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| EL FENOMENO STIEG LARSSON : 11 de Junio de 2009
Una de las ventajas de este blog en TheMetalCircus, es que el señor Ramos nos dio total libertad para rellenar su contenido. Bien claro lo pone en el staff: Blog Personal. Se hable de heavy metal o no. Otra cuestión es el cuando. Supuestamente más a menudo, pero como muchas veces, las órdenes del jefe del cotarro nos la solemos pasar por los mismísimos. Hoy quiero hablaros del escritor sueco Stieg Larsson y todo el boom mundial de su trilogía Millennium. Muchos estarán hartos del tema, ya que el bombardeo publicitario, tanto por los libros como por la película, no es que haya sido a la chita callando precisamente. Pero ahí va mi opinión personal en este blog personal. Ya se ha estrenado la tercera parte, “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, y como sus antecedentes, se espera un éxito de ventas que marcará un hito. Su primera edición será de 400.000 copias, y en el primer día se vendió la mitad. Ahí es nada, las dos primeras partes llevan vendido en nuestro país más de 1.700.00 ejemplares, con el correspondiente reembolso de más de 30 millones de euros para las editoriales. No está mal en épocas de crisis. Y ya no hablemos de Suecia, más 4 millones de ejemplares, de toda la trilogía, en un país con una población de 9. Partimos de la base que tanto “Los hombres que no amaban a las mujeres”, como “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, son best-seller. Dicho de otra forma, libros cuyo objetivo es entretener. Punto. Nada de floritura literaria. De hecho, no son pocos los que afirman que el primero de ellos, es un “10 Negritos a la sueca”, y poco más. Reducida definición para tan amplia trama. Pero bueno, para gustos los colores. El caso es que a mí, eso de leerme de forma automática los best-seller que salen al mercado me la suda bastante, la verdad. Pero en este caso he caído, he sido engañado y seducido. Que le vamos a hacer. No voy a contar los argumentos de cada novela, quien la quiera leer que la lea, aunque si hablaré brevemente de la película que personalmente me ha decepcionado, pero a la vez recomiendo. Aunque siempre es así. Póngame un ejemplo en toda la historia de la humanidad en el que la película supera el libro y os envío un billete de 500 euros (verdadero) por MRW. Evidentemente el director, casi obligado por el entramado de la trama y por la longitud del escrito, se ha tomado muchas licencias. Ya sean temporales, ya sea convirtiendo en meros comparsas a personajes con mucho peso en la novela, o, como era de esperar, suavizando las atrocidades violentas y sexuales que en el libro se describen. Es obvio, no creo que a ningún guionista se le pase por la cabeza escribir esas partes para llevarlas a la gran pantalla. Por menos de eso, ha habido censuras en según que país y contexto moral. Eso sí, la fotografía fenomenal (Suecia en pleno invierno y sus paisajes), y el reflejo en carne y hueso de Lisbeth Salander inmejorable (su físico y su carácter). Más de medio millón de espectadores en nuestro país en sus primeras semanas. Ahí queda eso. Lo que sería tema de debate es el por qué de su éxito. Sin ir más lejos, una de las protagonistas, Lisbeth Salander, es el antihéroe en toda regla. Delgada, para nada atractiva, llena de piercings, de tatuajes, sin pechos apenas, con atuendos muy “heavies”, (a nosotros nos mola, no así al gran público), que toca en un grupo de death metal (es sueca, es lo más lógico), y capaz de vengarse con la misma o mayor crueldad que recibe. Y por otro lado, la perversidad mental de muchos de sus personajes. Creo que precisamente eso es lo que atrae y engancha a la gente. Los múltiples misterios que se encierran en la mente humana. Nos gusta el morbo, nos gusta la violencia, nos gusta el sexo y conocer, que no practicar, todas sus variantes, sean violentas e ilícitas o no. Aquí hay de eso y mucho más. Pone los pelos de punta las estadísticas con las que Larsson introduce cada parte de “Los hombres que no…”. Un ejemplo: “En Suecia, el 46 % de las mujeres ha sufrido violencia por parte de algún hombre”. Al ser humano le gusta lo enfermizo, lo retorcido, y eso expuesto de forma abierta (en libro y en películas) se traduce en éxito. El pobre murió sin ser testigo de que su nombre se conocería en todo el mundo. Pero que no le quepa duda, y ha quedado más que claro, que al ser humano le gusta que le recuerden que sigue siendo un animal, cuyos actos son irracionales a unos niveles infinitos. Satur Romero |
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