Los asesinos en serie poseen fama y reconocimiento mundial. Son lo prohibido, ¿y qué hay más atractivo que lo prohibido? Son el lado oscuro de la vida, lo peor de nosotros, la cloaca más oculta en nuestro interior, aquel monstruo que cada uno llevamos dentro pero que gracias a una lucha interna en la que nuestra cordura y sensatez salen victoriosas no lo manifestamos.

El icono de la contracultura, Charles Manson, falleció el pasado domingo a sus recién cumplidos 83 años (nació el 12 de noviembre de 1934), por causas naturales relacionadas con la edad. Personaje controvertido donde los haya, Manson es conocido por instigar a su secta, llamada “La Familia”, a cometer el asesinato de nueve personas, entre ellas la actriz Sharon Tate, esposa del director y actor Roman Polanski y embarazada de ocho meses en el momento del crimen. Corría el verano de 1969, la psicodelia y las sustancias alucinógenas estaban a la orden del día, y “La Familia” pergeñó uno de los crímenes colectivos más atroces de la historia de la humanidad. Una orgía satánica en casa del productor hollywoodiense Terry Melcher, decretada por un perturbado líder, que relacionaba a Hitler con los Beatles, que pasaría a los anales de la historia.

Detenido una y otra vez durante su adolescencia, este hijo de familia desestructurada y cantante frustrado halló su hogar en la cárcel y en los correccionales. Inexplicablemente, semejante deshecho social logró rodearse de un buen puñado de fanáticos seguidores, deslumbrados por los apocalípticos discursos de Manson. Muy al contrario que sus proyectos musicales, su secta se afianzó, con un objetivo muy claro: desatar la revolución racial. La noche siguiente al asesinato de Tate, “La Familia” seleccionó al azar una casa de Los Ángeles, en este caso la del magnate Leno LaBianca. Asesinaron a él y a su esposa, y en las paredes escribieron una de las frases más asociadas a la figura del asesino: “Helter Skelter”, la mítica canción de los Beatles.

Finalmente, el 25 de enero de 1971, Charles Manson fue condenado a pena de muerte por siete asesinatos. Sin embargo, un cambio de doctrina judicial en California hizo que el veredicto fuera de cadena perpetua. Su figura trascendió mundialmente, incluso recibía visitas en la cárcel de personas fascinadas por su personaje. Esa devoción hacia su maligna persona enciende una y otra vez el debate: ¿Cómo puede tener tanto poder de atracción semejante despojo? De hecho, no será el primer ni el último caso. Rob Zombie, atraído por el fenómeno, ya en su discoAstro-Creep: 2000” (1996) preparó algunas letras inspiradas en el asesino en serie que nos ocupa, incluso incluyó en algún corte la voz real de la asesina Patricia Krenwinkel (integrante de “La Familia”), concretamente en el apocalíptico “Real Solution #9”. Como decía, Zombie no será el primero ni el último que encuentra fascinante el tema de los asesinos en serie. En una entrevista para la revista Heavy Rock, publicada en el nº 182 (octubre de 1998), el músico comparaba esa macabra atracción por los asesinos con el morbo que puedan despertar los accidentes de tráfico. Es un hecho terrible, pero no puedes evitar los deseos de mirar. Según Rob, cualquier cosa mala o extraña es interesante. Efectivamente, el ser humano es morboso por naturaleza.

Siempre atraído por ese “fascinante” mundo de los asesinos en serie, es a finales de los noventa cuando Zombie creó un personaje con un look muy Charles Manson, con la cruz escarificada en el ceño y todo. Impactante imagen que se empezó a erigir a raíz del vídeo que el artista rodó con WHITE ZOMBIE para el tema “I’m Your Boogieman”, realizado para la BSO del film “The Crow: City Of Angels” (1996 – Tim Pope). Bajo esa apariencia le vimos también en “Dragula”, el primer adelanto de “Hellbilly Deluxe” (1998), causando verdadero impacto; montado en el coche de otra familia, en este caso la divertida “Familia Munster, rodeado por payasos de pesadilla, brujas, bufones y perversos robots. También en su faceta como cineasta, la huella Manson ha causado mella en el imaginario de Rob Zombie. “La Casa De Los 1000 Cadáveres” (2003), por ejemplo, se ubica en la noche de Halloween de 1977, cuando “La Familia” todavía estaba en boca de todos y por carreteras secundarias se llegaba a inhóspitos lugares que nadie deseaba conocer.

Más tarde, en la secuela, llamada “Los Renegados Del Diablo” (2005), que cuenta con los Firefly, los mismos protagonistas de “La Casa De Los 1000 Cadáveres”, Zombie convierte a uno de los forajidos asesinos en serie, Otis, en el vivo retrato de Charles Manson, con su frondosa barba como sello característico. Al igual que hiciera “La Familia”, los Firefly cometen en la pantalla asesinatos y todo tipo de vejaciones que pueden llegar a herir la sensibilidad del espectador. Si en la primera parte, Otis, Baby, Spaulding y compañía podían parecernos hasta graciosos, aquí dan miedo verdaderamente: son el lado oscuro y malvado de la naturaleza humana al descubierto. Manson, por si fuera poco, también aparece en el “Halloween II” (2009) de Zombie, concretamente en un póster colgado en la habitación de la “prota”, Laurie Stroode, acompañado de un preocupante mensaje escrito en la pared que dice: “In Charley we trust”. Su admiración por el personaje es tal que, a la par que se ponía manos a la obra con su última película, titulada 31 (2016), el director se dedicaba a preparar lo que podría ser una serie de televisión basada en los asesinatos de “La Familia”, y que iba a emitir la cadena Fox, en diez capítulos aproximadamente. Aun así, el mismo Zombie decía no estar seguro de que finalmente viera la luz, por existir otro proyecto similar en el mercado.

No cabe duda de que el interés por el crimen y en particular por los asesinos en serie se ha convertido en algo que la cultura popular ha propagado. La lista es extensa. John Wayne Gacy, conocido como “El Payaso Asesino”, violó y mató a más de treinta niños y jóvenes en Chicago durante la década de los setenta; Richard Ramírez, conocido como “El Acosador Nocturno”, fue responsable de numerosos asesinatos y asaltos sexuales en California, en 1984 y 1985; Jeffrey Dahmer, “El caníbal de Milwaukee”, hervía las cabezas de sus víctimas y tenía relaciones sexuales con sus cadáveres; Albert Fish, “El Vampiro de Brooklyn”, torturaba y mutilaba niños antes de matarlos; Jack “El Destripador”, que sembró el terror en las calles de Londres, fue inmortalizado en cientos de películas, cómics y novelas…

Todos ellos poseen fama y reconocimiento mundial. Son lo prohibido, ¿y qué hay más atractivo que lo prohibido? Son el lado oscuro de la vida, lo peor de nosotros, la cloaca más oculta en nuestro interior, aquel monstruo que cada uno llevamos dentro pero que, gracias a una lucha interna en la que nuestra cordura y sensatez salen victoriosas, no lo manifestamos. Es de cajón, entonces, que ligados al término “Asesino en Serie” encontremos calificativos como paranoico, demente, enajenado… Un estado que se puede adueñar de nosotros en el momento menos pensado. Es por eso que estos personajes son altamente atractivos y carismáticos; por su humanidad. Los asesinos en serie también son empleados de cualquier empresa, tienen familia, hogar… y aparentan ser miembros normales de la sociedad. Son verdaderos expertos en interpretar un papel. Así que tened cuidado… ¡Podrían ser cualquiera de nuestros vecinos!

Iván Allué