Ayer decidí, a las ocho de la mañana, levantarme e irme a correr por mi ciudad. Una manera sana de empezar el dia sin stress, con esa sensación de "me la suda todo porque voy de endorfinas hasta las cejas" y un enfoque distinto al trabajo. De hecho, mirando atrás, ayer fue un dia ideal para llevar a cabo tamaña gesta, de modo que mi humor durante la jornada era inmejorable.
Con una sonrisa en la cara llegué a la sala Apolo de Barcelona sobre las 15:15 para realizar una entrevista con Marc Rizzo de SOULFLY. Rizzo, que es un buen chico, me hace un café mientras preparo el portatil y la grabadora. Le aviso de que, como ambos somos unos anormales, mi gimnasio queda muy cerca y podemos irnos a pegar una sesión de pesas como dos campeones. El problema es el tiempo. No me veo correteando por Barcelona con Rizzo en la moto entre la prueba de sonido de SOULFLY y la apertura de puertas de la sala. Además, probablemente levanta más peso que yo y volveré a la sala frustrado. Optamos por una entrevista normal y corriente. Y un merecido café, pues aún no habia comido. Posteriormente, realizamos una sesión de fotos en la terraza del Apolo donde Rizzo aseguró ser fan absoluto de las fotos con ojo de pez, al ver que sacaba dicho objetivo de mi bolsa. Y es que la fotografía de heavy y hard rock está inevitablemente asociada al fisheye, por culpa - en parte- del ínclito Ross Halfin. Al menos los 500 Euros del objetivo Tokina dieron como resultado una buena sesión con Rizzo. Le agradecí que fuera capaz de tomar instrucciones tan bién y todo fue adorable.
Después vino una agradable media hora larga de espera. El siguiente en la lista era el afable Max Cavalera. Un buen tipo, como mis experiencias previas me aseguraban. Su mujer, eso sí, es un atentado a la paciencia de los humanos. La mítica Gloria Cavalera ya fue un rato desquiciante cuando me fui hasta Madrid para entrevistar a su querido marido el año pasado. Pero es que ayer decidió, directamente, cancelar la entrevista de ésta web (y la de otro medio) porque el pobre Max había dormido solo tres horas. Angelico. Como en SOULFLY no van a hacer un ERE pues ¿qué mas da? El caso es que Max, probablemente, habría hecho la entrevista sin problemas. El problema es el filtro, el maldito filtro de siempre. Mujeres. Managers. Tour managers. Todos, todos, todos son un incordio tremendo.
Así que, con el estómago vacío y sin entrevista, allá sobre las cinco opté por hacer de tripas corazón e irme, nuevamente, al gimnasio. ¿Para qué comer?
La segunda tanda de ejercicio y una opípara comida en el Hard Rock Café a las 20.00 (mi primer bocado del día!) provocaron un estado de sedación completa. Cuando llegué a la sala a las 21.30 y SOULFLY se habían retrasado a las 22:05 cogí mi moto e hice algo tan anti-metal como ir a cortarme el pelo. Volví justo a tiempo de empujar a varias decenas de personas hasta llegar al foso y comenzar a hacer fotos de la banda. Todo correcto. Rizzo es una maquina en directo con sus jumpkicks y sus mil hostias y da un juego tremendo. Max da juego también, aunque por suerte la luz de la sala no permite ver sus carencias dentales (un horror oiga!). Una vez acabadas las fotos, decido subir al piso de arriba de Apolo, cerrado al público y abierto solo a organización e invitados. Mi pase lo he devuelto en taquilla, sobrado que es uno.
Pero esa noche tuve la mala suerte de encontrarme con uno de esos seguratas excesivamente recelosos. Al poco de subir, me pide el pase. No lo llevo. Me obliga a bajar de modos bastante horribles. Recojo nuevamente mi pase. Subo. Me dice que ese pase no tiene nada escrito solo "All Areas" y el nombre de la promotora, que es quien le está dando trabajo esa noche indirectamente. El "All Areas" es, en el mundo de la música, algo así como el buffet libre. Pero la cuestión es que no quedaban photopass y yo lo que queria era ver el concierto, no 900 cogotes. Además, los moshpits se ven mejor desde arriba. Ni quiero saludar al grupo, ni robar coca-colas del camerino. Les pueden dar por culo a todas esas cosas, sinceramente. Tengo comida y bebida en casa. Pues el tonto del segurata me vuelve a echar. El jefe de producción de la sala me mira con cara de "en fin" y me escribe el nombre de la banda y la fecha en el pase. Subo de nuevo. El segurata solo me exige ya que me pegue el pase. Eso si, disfruté el resto del show sacando mi cámara cada dos por tres para mirar la foto del set-list y, de paso, poner nervioso a nuestro amigo el segurata receloso que pensaba que iba a hacer fotos de oh...SOULFLY. Jodido estúpido.Me faltó regalarle el pase al acabar el concierto.
Alguno en los comentarios dirá "eres un capullo". Y yo responderé: "no, llevo doce o trece años aguantando seguratas estúpidos de ese tipo y estoy hasta las pelotas".
Ah, se han reunido BARON ROJO.