técnico: a esta gente no se les escapa una nota ni aunque los estén zarandeando mientras tocan. En el set list tuvieron cabida canciones de años ha como la replanteada “A Fortune in Lies” de su primerísimo “When Dream And Day Unite”, en la cual LaBrie hizo suyas las voces que en su día inmortalizara Dominici o “Under A Glass Moon”, en cuyo meridiano pudimos disfrutar enormemente de las virguerías de Petrucci y Rudess, que nos volvieron a enseñar, con el aporte inestimable de Portnoy, en qué consiste eso de “jugar con los tempos”.

Para demostrarnos que vuelven a tener un grandioso disco nuevo en la calle decidieron tocar seguidamente la creciente “Panic Attack” y la muy “marca de la casa” “Never Enough”. Cualquiera diría que llevan tocándolas años, y es que estos duendecillos de extremidades mágicas no muestran ni la más nimia de las fisuras en sus interpretaciones. El ultra virtuoso “Peruvian Skies” daría paso a una traca final que muy pocos hubieran imaginado. Dos sonados temas de la que para muchos es su mejor obra (me incluyo), “Scenes From a Memory”, con los cuales la concurrencia se mostró tan emocionada como radiante; por una parte el desesperante, rabioso y magnífico “Fatal Tragedy” y por otro la emocional “Spirits Carries On”, que fueron seguidas con gran atención por la mayoría de los que allí nos encontrábamos. Podrían haber tocado cualquier canción de dicho disco para meterse a los fans en el bolsillo, pues no cabe duda de que dicha obra tiene un toque que hace especial a todo lo contenido en ella…

Un lujoso medley entre “Pull Me Under” y “Metropolis” cerraría la actuación de la banda de Petrucci de forma magistral. El primer tema, inevitable, como muchos ya sabéis tuvo una importancia relevante en su día para dar el salto al grueso de público que los descubriría para posteriormente declararse incondicional de los exMAJESTY con el paso de los años. Ellos lo saben y es y será un tema recordado con cariño de por vida, por lo cual por muchas veces que lo interpreten en directo nosotros nunca nos quejaremos. Gran acierto engarzar el confuso final del tema con la germinal “Metropolis-Part I”, que se adivinó un postre de lo más completo como culminación de una cena que había resultado de lo más apetitosa y variada para los comensales que se prestaron a degustarla. Deseando estoy ya de volverlos a ver, por lo cuál espero que las fechas de la gira de presentación de su “Octavarium” no se hagan esperar.

IRON MAIDEN

Por fin cayó la noche en todo su esplendor. Y con ella el plato fuerte de la velada, unos IRON MAIDEN que recalaban en Murcia para ofrecernos una única actuación en España como parte de los shows especiales que están llevando a cabo este verano bajo el nombre de “Eddie Rips Up The World”.

Lo cierto es que los ingleses pueden presumir de albergar un puñado de obras maestras en su basta discografía, pero pocas de ellas las podríamos apuntillar con el apelativo de “irrepetibles”. “Iron Maiden”, “Killers”, “The Number Of The Beast” y “Piece of Mind” probablemente tengan el honor de que se les brinde tal consideración, aunque para quien aquí suscribe la magia en su estado más puro resida en las dos primeras, a pesar de que Bruce Dickinson no se encontrara en el seno de la banda. Si bien aquellos dos primeros álbumes posiblemente no sean el más claro ejemplo del paradigma musical que cultivarían a posteriori y por el que serían más reconocidos por la gran masa (paradigma quizá más bien definido por “The Number Of The Beast”), los dos primeros discos de la doncella poseen esa singularidad en las formas, esa producción y, en definitiva, esa magia que los hace especiales y que producen que ya tan sólo la galleta del cd nos impregne de esa fragancia puramente ochentera, unos ochenta en ciernes que dotarían a los años venideros de un rumbo musical insólito que a más de uno le haría perder la cabeza. Con esta premisa nostálgica y embaucadora a partes iguales muchos no tuvimos dudas en pegarnos el viajecito hasta Lorca para disfrutar de esos temas que nunca habíamos tenido la oportunidad de disfrutar en directo.

Tras una hora de espera en las que los operarios se encargaron de montar y preparar el escenario para la salida a escena de las huestes de Steve Harris se apagaron las luces y con una puntualidad inglesa (de hecho, dos minutos antes de la hora anunciada) se apagaron las luces y comenzó a sonar la fantástica introducción que abre el disco “Killers” (“The Ides Of March”), hecho que por lo menos en mí provocó que un escalofrío que no hacía sino presagiar lo mejor: un momento único y un set list de ensueño que ahora llegaba. Quizá suene demasiado baboso, pero “The Ides Of March” siempre me ha parecido el preámbulo perfecto para iniciar un disco consiguiéndote poner en tensión de una forma inteligente.

Con un escenario que intentaba simular a los de la primera época de la banda (pasarelas laterales con 2 farolas claramente deudoras del artwork de los dos primeros discos)  y mientras veíamos como un telón del Eddie de la portada del segundo álbum iba ascendiendo flanqueado por una serie de luces, comenzaría el recital con una explosión pirotécnica de la mano de la completísima “Murders In The Rue Morgue”, un tema que desde mi punto de vista representa a la perfección lo que fueron IRON MAIDEN en sus comienzos: fuerza, garra, cambios de ritmo, líneas vocales pegadizas, composiciones elaboradas y una frescura nunca vista hasta entonces y a duras penas revisitada  a posteriori. Evidentemente, muchos no podíamos imaginarnos un tema que ha sonado tantas veces en nuestro reproductor sin la voz original de Paul Di’Anno, aunque Bruce Dickinson (que, por cierto, salió a escena con un aspecto más desaliñado del habitual) fue bastante fiel a las composiciones originales; evidentemente no es lo mismo pero todos sabíamos que la voz de Bruce no nos iba a defraudar, pues ningún legado puede pesar a un vocalista de su talla. Dudo mucho que el mismísimo Paul pudiera hacerlo la mitad de bien que él en la actualidad.

Con un público entregado pero algo parco de fuerzas (más de uno estaba chamuscado, podríamos decir) la banda se lanzó a interpretar “Another Life”, demostrándonos que esa noche Harris y los suyos estaban dispuestos a darnos más de una alegría a los allí presentes repasando temas del “Killers”. Cambios de ritmo, una base rítmica contundente y más de un guitarreo que nos recordó que por las fechas en las que fue concebido el tema, el “punk” era un estilo que todavía pegaba e influenciaba de una forma u otra a los inicios de la música más netamente heavy.

25 años han pasado desde que estas composiciones vieran la luz y a día de hoy siguen sorprendiendo a más de un chaval (o no tan chaval) que los descubre… lo cual vuelve a demostrar que la buena música en un marco temporal es imperecedera.

Un aspecto que ciertamente me agradó bastante fue el hecho de que el bajo de Harris sonara tan alto en la mezcla de directo, ya que uno de los encantos de las viejas composiciones es esa omnipresencia de las cuerdas más gruesas y esa agradable sensación de comprobar auditivamente quién es el que tira del carro, volviendo a tejer para nosotros un sonido irrepetible que marcó época. Si bien el papel del bajo de Steve sigue siendo especial incluso en los discos más recientes de la banda, el tratamiento que a éste se le dio hace más de dos décadas fue indiscutiblemente especial.

Menuda gozada cuando empezó a sonar “Prowler”. Interpretación al milímetro y la voz algo rota de DiAnno en este tema bien replicada por un Bruce Disckinson que sabía de sobras cuál era el camino a seguir para ser lo más fiel posible a la esencia de la composición. Tras él vino “The Trooper” y con él el bajón de intensidad para unos (entre los que me incluyo) y el subidón para otros, posiblemente los menos familiarizados con el directo de la banda. Y es que algo estaba claro: los temas clásicos del set list habitual de la formación que se encuentran en los cuatro primeros discos de la doncella no iban a dejar de sonar. Sabía decisión… de marketing, por qué no decirlo. Ya lo hemos dicho a veces por aquí: dudo que Bruce Dickinson sienta una especial excitación cantando “The Trooper” y volviendo a levantar las banderitas situadas en los laterales elevados del escenario semana tras semana y año tras año, por mucho que durante su interpretación salga vestido de soldado. Por algo detrás de IRON MAIDEN hay dos empresas gestionando miles de historias. Lo que está claro es que por mucha gira especial que haya, no contentar a los fans que esperan un concierto de “greatest hits” (siempre los hay y los habrá) va en contra de los intereses de la banda.

Tras ella volvimos a las andadas con la bicolor “Remember Tomorrow”, aquella aparentemente sencilla balada que termina por convertirse en un medio tiempo gracias al cambio de ritmo que encontramos en su meridiano. Solo conciso y tratamiento instrumental sólido para este tema por muchos olvidado. Quizá fue a estas alturas cuando empecé a comprobar que al sonido le faltaba algo de volumen para poder sobrecogernos. No fue extraño que en algunos momentos dejáramos de escuchar a la banda todo lo bien que quisiéramos como consecuencia de los cánticos de los que se encontraban a nuestro alrededor. Posiblemente el viento y las limitaciones legales en cuanto a watios permitidos para espectáculos en zonas urbanas al aire libre tuvieron algo que decir a la hora de que se diera este detalle que, afortunadamente, no dejó de ser eso, un detalle inapreciable para muchos.

Ruidos de ametralladoras, explosiones… evidentemente la canción que iba a venir ahora solo podía ser “Where Eagles Dare”, tema que abre el “Piece of Mind” de forma tan contundente como sentenciosa. Otra de esas composiciones recibidas como agua de mayo, y es que… ¿qué decir de los temas que cambiaron la vida de muchos de los que allí nos encontrábamos? Riffs certeros, de cadencia prácticamente repetitiva y que perforan nuestras mentes como arma que destroza al enemigo. Las guitarras dobladas de Dave Murray y Adrian Smith se encargaron de hacer el resto, sobretodo en el epicentro del tema, con aquellas melodías tan características.

Tras la ya conocida por todos “Run To The Hills”, no por ello temazo inferior al resto, llegaría la que es una de mis canciones favoritas de IRON MAIDEN, “Revelations”. O lo qué es lo mismo, como combinar con una maestría sobrecogedora pasajes baladísticos y voces tranquilas con rapidez y punteos netamente heavy metal. Menuda la labor de Dickinson a las cuerdas vocales. Del mismo modo que hiciera en 1983, no decepcionó ni al más exigente de los veteranos ( gente que a buen seguro doró su más afilada juventud en los años 80 y entre los que por desgracia no me encuentro). Entre los guitarrazos más netamente hard que caracterizan a algunos pasajes de dicho corte Bruce se encargó de animar a la concurrencia a gritar y levantar su puño, siempre y cuándo no se encontrara corriendo de un lado a otro del escenario mostrándonos su habitual buena forma física. En fin, que después de “Revelations” y lo que ya había oído hasta aquí me podía dar por satisfecho.

El contacto y el atractivo visual hay que decir que tal y como viene siendo habitual fue constante. No faltó el ineludible “Scream for me Lorca” de Dickinson ni las florituras malabaristas de Janick Gers con la guitarra. Claramente Janick es el que tiene menos peso instrumental de los tres hachas de la banda, pero sin embargo no deja de asombrarme hasta que nivel ha llegado a considerar su guitarra como instrumento apto para lanzar, menear, pasarse por la espalda y vete a saber tú qué otras doscientas cosas más. Maestría para tales menesteres no le faltan, pues menuda precisión tiene el tío. ¿Y el amigo Eddie? Por supuesto, no faltó a la cita en sus múltiples personificaciones. No contento con aparecer en todos y cada uno de los telones del fondo y del escenario también hizo acto de presencia en forma de diablo rojizo con cabeza movil desde la parte trasera del escenario (elevado, como viene siendo habitual mediante un juego de poleas) durante “The Number Of The Beast”, compartiendo impacto visual con el “666” de bombillas intermitentes y un buen puñado de llamarazos directamente traídos del infierno. Otro pedazo de Eddie elevado por poleas al que se le habría la tapa de los sesos y movía los hombros en pleno ataque de “baile de sambito” y el Eddie hidráulico que sale a pasearse por el escenario para pelearse básicamente con Janick Gers (y que salió vestido con una camiseta hecha harapos y unos tejanos en un claro guiño ochentero) terminaron por satisfacer las ansias de protagonismo de nuestra mascota preferida. 

Tras “Wratchild” como otro de los temas clásicos de os primeros discos ineludibles llegó la cañera e incisiva “Die With Your Boots On”, en la que a parte del potente y grueso bajo de Harris destacaron los precisos solos que encontramos en la segunda parte del tema. Oh, “Phantom Of The Opera”. Pues menuda también es esta. La revolución que causó entre el respetable fue notable y es que no era para menos… Sin embargo, me llamó la atención que Bruce no mantuviera los tonos tanto como lo están en la canción original interpretada por Paul Di’Anno; desconozco por qué fue así, pues capacidad nos ha demostrado tener de sobra. A pesar de ello, este tema volvió a ser redondo y de poco nos hace saltar la lagrimita el lento solo que se marca Dave Murray en plena mitad del tema para dar paso al delirio en forma de guitarras dobladas que viene a continuación. Quizá no sea la panacea del virtuosismo, pero la verdad es que la combinación de dichos punteos con la omnipresente base rítmica cortesía de Steve y Nicko siempre me ha resultado altamente seductora. Y de nuevo la nostalgia.

“Hallowed Be Thy Name” y “Iron Maiden” serían los últimos temas que interpretaría la banda antes de desaparecer de escena y volver con los bises. Unos bises que para mi gusto fueron algo pobres. Si bien me esperaba la ineludible y singular “Running Free”, tanto “Drifter” como “Sanctuary” son temas que no creo que estén entre los mejores de la doncella. ¿Os imagináis haber terminado con un pletórico “Flight Of The Icarus”? No sólo fue esta composición la que me hubiera gustado escuchar, y creo no ser el único al que le hubiera gustado sobremanera disfrutar esa noche de un “Strange World” o un “Charlotte The Harlot”. Si estas canciones también hubieran sonado hubiera sido ya la repanocha… ¿tendremos la oportunidad de escucharlas alguna vez en directo?

Poco queda ya por comentar. Quizá la gente estuvo algo más fría de lo que suele ser habitual en un concierto de IRON MAIDEN, pero es algo comprensible dado el palizón que la mayor parte de esas personas habían tenido que soportar durante todo el día y el cansancio acumulado. Por lo demás, un concierto excelente y un playlist que poco le faltó para ser de ensueño.

STRYPER

Solo una banda quedaba ya, la de los cristianitos de STRYPER. Bastante más expectación de la esperada por todos (creo que incluso el grupo se sorprendió bastante de que hubiera tanta gente esperando para verlos a ellos a esas horas) y un escenario sencillo cuyo único atractivo eran cuatro telas a rayas negras y amarillas (los colores característicos de la banda) eran los prolegómenos principales de la salida de Michael Sweet y los suyos a escena.

Algunos pudieron comprobar como la banda se cogió de las manos y rezó antes de pisar el escenario, en un claro ejemplo de cobardía cristianoide, para acto seguido presentarse ante sus alocados fans al son de la introducción “Sing Along Song”, que incluye gritos de “aleluya” de fondo y demás pantomimas sonrojantes.

La banda salió a escena sin su vestuario y parte del equipo al haberse extraviado éste en su viajecito hasta España. Por fortuna o por desgracia, la banda ya no viste los famosos y ridículos trajes a rallas a lo abeja malla de los ochenta, por lo cual tampoco creo que el impacto visual hubiera variado en demasía en el caso de que no se hubiera producido dicha pérdida.

Entre el repertorio, destacar un “In God We Trust” modernizado que no hizo gracia a casi nadie y que provocó que más de una cara se desencajara y un “To Hell With The Devil” que sí que sonó francamente bien, siendo éste posiblemente el hit single por antonomasia de la banda. El momento más desastroso musicalmente hablando llegaría con esos dos esperpentos de temas pertenecientes a lo que será su próximo álbum, canciones con un aire modernillo que sin lugar a dudas fueron lo peor que se pudo escuchar sobre el escenario del Lorca Rock ese día.

Lo cierto es que en el concierto reinó más la emotividad creada por quienes se morían de ganas de verles que por la calidad de la actuación en sí, ya que, sin ser mala, en general pudimos ver a una banda algo falta de rodaje y con un sonido poco compacto, en donde la guitarra de Oz no tan sólo sonaba de un modo algo extraño, sino que su presencia a través de la PA adolecía de una incómoda intermitencia. Eso sí, hay que reconocer que Michael Sweet posee a día de hoy una voz ciertamente cuidada, tal y como quedó demostrado en más de un agudo con el que deleitó a su concurrencia. Y de esta guisa fueron cayendo los temas: “The Way” (donde Michael demostró muy buenas formas tonales, que no ideológicas), “More Than A Man”, “Soldiers Under Command”,  o la pastelosa y acaramelada “Honestly”.Pudimos ver asimismo a un Robert Sweet que hizo en varios momentos el símbolo de la cruz con sus baquetas (ridículo) y que tocó su batería de lado, tal y cómo lo ha hecho siempre, lo cual no dejó de llamar la atención del público que no los conocía demasiado. Como anécdota decir que el plato que quedaba a espaldas de Robert se fue al suelo un par de veces a consecuencia de la plataforma irregular sobre la que estaba colocado

Musicalmente, ya digo, no fue un concierto necesariamente malo. Supongo que aunque no les llegue la sangre al cerebro una pequeña parte de ésta sí que va a parar a sus extremidades, hecho que les ha permitido hacerse con una cierta cantidad de seguidores incondicionales dentro del rock, a cada cuál más antiestético.

Michael se conserva físicamente bastante mejor que el resto de la banda, ejerciendo su papel de frontman con corrección y colgándose la guitarra en algunas canciones, pero a pesar de eso hay cosas que no me cuadran, como por ejemplo sus amanerados movimientos: ¿un gay promulgando y haciendo apología de la palabra del señor? Seguro que la Iglesia estaría encargada de condenarlo… Siempre han corrido rumores sobre la condición sexual del señor en cuestión, rumores que después de lo visto en escena a mí me quedan más claros y que no me importarían ni me llamaran la atención si no fuera por el carácter mesiánico del susodicho.

El concierto finalizó con la pantomima más vergonzosa y detestable que he visto en mi vida sobre un escenario: una oración a cargo de Michael, ante la cual se ordenó guardar silencio a la concurrencia, mientras toda la banda se encontraba al fondo “concentrada” y  mirando al suelo. Vaya, una actitud sectaria altamente lamentable. Mientras Michael iba diciendo sus tonterías con una mano levantada y con la otra tapándose la cara (algo del rollo “Dios habla a través de mí” o algo así) un personaje se encontraba a su lado traduciendo su discursito en inglés… aunque lo cierto es que mucha idea de traducir no parecía tener. En definitiva, equiparable a la farfullada circense de DiMaio y sus MANOWAR pero en otro terreno. Desgraciadamente, Michael prometió que volverían a España…

En fin, la propaganda terrorista que se cobija bajo el nombre de STRYPER desapareció finalmente de nuestras vistas y los pipas salieron a recoger el escenario mientras por la P.A. empezaba a sonar AC/DC… lástima que no fuera el Highway To Hell.

El festival finalizó con un éxito rotundo de asistencia y con la mayor parte de los objetivos previstos cumplidos. Si alguien quiere conocer algunos aspectos más concernientes al recinto y a la organización, le remito al breve repaso que hizo Sergi Ramos para esta misma web hace unos días a modo de avance. Por mi parte, sólo decir que si bien no todo fue perfecto, sí que volvió a rallar a gran altura, muy a pesar de las quejas de muchos, quejas que queramos o no son inevitables, sobretodo teniendo en cuenta que a la historia pasó el heavy todoterreno de hace un par de décadas; ahora cualquier incomodidad ya es motivo para los sollozos. Señores, que se van a un maldito festival, no a un hotel de cinco estrellas. Por lo demás, vale la pena destacar que imperó el buen rollo y que no hubo ningún incidente, volviendo a quedar demostrado que los amantes del rock duro sabemos como disfrutar de un evento como éste. ¡Que así sea durante muchos años!

Texto: Penumbra / Fotos: Penumbra & Sergi Ramos

Comentarios acerca de este reportaje
:: Déjanos tu comentario ::
Nombre
Comentario
Confirmación visual