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| EL ABSURDO DÍA A DÍA EN LA OFICINA THE METAL CIRCUS : 02 de Enero de 2009
Los azares de la vida han querido que mi retorno a The Metal Circus haya coincidido con llevar dos revistas a cuestas y un sinfín de trabajo que, aunque pueda parecer que mola trabajar y poder vivir parcialmente del mundillo del metal, en muchas ocasiones prefiero seguir trabajando de profe de instituto y seguir aguantando a quinceañeros maleducados sin futuro. El caso es que el glamour de la supuesta oficina es escaso, y yo que creía que la comunidad gay tenía cierto gusto a la hora de decorar. Pero resulta que la supuesta oficina céntrica es la misma casa de don Ramos, habitada por su director y por un gato cabrón que se dedica a desenchufar aparatos y tirar montones de CDs. Para darle mayor emoción a nuestro día a día, las puertas de su casa es siempre mejor no cerrarlas, pues en más de una vez hemos quedado atrapados. Parece absurdo que vayamos por casa con destornilladores, pero la verdad es que es de mucha utilidad, y más cuando el gato decide encerrarte. Uno se sorprende cuando entra y nos ve a mí y a Ramos armados con destornilladores y con las manos sangrando por las “caricias” del minino, pero es lo que hay. A saber que imagina… Pero lo mejor de todo es la fauna que nos acompaña más allá de la puerta. El bloque está habitado por una ninfómana caliente y jovencita y un guarda forestal-lampista campeón de esas carreras absurdas de subir rascacielos con una mochila a cuestas. Tenemos a un viejo que cada día se sienta en el banco de delante, en la calle, y se pasa horas escupiendo y fumando. Cuando ponemos death metal o black suele hacernos cuernos desde la calle entre escupitajo y escupitajo. Su traidora vejiga no le avisa con antelación, por lo que suele miccionar en la entrada de nuestro portal. Como es de suponer la comunidad de vecinos anda algo cabreada, así como los perros que ven en él a alguien que les marca su territorio. Y hablando de perros, aunque no es muy habitual se ha dado el caso que desde el piso de más arriba han caído un par de perros y un gato. No sabemos si hay un “lanzamascotas” loco, pero el caso es que los animales suelen sobrevivir y los vuelven a subir para arriba, quien sabe si con la intención de volverlos a lanzar de más arriba. Completando la comunidad tenemos a un famoso bailaor flamenco (obviaremos su nombre) que cuando está de visita a Barcelona suele visitar a nuestro amigo de los gargajos. ¿El motivo? Habían trabajado juntos y su mujer hace un potaje que le entusiasma. Por cierto, han echado ya a los yonkis de al lado. Cuenta Ramos que solían bailar zapateados a partir de las 3 de la mañana y cuando eran instados a parar de una puta vez, salían en plena calle a practicar su arte. Momento ideal para llamar a la policía y que los multaran. Completando el círculo hay un heavy que corre por aquí y desconoce por completo que en la puerta de al lado van llegando todo tipo de novedades discográficas. No lo diremos todo pero… uno de todos estos personajes es nuestro casero, así que… fíjate tú lo divertidos que estamos. A pesar que le insisto a Sergi que deberíamos invitar a un café a la ninfómana, más que nada para tener una relación cordial con la vecindad, sospecho que él se decanta por el guarda forestal trepa edificios. No nos aburrimos, y aunque no lo parezca hay que mirar en positivo. Siempre es mejor esto que vivir al lado de un suicida que intenta cada mes terminar con su vida de las formas más variadas posibles. Lo consiguió hará un tiempo, consiguiendo la paz, para él y para todos sus vecinos, pero joder, falló más que una escopeta de feria. Al terminar la jornada uno se ve libre entre tanto riff, tanta traducción en inglés y tanta entrevista. Eso sí, antes que salir hay que mirar para arriba, no vaya a ser que un cuadrúpedo te caiga en la nuca. Jordi Zelig Tàrrega |
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