Se han confirmado como todo un poder a tener en cuenta en la escena europea y con el recién editado “Rough Times” nos obligan a rompernos la cabeza contra un muro de piedra y guitarras. Son tiempos duros y Christoph “Lupus” Lindemann así nos lo reconoce por teléfono. 

Kadavar son al rock lo que Pablo Picapiedra a los dibujos animados. Caricaturas de una época pasada. En el caso de la que representan Kadavar, una época que muchos querríamos volver a vivir, la del rock monolítico de los años 70, cuando bandas con su sonido poblaban la tierra. Su ascenso ha sido imparable desde su disco homónimo de 2012. Tras “Abra Kadavar” y “Berlin” se han confirmado como todo un poder a tener en cuenta en la escena europea y con el recién editado “Rough Times” nos obligan a rompernos la cabeza contra un muro de piedra y guitarras. Son tiempos duros y Christoph “Lupus” Lindemann así nos lo reconoce por teléfono. 

La banda actuará en nuestro país en los próximos días, con fechas en Madrid (21 de octubre, Sala But) y Barcelona (22 de octubre, Sala Bikini). Podéis comprar vuestras entradas en éste enlace.

“Rough Times” es un título muy apropiado para lo que viene siendo vivir en el planeta Tierra en tiempos actuales.

“El último disco, “Berlin”, salió en 2015. El mundo era un lugar mejor, más tranquilo y relajado. Nunca hemos querido ser una banda política pero en el año 2017 tengo la sensación de que las cosas están cambiando: Estados Unidos, el Brexit, la independencia de Catalunya… pero también Suecia, la propia Unión Europea y otras cosas están en tensión. Mira, Norteamérica y Corea del Norte. Son tiempos duros. Tengo la sensación de que las nuevas generaciones tienen la misión de proteger los valores del mundo como lo conocemos y hacer una declaración de intenciones”.

“Si observas el collage que tenemos como portada es perfecto. Un niño pequeño que representa  a la generación actual siendo supervago, pasando de todo. Está jugando con todos los logros y derechos conseguidos en todos estos años, como la libertad y la democracia. No podemos ser tan vagos de no salir a la calle a defender lo que tanto ha costado conseguir. Al menos vosotros en Barcelona estáis saliendo a la calle y luchando por algo. En todo el mundo necesitamos esa actitud o los idiotas se imponen por encima nuestro y terminan mandando.”

El otro día, cuando detuvieron a varios altos cargos del gobierno de Catalunya, hubo respuesta en la calle por parte de los partidarios de la independencia. Aún así, hablamos de que en el centro de Barcelona se dieron cita alrededor de 40.000 personas según la Guardia Urbana. Se ataca frontalmente a un Gobierno con detenciones pero apenas 40.000 personas salen a la calle en una ciudad donde viven más de dos millones. ¿Es una muestra de lo alienada que está la sociedad de sus propios conflictos?

“Tienes razón, no es mucha gente. A la gente le cuesta mucho movilizarse”.

Mucha gente participa en los conflictos a través de las redes sociales. Un simple post o comentario les hace sentir partícipes de un debate y con eso son felices. 

“No hay mucha gente que salga a la calle a pelear por las cosas. La gente le da a ‘me gusta’ en las redes sociales y piensa que ha hecho algo. El disco comenzó un poco con esa idea en mente y poco a poco nos fuimos enfadando más y al final salió algo mucho más duro. Por eso ‘Rough Times’ es el título perfecto”.

Entre el título y como suena la música, diría que es el disco más pesado que habéis hecho, el más denso y el más heavy. Es casi como cuando comes demasiado rápido y se te nubla la vista porque no pasa la comida hacia tu esófago.

“Pienso que ese sonido, en 2015, no habría funcionado. Era un momento distinto, estábamos bien, teníamos éxito y queríamos un disco algo más poppy. Queríamos explorar si había posibilidades para nosotros de convertirnos en una banda más accesible para otros públicos. Pero ahora, en 2017, hemos tenido que dar un paso atrás y volver a un sonido totalmente duro. Este momento necesita música como esta, no mierda pulida y brillante”.

Canciones como ‘Into the Wormehole’ son muy sucias. Sucias al nivel de que me he tenido que dar una ducha después de escucharlas. ¿Como conseguís ese sonido en un momento en el que la tecnología de estudio apunta en una dirección totalmente opuesta?

“En este disco hemos grabado en nuestro propio estudio y eso nos ha permitido probar muchas cosas. Tenemos la regla de grabar siempre en directo con todos tocando a la vez. En este disco impusimos la regla de que cada canción se iba a tocar un máximo de tres veces. Cogeríamos la mejor toma para meterla en el disco. Cuando repites mucho una canción en el estudio te pierdes totalmente, pierdes la idea y el sonido que querías conseguir, así como la energía. Decidimos tocar solo tres veces para garantizarnos que la energía se mantiene ahí. Con este método, aunque se filtren pequeños errores en la grabación, conseguimos la energía que buscamos.”

“Cuando grabamos todo está a tope. Los amplificadores, las guitarras, nosotros mismos… por eso quizá te tienes que duchar al acabar de escuchar el disco”.

¿Usáis claqueta en algún momento para grabar?

“Nunca, todo en directo y sin claqueta. Tres tomas, todos juntos, en la misma habitación.”

¿Es complicado sonar tan primitivos cuando todo el mundo suena procesado hasta el infinito?

“Si, lo es. Muchas bandas se están yendo de nuevo al sistema de grabación analógico. Quizá no lo dicen, quizá no llevan barbas y pelos largos, pero muchas de las grandes producciones en los grandes estudios se hacen de manera analógica. Da igual que sea hip-hop o incluso producciones electrónicas. Se están haciendo con analógico porque tiene mejor sonido.”

“En Nuclear Blast tenemos algunas bandas con sonido similar como Graveyard, Orchid o Blues Pills, de modo que es un sello agradecido hacia nuestro estilo. Siempre hacemos lo nuestro, vamos a nuestro rollo. Nos ficharon precisamente por eso. Ellos no se meten nunca en lo que queremos hacer como banda. Lo único que nos dijeron fue que no les gustaba la portada al principio. Les expliqué que tiempos duros necesitan portadas duras. Después de una semana viendo la portada comenzaron a entenderla. Nos dijeron que era como un accidente de coche: no te gusta pero no puedes dejar de mirarla (risas). Si ves la portada una vez, no te olvidas. No quiero la portada más bonita, porque no tendría sentido con el tono general del disco”.

“Generalmente, cuando componemos las canciones lo hacemos ya con una idea de portada en mente. Eso hace que todo vaya mucho más de la mano.”

Cuando se habla de Kadavar como kraut-rock ¿lo valoras positiva o negativamente? Tenéis una influencia clara pero no tenéis nada que ver con lo que se hacía en los 60 o 70.  

“Somos una banda alemana y el kraut-rock no deja de ser el nombre que los anglosajones le dieron a nuestra música. El kraut-rock no deja de ir desde Scorpions a Kraftwerk. Es música alemana y punto. Me identifico con el kraut-rock y con las bandas psicodélicas como Amon Duül, claro que si. Creo que tocamos mucho en esa onda pero nuestro sonido es más amplio. Canciones como ‘Tribulation Nation’ tienen un estilo compositivo actual. No estoy muy seguro de si a los fans del kraut-rock de los 60 y 70 les va a gustar nuestra manera de componer”.

El disco se edita en CD, vinilo, vinilo rojo, negro, azul, edición especial deluxe, etc. ¿En qué formato prefieres escuchar Kadavar? Si es que escuchas tu música después de grabarla.

“Suelo escuchar los discos una vez, para asegurarme de que todo está en su sitio. Y me gusta hacerlo en vinilo negro de toda la vida. Nada de vinilos de colores, nada de ediciones especiales. No me gusta escuchar mi propio trabajo. Una vez un disco está en la calle es como haber parido un hijo. Ha sido doloroso, ha sido bonito. Ya está fuera. Estás contento.”

¿Te sorprende que Kadavar haya crecido tan rápido?

“Empezamos la banda como un proyecto de tres amigos en un local de ensayo. Era un hobby. Tal y como editamos el primer disco, las cosas subieron tan rápido que no podíamos ni reaccionar. Teníamos tantas ofertas para girar que no sabíamos que hacer con ellas.”

¿Recuerdas vuestro primer concierto en España?

“Fue teloneando a una banda llamada Baby Woodrose. Eso fue en el año 2013, si no recuerdo mal. Esa fue nuestra primera vez en España y el tío que nos contrató nos dijo que nos pagaría poco o nada porque era una gira pequeña y la gente no nos conocía en España. Nos pagamos nuestros vuelos para tocar en España y cuando llegamos nos dimos cuenta de que había mucha más gente viniendo al show por nosotros que por Baby Woodrose (los cuales son muy majos y me parecen una buena banda). Me di cuenta de que había un mercado para nosotros en España. Desde entonces hemos vuelto a menudo, hemos tocado en festivales y el año pasado en Madrid fue tremendo. El show con Blues Pills en Barcelona fue un poco rígido pero funcionó bien. El público en tu país siempre reacciona con todo lo que haces y es un lugar genial para recibir feedback del público. Es lo que más me gusta del público español. Por eso intentamos ir cada año y tocar en Madrid o Barcelona, aunque soy consciente de que deberíamos ir a otras ciudades del país, quizá en el sur.”

“No me importa tocar donde sea, pero no quiero pagar por tocar. Me da igual no ganar dinero, pero no quiero pagar y endeudarme para tocar en directo. Me sale a cuenta quedarme en casa y perder menos dinero.”.

Sergi Ramos