La última visita de Kiss a Barcelona, en Junio de 2015, me dejó una espinita clavada. El estado de voz de Paul Stanley se sumó a la pasividad de un público de conciertos cada vez más aburguesado y poco participativo. Sumando que era un domingo por la noche, la cosa se resume en que Kiss salvaron los muebles con decencia pero sin ese extra que hace que un concierto sea un gran concierto para recordar. Profesionales consumados, Kiss siempre funcionan bien en directo, pero hay noches y noches.

Aunque la banda quiso girar por Europa en 2016, finalmente canceló los pocos conciertos que había previstos, aduciendo motivos varios pero con la sombra de los atentados de París rondando. La mala suerte querría que, un año después, durante la primera gira británica del grupo en siete años, volviese a haber un atentado en un concierto, en este caso a la salida del show de Ariana Grande en Manchester. Algo que, sin duda, marcó la gira británica de Kiss y avivó la llama del miedo. De hecho, Kiss cancelaron su concierto en Manchester del 30 de mayo y solicitaron un minuto de silencio al público en los restantes conciertos de la gira.

El tour 2017 de Kiss, llamado “Kissworld”, es tan solo una nueva excusa para pasear los grandes temas del repertorio y alguna rareza ocasional por los escenarios del viejo continente. Nadie espera de Kiss algo rompedor y novedoso: todos acudimos a ver el show que conocemos, a cantar las canciones que sabemos y a revivir todo lo que esta banda ha significado en nuestras vidas. Pero algo bien debe estar haciendo el marketing de Kiss en los últimos años: cuando Paul Stanley preguntó al público de Birmingham que cuanta gente acudía esa noche a su primer show de Kiss, muchas manos se levantaron. Y como les dijo Stanley, “recordad esta fecha: 28 de mayo. Porque el primer beso nunca se olvida”. Se pueden decir muchas cosas de su estado de voz, pero como frontmen y speaker, el starchild tiene pocos rivales.

La jornada en Birmingham comenzó pronto. A las 15:00h acudimos a encontrarnos con un miembro de su crew para entrar al backstage, donde la banda iba a llevar a cabo un show acústico de media hora para los fans que poseen el paquete de meet & greet que cuesta unos nada desdeñables 1000 euros. ¿Merece la pena? Hombre, cuando Kiss hacen un concierto acústico para ti y otros veinte fans, a lo sumo, merece la pena. Pagar por una simple foto y una firma es obsceno, pero Kiss hacen el esfuerzo, juguetean con los fans, bromean, lanzan púas y les hacen un solvente show acústico en el que suenan “Hard Luck Woman”, “Plaster Caster”, “Got To Choose”, “Beth”, “Everytime I Look at You” y, para acabar, “Christine Sixteen”. Hubo intentos de “Sure Know Something” pero se ciñeron bastante al repertorio acústico que suelen interpretar en estos shows privados. Cinco o seis rarezas que no suenan en el show principal y listos. Duele escuchar la voz de Paul rompiéndose ante tus ojos pero por otro lado se agradece la entrega y la contínua interacción con los fans (aunque claro, los fans han pagado 1000€ por interactuar con la banda, todo sea dicho). Es especialmente gracioso cuando los fans están pidiéndole púas a Paul y este adopta voz de señora anciana echando a los niños que juegan a fútbol en el jardín de delante de su casa, diciéndoles “scram!” entre risas. “Iros de aquí, niños, iros de aquí”. Ningún fan se queda sin su púa.

Acto seguido, los fans son conducidos a un pasillo interior del recinto donde se ponen en fila para que la banda, como si fuese la reina de Inglaterra en una recepción oficial vaya pasando y saludándolos uno a uno, además de firmar autógrafos y hacerse fotos sin maquillaje. Al final, el asunto cambia de sitio y los fans son colocados en la zona de público del recinto, que en esos momentos está vacío durante las pruebas de sonido y ajustes técnicos. La banda pasa una buena media hora encargándose de que todos los seguidores queden satisfechos, desde el fan con sobrepeso cincuentón hasta la pseudo-groupie veinteañera que deben llevar viendo, con diferentes nombres, desde 1973. La banda bromea con todo el mundo y choca manos y puños, aunque más lo segundo que lo primero.

Tras la primera parte del encuentro, el entorno de la banda nos insta a volver a las ocho de la tarde, cuando la banda ya está maquillada y vestida, de modo que podamos hacernos la sacrosanta fotografía con ellos en toda su gloria. La operación es propia de una cadena de montaje: Kiss están ahí quietos como muñecos de cartón piedra (no descartamos que lo sean) y los fans o compromisos varios van pasando para colocarse con ellos, que siempre están en pose. Dos fotos y que pase el siguiente. Tres días después, las fotos están disponibles para su descarga en un enlace que los responsables del meet & greet facilitan. Pese a lo aparentemente frío, todo el mundo se va contento. El contacto más humano se ha llevado a cabo durante el primer meet & greet y todo el mundo sabe que apenas quedan minutos para que la banda suba al escenario para empezar el concierto.

Hablar del concierto de Kiss en Birmingham es hacer referencia, obviamente, al atentado de Manchester de unos días antes. El ambiente entre el público va a medio camino entre la celebración y la cautela. Se nota más tensión entre la seguridad del recinto, sin dejar ésta de ser amable. El recinto no está lleno pero unas 8.000 personas se han dado cita en el Barclaycard Arena para ver a Kiss en el lugar donde se inventó el heavy metal, como Paul recordaría en varios momentos a lo largo de la noche.

Pocos minutos después de las nueve de la noche, con una cortina negra tapando el escenario, comienza a sonar “Rock N’ Roll” de Led Zeppelin y el público sabe que se acerca el gran momento. Como está mandado, un ominoso zumbido grave suena por la PA y poco después el speaker da la bienvenida: “Alright Birmingham: You Wanted the Best, You Got The Best, The Hottest Band in The World…KISS!”. Cae el telón, suena la primera explosión, el escenario se inunda de humo y “Deuce” suena a todo trapo por el sistema de sonido. El riff más machacón de la historia de Kiss pero uno de los más efectivos vuelve loco a Birmingham. El público está volcado y es una buena noche para ver a Kiss, a diferencia de lo que vi en Barcelona la última vez. Cuando la banda se acerca al frontal del escenario para comenzar su “Deuce-dance” al final del tema, el recinto estalla en un rugido multitudinario. Son ellos, es el mismo show de siempre y que gozada poder volver a experimentar algo tan especial una vez más.

Pese a que hace veinte años desde que pude ver a Kiss por primera vez en directo, cuando la gira de reunión con Ace Frehley y Peter Criss llegó al Palau d’Esports de Barcelona en Junio de 1997, me quedo sin dudarlo con el show de Birmingham. Puede que Paul tenga la voz peor, pero el nivel de entrega de la banda, lo atronador de Eric Singer tras la batería y el gran estado de voz de Gene Simmons hacen que el global del concierto sea superior a aquella ocasión, donde Kiss se trajeron el show de baratija a España al tocar en recintos más pequeños de los que tenían en el resto de Europa. Y recordemos todos: que ni en plena gira de reunión y con el revival al rojo vivo, Kiss fueron capaces de agotar entradas en su gira española del 97. La magia es otro tema: era un gran momento para ser fan de Kiss, pero musicalmente dieron un paso atrás tremendo.

El show de Birmingham tuvo el mismo repertorio que toda la gira europea, muy centrada en los clásicos que todo el mundo quiere escuchar y con espacio para alguna rareza puntual. A “Deuce” le siguieron “Shout it Out Loud” y la eterna “Lick it Up”, con el ya clásico segmento de “Won’t Get Fooled Again” tocado por Tommy Thayer y Paul Stanley a lomos de una plataforma hidráulica que les eleva varios metros por encima de las cabezas del público. Precisamente antes de “Lick it Up”, Paul pide al público un minuto de silencio por las víctimas del atentado de Manchester, un momento sobrecogedor puesto que se hizo el silencio más absoluto que jamás he escuchado en una situación similar. Símbolo de lo cercano que estaba el suceso pero también del respeto que tienen los británicos en estos casos.

Tras “Lick it Up” toma las riendas Gene con un “I Love it Loud” muy coreado por el público y luego es el turno de “Firehouse”, donde las llamas brotan de la boca de Simmons como está mandado y en el tema que debe hacerse el gag.

Aunque para muchos fans de los Kiss clásicos Tommy Thayer siga siendo un impostor, el tipo lleva quince años siendo el guitarrista de Kiss, más de los que estuvo Ace al frente de la banda incluso sumando sus dos periodos. Aún así, se nota que Paul sigue reclamando atención para Tommy cuando le da paso en “Shock Me”, como diciendo “hey, queredle un poco, no es Ace pero hace el papel muy bien!”. Tommy se defiende y hace un solo muy bluesy orientado prácticamente a lanzar cohetes de su guitarra en exclusiva. Al final, a nadie le importa un tapping a ocho manos. La gente quiere chispas y fuego.

La rareza de esta gira es “Flaming Youth”, que Paul presenta hablando de los grandes y reconocidísimos temas de “Destroyer” que todos conocemos. “Esta no es una de esas” explica. Y se lanzan a por una solvente versión de la oda juvenil que tan lejos les queda en el tiempo pero no en el espíritu.

El solo de bajo de Gene Simmons llega razonablemente pronto en el set. Cada vez se agita con menos violencia cuando hace el numerito, pero en compensación sus caras y teatralidad cada vez son mejores. Es imposible no acabar con la piel de gallina cuando el liquido rojo comienza a brotar de su boca y el griterío del público se va elevando hasta prácticamente ahogar los sonidos indescriptibles que salen de su bajo. Al final, como es de esperar, lengüetazo fuera, señal con un dedo hacia arriba, y el vuelo de Gene arranca. Desde la parte alta del escenario, Simmons hace un “God of Thunder” impecable, denso y tenebroso.

Para contrarrestar el mal rollito del Dios del Trueno, el Stanley más petardo nos ofrece el hit de Kiss por antonomasia en el Reino Unido: “Crazy, Crazy Nights”. Es imposible no ponerse de pie y corearla como una colegiala en un concierto de Justin Bieber. Es puro azucarillo pop, puro buen rollo hecho canción. Uno de esos temas capaces de cambiarte el día y la más pura expresión de los derroteros que tomaron Kiss en los 80. En el estribillo cantan Gene y Eric mientras Paul se retira del micro o hace como que canta. Nos da igual: it’s a crazy, crazy night.

Tiempo para que el Gene maloso vuelva a aparecer con “War Machine” y que el Paul ochentero nos regale “Say Yeah”, la única concesión al enorme “Sonic Boom” con el que volvieron al mercado discográfico en 2008. Pero el momento de la noche viene cuando el trapecio comienza a acercarse al escenario mientras Paul arenga al público. No es momento de “Love Gun” (la gran ausente de la noche pero que Paul ya no puede cantar con garantías en directo). Es momento de “Psycho Circus”, que funciona muy bien con el extra de atención que genera el vuelo de Paul al centro de la arena. Allí se entrega al público desde un pequeño escenario circular giratorio en el que permanecerá para hacer la intro de “Black Diamond” mientras una bola de espejos ilumina delicadamente todo el recinto. Una vez empieza “Black Diamond” y Eric arranca a cantar, Paul vuela de vuelta al escenario, donde aterriza a tiempo del primer estribillo. El final del tema incluye la outro que usaban en la gira del “Creatures of the Night” y que tan grabada se nos quedó a quienes vimos el video del estadio de Maracanna de 1983. La banda se eleva en una plataforma hidráulica y Eric hace lo propio con su batería voladora y las explosiones marcan un final de show cada vez más cercano.

Pero aun queda el himno nacional del rock and roll: “Rock and Roll All Nite” arranca prácticamente pegada a la anterior, el recinto se llena de confetti y todo Birmingham canta a voz de grito el mítico estribillo. Es la típica canción que conoce hasta tu abuela, probablemente porque Kiss también podrían ser tus abuelos. Y es imposible no sumergirse en la orgía de confetti, músicos voladores, pirotécnia y destrucción de guitarras del final: por mucho que hayas visto el show de Kiss infinitas veces, es un momento que te supera.

Tras un breve descanso, la banda volvió al escenario para un bis breve y directo: “I Was Made For Lovin’ You” y “Detroit Rock City”, donde la banda se despide de una gran noche y de un gran público que siente el rock and roll como parece que aquí ya no somos capaces de sentir. La salida del concierto es tensa, tras los incidentes de Manchester, pero todo el mundo vuelve a casa sano y salvo. Ríos de rockeros pueblan el centro de Birmingham y todos los locales de la zona y ves a padres e hijos con una sonrisa en la cara y el maquillaje corrido. Es el signo de que un gran show de Kiss ha visitado la ciudad.

Sergi Ramos

Promotor:Live Nation

Día:28-05-2017

Hora:19:00

Sala:Barclaycard Arena

Ciudad:Birmingham

Teloneros:The Dives

Puntuación:9