The Metal Circus


Sindicar The Metal Circus Blog
Y NUESTROS LECTORES NOS ENVÍAN POEMAS…. : 07 de Octubre de 2009

Por motivos de espacio o de tiempo, solemos comunicarle directamente vía telefónica o e-mail al lector de turno, que es el ganador de una de las entradas que solemos sortear para algunos conciertos gracias siempre a la colaboración de los promotores. Es cierto. Y no, las entradas no las nos quedamos. Las sorteamos, verdad verdadera. Que escriba algún comentario los que han ido gratis a algún concierto gracias a esta web. Que a veces, no crean, también nos gustan las alabanzas. Nuestras posaderas siguen cabiendo en nuestro trono de metal, como que bien diría Javi Metal (que desde que se volvió chico serio, ha sido rebautizado como Javi Félez, eso ya lo sabemos todos)

Pero lo dicho, la respuesta a la pregunta chorra de turno con la que adornamos nuestro concurso, no suele salir a la luz, y ya es hora de que compartamos el grandioso momento. Por lo visto, a nuestros lectores les gusta eso de escribir poemas cortos, y eso se comprueba en la alta participación cuando lo solicitamos. Opten o no a la entrada por el morro, como nos confiesan algunos. Lo hemos pedido en alguna que otra ocasión, pero la última vez fue cuando sorteamos 5 entradas para el concierto que ofrecían por primera vez en nuestro país SVBWAY TO SALLY a comienzos de Octubre en Barcelona. ¿Recuerdan lo del poema con la palabra “salchicha alemana”?

A continuación os ofrecemos una muestra de estas obras de arte, seleccionados previamente por nuestro cabeza Sergi Ramos (y es que donde hay capitán, no manda marinero). Para evitar males menores, o escarnios públicos directamente, no desvelamos más datos que el nombre. Si el firmante quiere darse a conocer, allá él. O ella, porque comenzamos con Salomé. Las señoritas primero:

“En un lugar de la Mancha, donde las salchichas alemanas no manchan, no ha mucho tiempo que vivía un salchichón alemán llamado Tarzán, pero como no comía salchichas alemanas lo cogieron y lo metieron con todas las alimañas”.

Ella misma confiesa que “mama mia, que cosa más mala me ha salido”. Te agradecemos la sinceridad.

El siguiente es de Alex, un concursante asiduo que gusta de métrica corta:

“Iba yo por la calle

buscando una salchicha alemana

y fíjate tú en el detalle

que deje una dentro de la cama...”

Más vale calidad que cantidad, debe de haber pensado. Algo que compartimos.

En cambio, nos ha sorprendido cómo algunos se meten de lleno en el papel, y como puro escritor del s.XXI y como buenos metaleros de pro, mezclan la temática solicitada con algo propio. Sospechamos que también podría ser una concatenación de ideas, de tipo salchicha alemana… cerveza. Y claro, cerveza y salchicha… ¿a qué nos lleva?. Wacken, está claro. ¿A que sí Marcos?:

“Vagando por el Wacken,

despreocupada y desamparada,

en soledad junto a tan inmensa multitud.

Pero te encontré.

Supe ver en ti lo que no tenían las otras.

Atrás dejé mi país,

atrás las dejé a todas.

Ahora sólo estas tú

y te voy a comer,

mi salchicha alemana”.

Y no crean que ha sido el único, Joan también va por el mismo camino. Y eso que, según nos confiesa, ya tenía entrada para el concierto. Pero te dedicamos este espacio por concursar, por ser solidario con los demás, y por echarnos flores en tu e-mail además de comentarnos el concierto después de asistir. Con dos cojones. Y por supuesto, por la calidad del poema. Ahí va eso, maestro:

“A ese metálico muchacho

que va a Wacken cual mendrugo

ansiando pillar cacho

con la walkiria de turno:

Sólo decirte: si llevas

al festival a tu hermana

¿no dejarás que le metan

una salchicha alemana?”

Y terminamos con Javier, que de Wacken en su poema, nada de nada. Eso sí, su concatenación de palabras… Que cada uno saque sus propias conclusiones, aunque claro, el tamaño de una salchicha alemana era otra opción:

 “Fue a principios de semana

cuando a verte yo viajé

y con tu salchicha alemana

pepinillos aluciné.

Sin embargo en la Toscana

otra sorpresa me encontré

una gran banana africana

por mucho menos parné.

Pero le daré otra oportunidad

a tu salchicha alemana

pues me dejó aquella banana

más dolor que una almorrana”.

Y nos dejamos de salchichas y de tonterías. No sabía que escribir y me ha dado por aquí. Pero de paso, quería agradecerle a nuestros lectores su participación, y suerte para la próxima vez. De parte mía y de todo el equipo de esta web. Ah!, por cierto, el abajo firmante fue el de la idea de pedir direcciones de webs porno en otro concurso. Que como siempre, fue para echarnos unas risas, que dicen los médicos que es sano. Sin niguna maldad. Nada en contra de Tarja ni en contra de sus seguidores. Ni mucho menos. Y tampoco para sonsacar información privilegiada. Uno, a estas alturas, ya tiene sus propias fuentes….

Satur Romero
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EL FENOMENO STIEG LARSSON : 11 de Junio de 2009

Una de las ventajas de este blog en TheMetalCircus, es que el señor Ramos nos dio total libertad para rellenar su contenido. Bien claro lo pone en el staff: Blog Personal. Se hable de heavy metal o no. Otra cuestión es el cuando. Supuestamente más a menudo, pero como muchas veces, las órdenes del jefe del cotarro nos la solemos pasar por los mismísimos.

Hoy quiero hablaros del escritor sueco Stieg Larsson y todo el boom mundial de su trilogía Millennium. Muchos estarán hartos del tema, ya que el bombardeo publicitario, tanto por los libros como por la película, no es que haya sido a la chita callando precisamente. Pero ahí va mi opinión personal en este blog personal. Ya se ha estrenado la tercera parte, “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, y como sus antecedentes, se espera un éxito de ventas que marcará un hito. Su primera edición será de 400.000 copias, y en el primer día se vendió la mitad. Ahí es nada, las dos primeras partes llevan vendido en nuestro país más de 1.700.00 ejemplares, con el correspondiente reembolso de más de 30 millones de euros para las editoriales. No está mal en épocas de crisis. Y ya no hablemos de Suecia, más 4 millones de ejemplares, de toda la trilogía, en un país con una población de 9.

Partimos de la base que tanto “Los hombres que no amaban a las mujeres”, como “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”, son best-seller. Dicho de otra forma, libros cuyo objetivo es entretener. Punto. Nada de floritura literaria. De hecho, no son pocos los que afirman que el primero de ellos, es un “10 Negritos a la sueca”, y poco más. Reducida definición para tan amplia trama. Pero bueno, para gustos los colores. El caso es que a mí, eso de leerme de forma automática los best-seller que salen al mercado me la suda bastante, la verdad. Pero en este caso he caído, he sido engañado y seducido. Que le vamos a hacer. No voy a contar los argumentos de cada novela, quien la quiera leer que la lea, aunque si hablaré brevemente de la película que personalmente me ha decepcionado, pero a la vez recomiendo. Aunque siempre es así. Póngame un ejemplo en toda la historia de la humanidad en el que la película supera el libro y os envío un billete de 500 euros (verdadero) por MRW. Evidentemente el director, casi obligado por el entramado de la trama y por la longitud del escrito, se ha tomado muchas licencias. Ya sean temporales, ya sea convirtiendo en meros comparsas a personajes con mucho peso en la novela, o, como era de esperar, suavizando las atrocidades violentas y sexuales que en el libro se describen. Es obvio, no creo que a ningún guionista se le pase por la cabeza escribir esas partes para llevarlas a la gran pantalla. Por menos de eso, ha habido censuras en según que país y contexto moral. Eso sí, la fotografía fenomenal (Suecia en pleno invierno y sus paisajes), y el reflejo en carne y hueso de Lisbeth Salander inmejorable (su físico y su carácter). Más de medio millón de espectadores en nuestro país en sus primeras semanas. Ahí queda eso.

Lo que sería tema de debate es el por qué de su éxito. Sin ir más lejos, una de las protagonistas, Lisbeth Salander, es el antihéroe en toda regla. Delgada, para nada atractiva, llena de piercings, de tatuajes, sin pechos apenas, con atuendos muy “heavies”, (a nosotros nos mola, no así al gran público), que toca en un grupo de death metal (es sueca, es lo más lógico), y capaz de vengarse con la misma o mayor crueldad que recibe. Y por otro lado, la perversidad mental de muchos de sus personajes. Creo que precisamente eso es lo que atrae y engancha a la gente. Los múltiples misterios que se encierran en la mente humana. Nos gusta el morbo, nos gusta la violencia, nos gusta el sexo y conocer, que no practicar, todas sus variantes, sean violentas e ilícitas o no.  Aquí hay de eso y mucho más. Pone los pelos de punta las estadísticas con las que Larsson introduce cada parte de “Los hombres que no…”. Un ejemplo: “En Suecia, el 46 % de las mujeres ha sufrido violencia por parte de algún hombre”. Al ser humano le gusta lo enfermizo, lo retorcido, y eso expuesto de forma abierta (en libro y en películas) se traduce en éxito. El pobre murió sin ser testigo de que su nombre se conocería en todo el mundo. Pero que no le quepa duda, y ha quedado más que claro, que al ser humano le gusta que le recuerden que sigue siendo un animal, cuyos actos son irracionales a unos niveles infinitos.

Satur Romero
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EL NIÑACO DEL BMW : 13 de Enero de 2009

Oficina del INEM. 9 de la mañana. Mientras espero que el funcionario pasivo, deferente y negativo de turno termine su desayuno, y así poder hacer las gestiones de varios clientes de un puñetera vez, para también hacer lo propio, observo la tristemente y cada vez más famosa larga cola del paro. Una imagen desoladora, para qué nos vamos a engañar, pero la mar de variopinta. Se me acerca un hombre y me pregunta de qué color es el ticket que tiene que coger para solicitar el desempleo. El verde, - le indico - en aquella maquinita de allí. Gracias señor, me responde y me quedo pensando por varios motivos. Uno de ellos es que se ha dirigido a mí tratándome de usted, algo a lo que no me termino de acostumbrar, y otro, que nada más entrar ves dos grandes carteles que te indican qué color de ticket debes coger para según que trámite dentro de esta minúscula oficina de empleo; una de tantas de esta España burrocrática. No sabe leer, pienso. Lo observo más fijamente. Unos cuarenta y tantos largos. Camisa y abrigo raídos de tantos lavados. Pantalones de cualquier mercadillo. Zapatos con suelas que han conocido a más de un zapatero barato. Y entonces es cuando uno imagina su vida. En el paro, sin estudios, con pocas posibilidades, y casi seguro, con dos o tres hijos que también rompen zapatos. Después me fijo en su mirada. Absorta, tímida y humilde. A este hombre no sólo le han quitado su puesto de trabajo, lo que le han robado es su dignidad. Entonces, con los papeles que le ha dado su empresa temblándole en las manos, se me acerca de nuevo y me formula un par de preguntas a las que accedo a ayudarle de muy buenas ganas y además le relleno el formulario de marras porque “no sé escribir ni leer muy bien”, me confiesa.

Casi al mismo tiempo, en la calle se oye un coche con música de lolailos a toda caña aparcando en lo alto de la acera. Evidentemente, dentro de este marco de silencio, y de pocas bromas, todos dirigen su mirada hacia fuera, y observan como un chaval de unos 19 años, con su recién estrenado BMW, le da la última calada a su correspondiente porro matutino, y un largo y salivoso beso a su novia maquillada y vestida como para ir de fiesta (es martes, y repito, son las 9 y media de la mañana), antes de entrar con cara de perdonarte la vida como se te ocurra clavarles los ojos más de un segundo. A él o a su acartonada novia. Entra, y por lo visto conoce a alguien de la cola. A voces, hace públicos sus deseos “de chupar del Gobierno, mientras sube de nuevo la construcción”, porque “la letra del coche, lo que chupa de gasolina y las juergas se llevan lo suyo”. Y es que por lo visto, “la pájara que me he echado, además de chuparme los huevos también chupa de mi bolsillo”. Entonces es cuando a uno le entra el instinto asesino. Es cuando le entra ganas de pegarle con todas las fuerzas y de empujarlo a la calle y aconsejarle, con muy malas ganas, que a su edad aún hay posibilidades, que las busque y las rebusque y que se deje de lucir su lujoso coche chupón, su gruesa cadena de oro y a su novia la chupona. Que el desempleo se acaba, chaval, y es posible que antes de que la construcción suba. Pero entonces una voz interrumpe mis maquiavélicos pensamientos: ¿Te importa si te doy el teléfono de mi vecina (yo no tengo, me lo cortaron) por si usted se entera de alguna empresa de la asesoría en la que trabajas, que necesite a gente?. Claro, le respondo, ¿para que tipo de trabajo?. Para el que sea, me susurra con la voz entrecortada y llena de falsas de esperanzas: Tengo tres hijos que mantener. 

En ese momento, el niñaco del BMW se comienza a impacientar, hace varias preguntas absurdas al aire, y paga su frustración retocándose su cabeza embadurnada de gomina con la pantalla del ordenador exterior de ofertas de empleo por espejo; no sin antes hacerle señales lascivas a su novia la chupa-huevos. Y yo me pregunto: ¿en que se ha convertido este puto país?

  
Satur Romero
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