Detras del músico inaccesible...

18 de Marzo de 2009

...está la vaca que empuja. HA HA HA HA HA HA HA. Venga, basta de coñas.

Todos estamos acostumbrados a escuchar esas historias de músicos bordes, que no sólo difícilmente firmarían un autógrafo a un fan sin antes mirarle con mala cara o escupirle a la ídem, sino que también son huesos duros de roer por aquellos que tenemos que entrevistarlos a veces. Creo que hay una sensación de glorificación del artista para según que cosas que no termina de ser cierta: efectivamente un tipo puede ser un auténtico dios por aquello que ha compuesto, pero eso no quita que luego por su forma de ser sea un gilipollas integral. Afortunadamente creo que estos son los menos, aunque lo mismo he tenido suerte y alguno de mis compañeros viene ahora a decirme que lo que pasa es que tengo la flor en el culo. Todo se andará.

Mi experiencia al menos es bastante positiva, puesto que he tenido la suerte de entrevistar a personas a las que yo personalmente considero jodidos amos del calabozo, seres claramente superiores a nosotros, pobres y patéticos mortales. Eso sí, llegan a pasarse de listos y les mando a tomar por el culo. Por el momento no he necesitado enviar a nadie a que le tabiquen la entrada posterior con pepinos del calibre 33, y que siga así.

 

Pereza

A estos sí que los quiero entrevistar, que me han dicho que son tan canallas que devuelven los DVD sin rebobinar al videoclub.

Los primeros momentos de conocer a estos músicos puede que estés nervioso. Seguramente has visto varios directos suyos, sabes cómo son su voz, sus gestos, sus opiniones incluso después de haberte leído concienzudamente las letras de todos sus discos. Aún así, la sorpresa para bien está ahí. He tenido la oportunidad de tener charlas larguísimas con grandes músicos que se han revelado grandes personas. Sin ir más lejos, Steven Wilson (Porcupine Tree, Blackfield, No Man, Inserte Proyecto Aquí) siempre me pareció un tipo un poco demasiado serio y tal vez estirado e incluso pedante, pero en la conversación que tuve con él hace unos días se me presentó como alguien agradable, abierto e ilusionado de hacer lo que hace.

Lo mismo ocurrió con Ian Mosley de Marillion: lo que parecía una conversación rutinaria se convirtió en una amistosa charla de casi una hora con un tipo que ha visto ya tanto mundo y que está tan de vuelta de todo que la entrevista pasa a convertirse en un intercambio de ideas y opiniones, en una conversación entre dos personas que podrían incluso ser amigos. Y todo eso con un músico mítico de una formación mítica.

Hay que tener en cuenta que cuando entrevistamos a esta gente no somos los únicos: muchas veces un músico en viaje de promoción ha hablado con 20 periodistas a lo largo del resto del día, y seguramente todos le habrán preguntado lo mismo o casi lo mismo. En definitiva, tu presencia significa trabajo para él y probablemente aburrimento. Por eso mismo me siento afortunado de haber sacado una sonrisa o un comentario sorprendente de gente así, y creo que quien después lea la entrevista no sólo disfrutará esa diferencia, sino que además espero que pueda ver lo mismo que yo ví en su momento: cómo alguien que parece lejano e inalcanzable no es más que una persona, como tú o como yo, sólo que hace música que disfruta muchísima gente y que debería sentirse afortunado de estar donde está y de haber llegado a todos a los que ha llegado.

Al César lo que es del César, y que la admiración músical no se convierta en idolatría cercana al fetichismo.

...y mira que yo al Portnoy, Petrucci y compañía les masajearía el ano y todo si los pillara un día...

Jaime Díaz-Otero

COMENTARIOS

No hay comentarios
Solo los usuarios registrados pueden comentar

PUBLICIDAD