Últimas entradas

Meses anteriores

De cómo pagué 20 euros por hacerle un corte de mangas a Gloria Cavalera

12 de Junio de 2009

Esta no es una crónica al uso, de hecho, no es una crónica, es una aventura, una hazaña de una tía muy idiota que después de trabajar doce horas diarias todavía se vio con fuerzas para ir al concierto de Soulfly en Santander.

No me gustan mucho esos Soulfly, pero como una es idiota (¿lo he dicho ya?) pensé: "bah, hago unas fotos, me tomo algo con los amigos, salgo de la rutina y escribo una crónica para The Metal Circus, por aportar algo". Y por llegar al colmo del panfilismo, y dado que el promotor es un colega a quien la venta de entradas no le estaba yendo muy bien, me digo:"“ya que no he pedido acreditación, vamos a colaborar con la causa y a pagar los 18 euros de la entrada".

Bueno, pues allí voy con mi invencible cámara en mano hacia el interior de la sala. Humo, mucha gente, muchos empujones… lo de siempre.  En fin. Que me meto en el sarao y me pongo a disparar. Cuatro fotos por aquí, cuatro empujones por allá… Me cambio de sitio a trompicones y llego a uno de los extremos de la sala. En este punto veo que mi hueco privilegiado de fotos ahora es parte del improvisado foso que se han montado ahí, pero como el chico que hace las fotos para la sala estaba dentro y nadie le había dado permiso, allá que me cuelo. Y en estas ando, disparando con gran dificultad, cuando aparece la mismísima Gloria Cavalera, esa mujer manager y ‘esposa de’, -o mejor al revés, primero esposa y después sus logros profesionales-,  a la que tantas veces se señaló en el pasado como culpable de la ruptura de los antiguos Sepultura. O lo que es lo mismo, otra de esas mujeres –pocas, por suerte- que dan la mala fama al resto de féminas que se mueven en los ambientes metaleros.

En fin, que llega la buena señora y me dice algo incomprensible. Muy bien. Se queda allí plantada vigilando al marido y yo sigo a lo mío. En esto ordena que como ya han pasado tres temas, no se pueden hacer fotos. Muy bien otra vez, me guardo la cámara. Y aquí un inciso: manda huevos con estos pseudofamosillos. Sin ir más lejos, el  fin de semana anterior a ste concierto estuve acreditada por el Ministerio de Defensa nada menos haciéndole fotos al Rey a cinco metros de distancia (razones estrictamente profesionales). Y un día antes, sin acreditación ni nada (despistes que tiene una…) los responsables de Comunicación que estaban liados con el Día de las Fuerzas Armadas –todos altos mandos militares, para más detalles- me dejaron colarme a la zona de prensa para hacer más fotos de un simulacro con el Ejército. Y no tuve ni un solo problema ni mala palabra.

Y frente a esto, me encuentro que para hacer cuatro tristes fotos a un triste grupo en una triste sala de 300 personas me ponen más pegas. Es curioso ver cómo se le sube a la gente la ¿fama? a la cabeza.

Bueno, sigo con mi historia. Estoy en ese momento en que yo quiero salir del maldito foso porque esta mujer me ha ladrado y veo que no puedo porque hay unos pogos inhumanos que no me dejan moverme. Ante tal situación, me acerco amablemente a la susodicha para explicarle que en cuanto se calme la cosa, salgo. No articulo ni la primera palabra cuando me brama: NO ME IMPORTA!!!!!!  en plan Gandalf con el "No podrás pasaaaaaar!!!" Y se pira. Y es en este momento cuando me cabreo. Me caliento y me caliento y digo: pues me voy, y que les peten a los Soulfly. Y entonces me doy cuenta de que ENCIMA he pagado la maldita entrada. A partir de aquí todo fue muy rápido pero ampliamente disfrutado. Tenía que darle un sentido a ese dinero gastado tan absurdamente. Así que ni corta ni perezosa me fui al puesto de ‘merchandising’, donde se encontraba este esperpento humano. Allí le dije: "Hey!", a la vez que le hacía gestos con la mano para que se acercase. La tipa vino y entonces le solté: "Entiendes esto?"  Y al mismo tiempo le planté un soberano corte de mangas: Mi dedo corazón, en toda su longitud y esplendor, se alzó majestuoso a tan sólo un par de centímetros de su nariz, dejándola bizca por unos breves pero gloriosos segundos.

Su expresión, un poema. La mía, no sé, pero me estaba partiendo. Sin tiempo para una contestación me di media vuelta y salí de la sala más  ancha que larga. Soy una idiota por haber tirado 20 euros a la basura. Lo debo ser también por regocijarme tanto ante un acto tan infantil como el mío. Pero, de verdad, hacer eso a una persona que te ha tocado los ovarios como ella me los tocó a mí no tiene precio. No es lógico, no es maduro y desde luego que no fue nada educado por mi parte, pero qué bien me sentí bajándole los humos a esta señora. La todopoderosa manager se debió quedar pensando que no lo es tanto cuando una ‘donnadie’ de una ciudad perdida de España puede plantarse ante ella, vacilarle de esa forma y dejarla allí descompuesta. Y por eso me puso en busca y captura.

Y es que cuando ya estaba en la calle salió uno de los organizadores del concierto y me dijo: "Nos ha mandado un email vía Blackberry la Cavalera ordenando que busquemos a una fotógrafa y la echemos. ¿Qué es lo que has hecho, Lola?"  Por supuesto que no llegó a tener la satisfacción de ver cómo me sacaban de la sala, porque yo ya estaba fuera y metiéndome en un taxi  cuando vinieron a contarme esto.

Así las cosas, sospecho que la pobre ha tenido un buen berrinche, pero en fin, son gajes del oficio, señora Cavalera. No se puede ser una tirana, vivir del cuento, presumir de ello y encima pretender que todos te bailen el agua.

Y en cuanto a los 20 euros, pues bueno, los he perdido, pero al menos tengo la satisfacción de que es dinero que gano sin tener que casarme con nadie, y las explicaciones me las doy a mí misma. Y de esta, una de dos, o me ponéis verde por infantil y maleducada o a lo mejor hasta alguien me hace un club de fans por haber mandado a la mierda a aquella que se cargó a Sepultura y que además tuvo a Sergi Ramos esperando tres horas para una entrevista  con Max Cavalera que al final no le dejjó hacer.

Por lo demás, me siento muy bien. Aunque  a partir de ahora creo que voy a tener la entrada vetada a todo lo que huela a Soulfly, Ratos de Porao, Cavalera Conspiracy y demás purrias (desde el cariño) que saca esta familia. No sé si lo superaré... 

Lola Hierro, despechada y vengadora

COMENTARIOS

No hay comentarios
Solo los usuarios registrados pueden comentar

PUBLICIDAD