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| WACKEN 2009 - ¿El mejor festival del mundo? : 03 de Agosto de 2009
Son muchas las personas que hoy en día opinan, y no sin razón, de que el festival de Wacken no es el mejor festival actual y que hay otros a su altura o incluso superiores. Resumiendo: que está sobrevalorado. No he estado en todos los otros grandes festivales europeos, y de hecho pienso siempre que Wacken ha cumplido, desde hace ya unas tres ediciones, un ciclo y que debería cerrar ya con él mi larga relación pero... vuelvo a Wacken otra vez y vuelve a atraparme su influjo, el mismo que hizo que mi comedor posea en lo alto de la pared una placa con el nombre del pueblo alemán, que conociera a grandes amistades y que a día de hoy viva con alguien a quien por vez primera conocí allí.
Cierto, nunca podré daros una opinión objetiva del festival, pero os puedo asegurar que tras 10 años de Wackens, para mi, es el mejor festival del mundo, y de largo. La llegada al aeropuerto barcelonés es ya un ritual con todas esas largas melenas y el negro dominante en las camisetas. El paso por los detectores de metales se eterniza por la enorme cantidad de cinturones, botas y hierros varios que deben pasar por las máquinas ante las miradas atónitas de policía y empleados. “¿Este festival debe ser muy grande no?” Pregunta un policía, “exacto es enorme”, contesto. 80000 entradas vendidas y agotadas desde hace muchos meses. ¿Hay algún otro festi a nivel planetario que lo consiga?. En las dos horas de asfalto que siguen tras tomar tierra uno tiene el placer de ver como el autobús marcha escoltado por decenas de coches decorados con las iniciales W.O.A (Wacken Open Air). Ves como en los atascos la gente sale de sus vehículos con cervezas en la mano, los volúmenes atronando en las minicadenas y los saludos a grito pelado inundan la autopista: “¡Wackeeeeen!” es el grito de guerra. ¿Hay algún otro festival que tenga su propio grito de guerra? ¿Las novedades más sonadas de 2009? El recinto medieval con escenario, mercadillo y conciertos con bandas tan interesantes como Fejd y esa barra de bar que es un Drakkar (barco vikingo). Otra absolutamente a lo Disneylandia es la barra de bar colgada de la grúa. Disfrutar del festival a 20 metros de altura es ya rizar el rizo. Otra absolutamente demencial es la carpa de circo con conciertos y combates de lucha libre. Y lo realmente grande es que ya a principios de década había competiciones de lucha libre, sólo que se hacían en la zona de acampada y se organizaban de forma espontánea. Cuando cuatro borrachos en Wacken tienen una locura y deciden hacer algo, cuidado, puede terminar en unos años siendo oficial. A todo ello súmale los partidos de fútbol en los que participan prensa y bandas, el karaoke metálico, las actuaciones de los bomberos del pueblo con su banda (Los Firefighters) y el megacrack llamado Mambo Kurt, una piscina en la que se realizan circle pits y walls of death en bañador y sobretodo, dos beer gartens en los que cada mesa es un mundo, un desfile de freaks disfrazados y un buen rollo generalizado digno de estudio. Es impresionante ver como un borracho se levanta y grita “Wackeeeeeen” mientras el resto de mesas levantan sus vasos, se suben a las mesas y contestan con otro “Wackeeeeeeeeeeen”. Quien lo ha empezado no era un músico famoso, ni alguien de la organización, sencillamente un individuo gris y tímido pero que, sintiéndose feliz por estar allí, ha hecho levantar a miles de “wackenheads” al expresar su ilusión de estar allí cerveza en mano. La organización sigue siendo modélica si bien, como todos los años, han surgido errores importantes, pero la mayoría de ellos derivados de las dimensiones mastodónticas del festival. Los conciertos de este año han sido excepcionales, pero por primera vez en muchos años ha habido muchos problemas de sonido generalizados y eso es algo impensable. Amon Amarth podrían haber hecho el concierto de su vida, pero desgraciadamente el sonido les mató. La grandeza de Wacken es verla cuando alguien te pregunta “¿Qué tal es el festival? Le respondes con mil anécdotas, mil historias y mil detalles, pero luego te frena y te dice: “¡Pero tío, háblame de las bandas!”, es verdad, ¡las bandas! todas geniales dándolo todo y haciendo shows exclusivos en los que se dejan la piel, pero vaya, volvamos a lo de antes, que es más alucinante...” Ya de vuelta a la normalidad sigo cerrando los ojos y veo esos Running Wild (con Rolf cantando todos los estribillos) bajo la intensa lluvia, el barco de Amon Amarth, la pirotecnia demencial de In Flames, el crowd surfing más masivo que se haya visto en Wacken en Nevermore (Hasta Warrell Dane se quedó perplejo), los mil bajos de DAD, a Hansi de Blind Guardian cantando con los Rage, unos Saxon ya mil veces vistos pero esta vez inconmensurables, los circle pits de Machine Head, unos Heaven and Hell de otra dimensión, la escalada por los andamios de Airbourne, una Doro alucinante y unos Volbeat que prometen ser leyenda. Estaba claro que si de algo podía morir Wacken era de éxito. Y en parte está pasando, especialmente para los más puristas y para los que entiendan que lo más importante de un festi son los grupos. Wacken no es así y hay mucha gente que ni entra a la zona de conciertos. Pero lo cierto es que a pesar de todo, los conciertos son una maravilla, eso sí, la fiesta que allí reina y su influjo te atrapa y es lo que hace tan especial y grande al evento. En pronto tendréis la crónica de los grupos, pero la excepcionalidad de Wacken me anima a escribir también sobre todo lo que rodea a este festival. Gracias a todos mis compañeros por compartir tan gratos momentos entre decibelios, freaks y cerveza, afonía y repito: uno de los mejores Wackens de estas dos décadas. Y sentencio: nos vemos el año que viene: ¡WACKEEEEEEEEEEEEEN! Jordi Zelig Tàrrega |
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